¡Quiero ir a Madrid!

Publicado por el Aug28, 2017

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Mi hija vive indignada desde el primero de agosto cuando le cerraron su restaurante preferido, Sushi 99, que desde hace algo más de un año tiene ya sede en Barcelona. No entiende -ni yo tampoco- cómo puede ser que un restaurante tan bueno y estiloso caiga en la vulgaridad de las vacaciones y encima un mes entero. “¿No quieren ganar dinero?”, me preguntó el viernes, sobre la una del mediodía, camino del club, donde habíamos planeado almorzar y bañarnos luego en la piscina. Era una conversación que yo creía que iba más o menos en broma pero que ella estaba manteniendo absolutamente en serio: y me dí cuenta cuando así como de paso se me ocurrió comentar que me extrañaba tan insólita dejadez en nuestra ciudad cuando el Sushi de Padre Damián continúa perfectamente abierto y a Maria se le iluminó la mirada y la sonrisa y empezó a saltar por la calle gritando “¡quiero ir a Madrid!” -lo que tal como están las cosas en Barcelona pareció una manifestación más que un júbilo. Y yo que siempre he pensado que lo que importa de la vida está hecho de estos mágicos momentos irrepetibles, y que hay que saber dónde nos llevan, cambié el sentido del paseo para volver a casa, preparar el mínimo equipaje y hacer las reservas. Padre e hija tomamos el tren de las 5.

La emoción de la niña y mis recuerdos de cuando empecé a viajar para cenar. Llegar con el atardecer a una gran ciudad y con alguien a quien quieres de verdad. Sentir pasión por el restaurante donde irás a cenar. Estoy hecho de estas fascinaciones y compartirlo contigo da un sentido definitivo a mi vida. Muchas veces imaginé que haríamos esto juntos y aunque ahora te cueste entender lo que te digo, momentos como el que tuvimos saliendo de Atocha, esa euforia irreprimible, ese ímpetu que apenas pudimos contener, justifican una vida o como mínimo la mía.

Mi ciudad fundacional fue Londres y un taxi bajo la lluvia me llevó por primera vez a Nobu cuando justo había cumplido los 25. Recuerdo aquella cena como el día en que naciste y si Sushi me gustó tanto cuando en 2010 lo descubrí fue porque me recordó a mi Nobu querido, hoy ya en decadencia y claramente superado por tu restaurante favorito, tal como tú me has superado a mí, porque yo a mis 5 años todavía estaba encerrado en los macarrones y el foie y sólo iba a Via Veneto y una vez al año.

Me gustan los restaurantes y me gusta que te gusten. Todo está ahí: la civilización, la cultura, la inteligencia, el genio creador y las sobremesas. Que Sushi te agrade tanto dice mucho de ti, pero también de ellos, porque los grandes restaurantes siempre saben apelar a nuestras ganas de jugar. Me gustan los restaurantes y cómo te comportas cuando salimos a comer o a cenar y tu forma de sentarte y de dirigirte a los camareros. Alguien dirá que te educo como a una pija y probablemente lo diga desde un cámping o un chiringuito, criando a sus hijos en la apología de la cutrez y la rendición intelectual de cuando no te lo enseñaron lo bello desde pequeño y creces pensando que el mundo es una pocilga y entonces ya sólo es cuestión de tiempo hacerse okupa o un tatuaje o un pírcing. Hay que mostrar la belleza y mostrarla desde el principio. Hay que mostrar el lujo y la sensibilidad para comprenderlo, tan opuesta a la ostentación del nuevo rico y a la rabia del viejo resentido (que es exactamente lo mismo).

Hay que tomar trenes con nuestros hijos y surcar atardeceres de ciudades con río. Los grandes restaurantes son escuelas, son catedrales. La alegría es la gran patria de los hombres libres. Más bien avergüénzate de lo deprimente que transmites a tus hijos y nunca de enseñarles a gobernar el fabuloso imperio de la maravilla.

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Si cae Israel, cae la libertad. Todos los sentimientos están resumidos en el Calvario.Más sobre «French 75»

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