Cerebro y corazón

Publicado por el Oct18, 2017

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Bacaro

Cocina: 9
Servicio: 9
Sala: 7

https://g.co/kgs/PSPH6t

Bacaro es un restaurante italiano a la vez austero y voluptuoso, humilde y orgulloso de sí mismo y con motivo. Tiene la simpatía y el gusto de Italia, el refinamiento de la alta cocina desarrollado en España, los mejores productos de lo dos países y una conmovedora ternura en el servicio, que no es que te traten como si estuvieras en casa sino mucho mejor.

Bacaro tiene la intensidad de las cocinas populares y la finura que sólo se adquiere con técnica e inteligencia. Si a veces los platos parecen algo caóticos en su enunciado, probarlos es distinguir todos los sabores y la armonía con que se juntan y compiten entre ellos y crean finalmente el conjunto perfecto que pretendía el chef.

El aspecto destartalado del local es engañoso y al cabo de un rato gozas de una total confortabilidad, en parte creada por la simpatía de los camareros pero también porque el local sólo en apariencia está destartalado y cuando lo miras bien todo tiene su sentido, su función, su lugar concreto y su utilidad.

Los pescados azules tienen en Bacaro un extenso e interesantísimo recorrido. Las sardinas y los boquerones. También el carpaccio de gambas es memorable. Las pastas son elegantes, en su punto de cocción exacto, como las verduras, y estamos naturalmente a la espera de que por fin comparezca la trufa blanca. Yo que siempre he pensado que es femenina y absurda la afición a los postres, tengo que reconocer que el tiramisú -tomado en cuchara- y el pastel de pera constituyen una tentación a la que es muy difícil no sucumbir aún siendo un hombre de derechas, católico y romano. Sobresalientes hallazgos los dos, aunque naturalmente destrozan cualquier intento de contención dietética.

Una vez más tenemos que lamentar que los buenos restaurantes de la ciudad se encuentren ubicados en las más infamantes callejuelas -Bacaro está en la calle Jerusalén, detrás de la Boquería- y que para ir sobre todo a cenar haya que ir con el ánimo de quien va a Islamabad. También es verdad que salir a cenar no es que sea de personas demasiado vertebradas.

Pero dejando la lamentable ubicación a un lado, por su delicadeza, por su inteligencia, por su alta calidad y por el bienestar que proporciona, Bacaro merece todas las visitas que uno quiera dedicarle y merece también la confianza de ir probando sin miedo todos los platos, porque su carta es siempre fiable y nunca contiene platos tontos ni horteradas. Amable selección de vinos italianos a un precio también amable. En general -con la trufa esto cambiará, pero es inevitable- los precios son razonables, incluso hasta baratos.

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