Uno de los nuestros

Publicado por el Jul15, 2017

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L’Alegria
Remei, 2
931 448 284
08014

Cocina: 9,9
Servicio: 7 (falta finura)
Sala: 6 (necesita mejorar el frío y el ruido)

Hay que ir constantemente al Alegria, de momento sólo a cenar a la espera de que en septiembre abran a mediodía. Han cambiado la carta desde el último artículo.

En Barcelona hay cuatro grandes categorías de restaurantes por encima de todo lo demás: los relativos o pertenecientes a la familia Adrià, los grandes sectarios (japoneses, chinos, etcétera); los fraudes para horteras como los Àbacs, Alquimias y Tragaluces que hacen con la alta gastronomía lo que Hitler con Polonia, dejando al descubierto la ignorancia y catetismo de la fatua pijería barcelonesa; y esta cocina entre el producto extremo y la creatividad confortable, casi imposible de practicar sin parecer un idiota y que tiene una vez más en Barcelona a sus dos mejores intérpretes del mundo: Rafa Peña (Gresca), plenamente consolidado; y el joven Giacomo Hassan -que es de Milán y no de su apellido- de este Alegria desbordante de excelencia, de gracia y de expectativa.

La escalivada con tomates y piñones, el pil-pil de bacalao con almendras y calabacín, el calamar con pepino y salsa verde, la “gallett” -entre una crep y un plum cake, hecho con trigo sarraceno- con recuit, piñones y berenjena, el ceviche de corvina, la lengua de ternera con pistachos y una vinagreta de setas, o el falso bizcocho de manzana verde y limón son algunos de los platos de esta carta nueva, de autoría maestra y de una finura sin precedentes si no vienes de El Bulli o eres Rafa Peña -una finura que la cocina francesa no pudo ni soñar.

Sobre la cocina de Giacomo no hay nada que pueda decirse si no es entre signos de admiración pero si en el artículo anterior me quejé de su lamentable barrio de Las Corts, que no reconoce su talento colapsándolo día y noche y en todos los turnos imaginables; hoy tengo que reprocharle a su empresario que no se tome en serio al magnífico cocinero que tiene: y a pesar de que hay que alabarle la valentía y el acierto de su apuesta no puede ser que Giacomo no disponga de un local con el nivel de ruido controlado -hoy es muy fácil que el bullicio destroce cualquier posibilidad de civilizada conversación- y con una refrigeración que genere el frío que la alta cocina necesita para ser celebrada y entendida.

No tengo duda de que los que trabajan con Giacomo saben que es muy bueno pero me parece que todavía no se han dado cuenta de que es un genio, que se pueden contar con los dedos de las manos los cocineros de su talento que hay en el mundo entero y que por lo tanto su única misión es protegerle por todos los medios: y eso pasa por las condiciones del local y también por las de un servicio que tiene que ser tan preciso como la cocina a la que está honrando.

Estamos ante el nacimiento de algo extraordinario y todos tenemos que ponernos a su servicio porque la Humanidad somos el rodeo que da Dios para llegar a sus genios: para que en su angustia y soledad les agradezcamos la luz y les ayudemos a esparcir la tiniebla.

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Si cae Israel, cae la libertad. Todos los sentimientos están resumidos en el Calvario.Más sobre «French 75»

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