Messi supedita su continuidad a que el Barça asuma su condena

Publicado por el may4, 2017

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Messi se siente despreciado por la actual directiva de su club y entiende que tanto Bartomeu como Rosell le han dado un trato preferencial a Neymar, por considerarlo “su” fichaje, “su” estrella; y que a él le despachan como a un segundón cuando es el mejor jugador de fútbol del mundo.

La cifra de su renovación está cerrada: ronda los 50 millones de euros anuales libres de impuestos y un contrato de entre 3 y 5 años. La duración exacta está por determinar, pero no sería un obstáculo determinante.

Lo que separa a Messi de su continuidad no es una cuestión económica sino judicial; y de hecho tampoco es exactamente judicial sino que tiene que ver con que no se siente ni respetado ni querido. Todos estos sentimientos se han concretado en el muy distinto modo que ha tenido el club de afrontar y resolver su juicio y el de Neymar.

Si en el caso de Neymar el club batalló con la Justicia un pacto que librara tanto al jugador y a su familia como a Bartomeu y Rosell de cualquier multa y condena, cargándoselo todo al club cuando la responsabilidad había sido claramente individual y con propósitos y beneficios personales y no institucionales; en el caso de Messi la directiva ha dejado que todo el peso de la culpa recaiga en el jugador y en su padre.

El argentino se ha sentido humillado desde la llegada de Sandro Rosell a la presidencia, que no hizo más que especular con venderle y tratarle como a un pesetero ante la opinión pública, cuando fue él quien se enredó en toda clase de chanchullos financieros para trapichear con el fichaje de Neymar y que fueron la causa de su caída: Rosell tuvo que dejar la presidencia del Barcelona por estar en el punto de mira de la Justicia, y para procurarse un perfil más bajo que le permitiera administrar su delicadísima situación sin tanta presión, buscando pactos como el que finalmente encontró en la primera parte del juicio del caso Neymar, la relacionada con la evasión fiscal. Bartomeu se quedó de presidente para cubrir a su amigo con el patrimonio del club y tiene pensado dejar la presidencia cuando consiga resolver la segunda parte del juicio por el caso Neymar, que afecta a la reclamción de la empresa DYS, propietaria de parte de los derechos del jugador, y que acusa a Rosell de haber “arreglado” con el fallecido expresidente del Santos el fichaje de Neymar sin su consentimiento legal. El delito es flagrante y el fiscal pide notables penas de cárcel, pero lo más probable es que Bartomeu ponga todo su empeño en pactar un precio con los demandantes que una vez más correrá al cargo del club.

Esta diligencia es la que Messi reclama para su caso. Es cierto que el Barça ha asumido la parte económica de la condena, empezándole a devolver al jugador los 53 millones que le pagó a Hacienda bajo el creativo concepto de “prima de fichaje”, pero el jugador, que puede entender la condena de su padre, en tanto que la evasión fiscal existió, ve “política” su condena en tanto que todo el mundo sabe que él no se ocupa de sus finanzas, y no sólo le exige a Bartomeu que recurra la sentencia para que el club asuma la responsabilidad penal, sino que supedita su renovación a que lo consiga, o que haga todo por conseguirlo. El argumento del argentino es que si el club ha podido salvar a sus dos presidentes, y a Neymar y a su familia, también ha de poderlo salvar a él. Es un argumento que tiene que ver con los antecedentes penales que quedarían en el historial del jugador y que le mandarían directamente a la cárcel ante cualquier otra condena por mínima que fuera, pero que sobre todo depende de la autoestima de quien no alcanza a entender cómo puede ser que con todo lo que ha hecho por el Barça, se le trate de un modo tan insultante. Por mucho que el club lo desmienta y lo niegue, así están las cosas entre el astro y la entidad, y tal degeneración se debe mucho más a la torpeza y la mala fe de la junta directiva que a las ambiciones monetarias del jugador.

El origen de semejante despropósito está en la patológica obsesión de Rosell por criminalizar a su antecesor, Joan Laporta – “dile a tu amigo que no voy a parar hasta meterle en la cárcel”, me gritó una noche en un restaurante- y por demostrar que podía construir un proyecto superior al que Guardiola y Messi encarnaron. Como siempre que se vive contra alguien, Rosell ha acabado incluso peor de lo que le desaba a Laporta.

También es cierto que tratar con Messi no es fácil. Lo ilustra lo que el Tata Martino llegó a decirle tras un entrenamiemto durante la temporada en que entrenó al Barça: “Ya sé que usted puede fulminarme con sólo levantar el teléfono, pero no hace falta que me lo demuestre cada día”.

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