El trabajo sucio

Publicado por el Oct20, 2017

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Todo el mundo espera que el presidente Rajoy les haga el trabajo sucio. Lo espera el PSOE que apoya al Gobierno pero sólo un poquito. Lo esperan los magistrados del Tribunal Constitucional que aunque hilan fino en sus sentencias renuncian a usar el poder ejecutivo que les fue concedido. Lo espera Puigdemont forzándole a que aplique el 155 para de un lado recrear la delirante metáfora de la vía kosovar y del otro disimular que el independentismo ni tiene la mayoría de los votos ni siquiera una mayoría política consistente y articulada como quedó claro el 10 de octubre cuando el presidente de la Generalitat no pudo declarar la independencia. También Junqueras espera que el presidente le resuelva la papeleta en su estrategia de presentarse a las próximas elecciones autonómicas como el gran referente del soberanismo pero sin haber roto la porcelana. 
La soledad del Gobierno y de su presidente resuena como la canción en las paredes del silencio. Rajoy no es que no quiera ayudar a los demás, pero en su apabullante soledad a veces piensa el cinismo de los “amigos” y el agit-prop desleal tendrían que poder diferenciarse un poco más. Rivera retocándose el implante en el espejo pone la nota entre patética y cómica de esta gran comedia nacional. ¿Se puede ser más cursi? ¿Se puede ser más presumido? ¿Se le pueden ver más los hilos al falso Superman? A este chico se le ve de fondo la portería. Ese bajos primera del que siempre y siempre inútilmente ha intentado escapar.

El mito del 155 se aclarará cuando vaya paulatinamente aplicándose y será un poco como hacerlo por detrás, que sobre el papel parece muy aparatoso pero que cuando te lo hacen con amor hasta le acaba gustando. Y esa lagrimita que es a medias dolor y a medias emoción por lo que queda inaugurado. Y en el fondo y como siempre, hablaremos mucho, gritaremos bastante, pero de pasar no pasará nada. “Salvo alguna cosa”, pero nada.

Estará solo el presidente, estará solo el Gobierno, será muy difícil explicar que quien ha “intervenido” la Generalitat no ha sido el 155 sino Puigdemont con su proyecto sectario, con su ilegalidad minoritaria, con su totalitarismo populista de pueblo que como el implante de Rivera busca sólo poder mirarse en el espejo. Lo que hoy parece un abismo se volverá cotidiano y la rutina disolverá el escándalo y eso será mérito del presidente Rajoy, de quien continuaremos diciendo que no hace nada pero que nos habrá ayudado a cruzar nuestra hora más complicada sin sufrir más de lo estrictamente necesario. Es el gran valor de este presidente: no va de mago que hace que las cosas pasen o no pasen sino de delicado artesano que procura que lo que tenga que pasar -si es que forzosamente tiene que pasar algo- nos haga el mínimo daño. Y por eso volverá a ganar y por eso los que más se exclamen en las sobremesas de su victoria, y más se hagan los extrañados, serán los que en secreto más le habrán votado.

Vivir tranquilo no tiene épica pero al final cualquiera se cansa de que los días en que no acabamos empatando acaben con recuento de cadáveres. Y no lo olvides nunca: España es un país donde podría mandar Pablo Iglesias o Pedro Sánchez.

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