Yo soy el que crecí

Publicado por el Sep13, 2017

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Yo soy el que crecí en una familia catalanista y de derechas y el que creyó que Cataluña podía construirse desde el poder, desde las categorías fuertes, desde el elitismo y para las élites, un Estado que pusiera bajo sospecha el fracaso y no el éxito y cuyo espíritu fundacional fuera una superación de la carraca victimista de los derechos para basarse en los deberes, en el sentimiento de destino y en la superioridad de cuando tienes el talento y el empeño. Yo soy el que escribió “Hablar español es de pobres” en respuesta a los que nos acusaban a los catalanes de no tener sentido del humor y de ofendernos por todo.

¿Qué aprendí de aquel artículo? Lo primero fue que los que tanto humor exigen a los demás no suelen derrocharlo cuando la broma va sobre ellos. Lo segundo, no por orden de importancia sino porque lo aprendí más tarde, es que al catalanismo no le interesa ni la élite ni el poder -¿qué otra cosa puede ser un Estado?- ni nada que no sea el victimismo de los derechos y que su relación con los deberes es tan fantasiosa como cuando mi hija me promete que mañana se despertará sin protestar si hoy le permito quedarse despierta hasta más tarde. Yo soy, también, el que dejó de creer en Cataluña como proyecto colectivo cuando vi los harapos mentales con que el grueso del catalanismo prefería envolverse.

El catalanismo podría haber optado por cualquier otro planteamiento pero ha elegido el populismo como modo de canalizarse. El genio que tantos catalanes demuestran individualmente contrasta con su mediocre articulación política, siempre tercermundista. Arnaldo Otegi será el invitado estrella el lunes en la Diada. Puede que España tenga defectos y que su Estado sobredimensionado presente preocupantes síntomas de atrofia y de cansancio. Pero ni descontando su centralismo atávico son su Ley y su convivencia tan perjudiciales para los catalanes como el totalitarismo de corte bolivariano que el “proceso” propone.

Barcelona es una de las ciudades más importantes de Europa y la hemos puesto en manos de Ada Colau. Se supone que queremos ser un Estado independiente porque somos más ricos y hemos cedido las riendas del “proceso” a lo que la CUP es y representa. Convergència ya no es católica ni de derechas ni siquiera Convergència. Where have you gone, Joe DiMaggio? Yo soy el que creyó que una Cataluña independiente podía ser una superación del atraso colectivista y una vez más España resiste para librarnos del caos de nuestra peor barbarie.

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