Muere Kashogui

Publicado por el Jun7, 2017

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Cené algunas noches en Toni Dalli, en la época dorada de Marbella. Era un curioso restaurante italiano que recuerdo con gran fascinación, no sé si porque era un niño y todo me fascinaba o porque era realmente era tan bueno como lo recuerdo. Antes de los postres salía Toni a saludar y todos le aplaudíamos y felicitábamos. Él entonces cantaba una canción. Años atrás había tenido éxito como vocalista y había aparecido en distintos programas de televisión de Inglaterra y los Estados Unidos. También coleccionaba coches de lujo y como cualquier italiano era presumido, atractivo, divertidísimo y estaba muy orgulloso de sí mismo. Una canción no nos bastaba y le pedíamos siempre otra. Yo le suplicaba “Santa Lucía”, una hermosa napolitana con esfuerzo vocal al final que Toni exageraba y exageraba para el delirio de los comensales entregados.

Qué bellos aquellos veranos, qué expansivos, qué importante me parecía todo, qué excitación ir ingresando poco a poco en el mundo de los adultos. Una de las noche en Toni Dalli mi abuela me presentó a Kashogui, héroe del Irán-Contra, y no sé por qué motivo le caí bien y me invitó a sentarme en su mesa, a su lado. Me presentó a los que le acompañaban y luego, en voz baja para que sólo yo pudiera oírle, me dijo: “Son todos unos hijos de puta. Quizá seamos todos unos hijos de puta. Pero siempre que puedas ten buena relación con los Estados Unidos”.

Vivía entre infinitos y parecía que la abundancia nunca habría de terminarse. La dulce sensación de que mi abuela podía con todo y que algún día todo aquello sería mío. Con los años, las cosas han ido como han ido. Pero lo más deprimente, y lo más decepcionante, es que en cierto modo -sólo en cierto modo pero suficiente para el desencanto- he dejado de ser un niño y no todo me parece ya tan grande ni tan fascinante ni tan interminable. Sólo es infinita la angustia y el temor de que pudiera ocurrirles algo a mi esposa o a mi hija. 

Ayer encontré “Santa Lucía” en el iTunes Store y la compré enseguida. Recuerdo perfectamente a Toni cantándola, y el restaurante viniéndose abajo entre bravos y aplausos. Llegué a creer que vivir sería siempre así y naturalmente me equivocaba.

Pero agradezco haber tenido aquellas noches y aquellas fascinaciones y los infinitos que me rodeaban. A Kashogui le vi bastantes noches más y siempre me decía cosas que me hacían pensar. Como por ejemplo que vender armas era mucho mejor que tener que comprarlas. Dejé de ir a Marbella cuando mis padres y mi abuela empezaron a pelearse demasiado y a mí me tocó el bando equivocado. 

Toni Dalli me parece una ensoñación y ya no tenemos el apartamento de Puente Romano. Por lo demás, Kashogui siempre me pareció mucho más inteligente, brillante y sensato que cualquier discurso de sus detractores y efectivamente son siempre mejores las imperfecciones de los que construyen el mundo que la pretendida pureza de los que dicen que vienen a salvarnos y nos acaban haciendo saltar por los aires en mil pedazos.

Escribí este artículo en 2014 y lo revisito esta noche al conocer la muerte de Kashogui. Me ha entristecido saberlo. Otro esplendor de mi vida que se apaga. Le traté menos de lo que hubiera querido pero aprendí mucho más de él que de tantos pesados a los que nunca he podido dejar de ver. Fue un tipo muy particular con una inteligencia muy superior a la de los demás y como siempre sucede en estos casos el mundo sin él habría sido mucho menos emocionante y en cambio si no hubiera existido la turba que le odiaba no habríamos notado absoluatamente nada. En paz descanse.

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