El Madrid pone el Barça ante el espejo

Publicado por el Aug14, 2017

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Gracias a Dios volvió el fútbol y con todos sus galones. El primer bello gesto de la nueva temporada lo tuvo Sergio Ramos todavía en el túnel de vestuarios, ejerciendo de capitán de la selección española y saludando y abrazando a sus compañeros del Barça. Cosas así pueden parecer menores pero dan forma a La Civilización y nos confirman que hemos bajado del árbol.

Por primera vez el Madrid jugaba no de blanco en el Camp Nou -un dazzling blue sobrio y elegante que en los planos generales de la televisión se confundía con las camisetas locales- y Zidane puso a Kovacic de canguro de Messi y cuadró una buena disposición táctica, eficaz en la presión, impidiendo el juego al toque del Barça y dando la sensación de comodidad, de estabilidad, de seguridad en lo que hacía. Valverde en mangas de camisa azul cielo veía sentado cómo su equipo no podía imponer su personalidad ni darle al partido el ritmo que quería, aunque poco a poco empezaba a generar esas ocasiones tan de su tipo de juego que luego lamenta, sobre todo contra un equipo tan letal como el Madrid, no haber aprovechado. El marcaje al hombre de Kovacic a Messi creaba un cierto caos defensivo en el medio campo blanco, que el Barça intentaba explotar sin demasiada fortuna. Y si la primera cortesía la puso Sergio, la primera grosería fue de Casemiro, con el tipo de fea entrada a Messi -por la que vio la primera amarilla- que Zidane pretendía evitar con Kovacic para no quedarse con diez.

Con Cristiano en el banquillo, al Madrid le costaba tomar cuerpo en ataque. En defensa sufría por Messi, sin lograr atarlo del todo y en ataque producía poco aunque peligroso, pero el Barça tuvo a un gran Umtiti pudo siempre neutralizarlo. Pese a todo, los de Zidane estaban bien plantados en el campo y controlaban al rival sin dejarle salir como le gusta. Piqué se pasó de listo rematando un córner con la mano y fue convenientemente amonestado. Aleix Vidal era constantemente superado por Marcelo -y por las circunstancias. Los dos equipos estaban mejor desde la presión defensiva que en la claridad de ideas para el ataque. Sólo Messi brillaba de vez en cuando pero con la sombra de Kovacic matizando cualquier intento de esplendor. ¿Qué sería del Barça sin Messi? Estaría bien que se lo preguntaran los que se han dejado “robar” a Neymar. O mejor dicho: lo que encubiertamente lo han vendido al PSG para disimular que tienen el club arruinado.

Isco demostró un notable poder creativo que contrastaba con el bajo tono general del principio de temporada.

La segunda parte empezó con el público del Camp Nou silbando a Cristiano -parecía el Bernabéu- cuando salió a calentar. Y fue Piqué, el Piqué del “se queda”, el Piqué de intentar pasar por el más listo de la clase rematando el córner con la mano y el Piqué, en fin, de las lecciones infinitas de todo y a todos, quien se marcó un gol en propia puerta como metáfora perfecta de todas las veces que, fuera del terreno de juego, no ha tenido claro contra qué portería disparaba. Carvajal pudo marcar el segundo pero Jordi Alba salvó los muebles sobre la raya de gol. El Barça, tocado y a remolque, se precipitaba tomando decisiones poco coherentes con su juego. Entraron Cristiano por Benzemá y Denis por un Deulofeu que aprendió ayer y toda de golpe la dura lección de sus limitaciones. El partido se iba volviendo más blando en defensa y más abierto en ataque, con un Madrid cada vez más cómodo y a gusto con su juego. El Barça perdía su armonía colectiva y no era capaz de hallar ninguna brillantez, salvo la de Umtiti, impecable toda la noche. Algunos ataques alocados, con más fe que luz, pudieron darle su fruto, pero el Madrid se defendía con orden y solidez y la finura tampoco es que fuera la característica de los azulgrana. Sergi Roberto y Asensio sustituyeron a Iniesta y Kovacic. Zidane quería el segundo.

Pero De Burgos Bengoetxea, que había realizado hasta entonces un arbitraje impecable, se tragó un soberbio piscinazo de Suárez a quien Navas ni rozó. Messi empató de penalti pero Cristiano, ganándole la mano claramente a Piqué, que no pudo con él, marcó el segundo por la escuadra. El árbitro acabó de equivocarse cuando castigó con la segunda amarilla al portugués -la primera se la mostró por quitarse la camiseta en la celebración de su gol- y le expulsó. Eso no quita que igualmente Cristiano se equivocara gravemente empujando al colegiado exponiéndose una considerable sanción. Asensio con el 1 a 3 brillante, potente y postrero, sentencio la Supercopa.

El Barça intentó con pasión, ilusión e ímpetu lo que el Madrid resolvió con temple, oficio, inteligencia y con diez. Fue un buen resumen, y créanme que se lo dice uno del Barça, de lo que va a ser la temporada.

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