Volver a Cataluña

Publicado por el Aug26, 2017

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Los últimos atentados islamistas nos han ayudado a recordar que el autogobierno en Cataluña no es retórico ni está vacío de contenido. Las amplias competencias de los Mossos son un claro ejemplo de ello. También estos asesinatos nos han recordado que unidos funcionamos mejor que recelando los unos de los otros y que compartir la información es mucho más eficaz para garantizar la seguridad de los ciudadanos que ocultarla por desidia o por unas equivocadas y deplorables ganas de hacerse la puñeta.

Cataluña ha dado la talla exprimiendo sus competencias como comunidad autónoma pero se ha precipitado y ha fallado en asuntos elementales cuando ha querido parecer el Estado que no es: y un inquietante orden de prioridades en sus cargos políticos no sólo no ha ayudado en nada a los catalanes sino que ha llegado a allanar el camino de los terroristas. Los Mossos han brillado en su valor pero sus jefes han hecho el ridículo -y un ridículo no exento de graves consecuencias para el conjunto de la ciudadanía- cuando han querido gesticular “nacionalmente” y marginar al resto de cuerpos y fuerzas de seguridad, sin duda más preparados y con más experiencia que ellos para afrontar desafíos de esta naturaleza. Quedó claro en la casa de Alcanar y en la operación jaula en el norte de la Diagonal.

La arrogancia y la temeridad con que la Generalitat ha querido aprovecharse de tan trágico suceso para proyectarse como futuro Estado independiente ha dejado en evidencia todo lo contrario: que a los actuales dirigentes de Cataluña les falta altura moral y política para ocupar los cargos que ocupan y que su homologación como líderes internacionales es una fantasía hasta más improbable que la propia independencia de Cataluña.

La prudente reacción del Gobierno ha permitido que los independentistas parecieran, de cara al mundo, la única autoridad política del lugar y algunos medios internacionales han publicado artículos resaltándolo. También es cierto que a medida que los días pasan algunas pretendidas glorias “nacionales” van quedando reducidas a vergüenzas provincianas y que el presidente Rajoy tiene bien aprendida la lección de los días siguientes a la matanza de Atocha. Cataluña pierde cuando mira con desconfianza al Estado y cuando cree que dejarse ayudar por la Guardia Civil o la Policía Nacional la vuelve menos autónoma o menos catalana: los independentistas tendrían que recordar que la primera condición para la gesta que pretenden, y para cualquier otra, es seguir vivos.

El Estado, por su parte, y en su nombre el Gobierno, acaban siempre extraviándose cuando actúan en Cataluña desde el complejo, como asumiendo la extranjería que los independentistas les desean. Hay una naturalidad que el Estado ha perdido en su interlocución con los catalanes y esta permanente sensación de estar en falso sin duda es un argumento que el separatismo ha aprendido a utilizar en su favor.

A veces tengo la sensación de que el Estado, más que ganar, tiene que volver a Cataluña.

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