Calidad Valenti

Publicado por el May4, 2017

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Cocina: 9
Servicio: 7
Sala: 8

El mejor elogio que se le puede dedicar a Marea Alta es que no parece un restaurante con vistas. Se come tan bien, la calidad de cada uno de sus productos es tan distinguible, y sus elaboraciones tan logradas, que en absoluto parece que esté situado en lo alto de una torre con vistas al mar, porque todo el mundo sabe que en este tipo de restaurantes se suele comer poderosamente mal y a unos precios de atraco. Pocas cosas hay tan humillantes como que te lleven a cenar a un restaurante con vistas. Es uno de los escasísimos casos en que el feminismo está justificado: una chica que sufra este insulto, con razón puede acudir a in juzgado.

Sólo Marea Alta desmiente tan honda certidumbre con su cultura y su finura, con su memorable escabeche de mejillones, con sus anchoas extraordinarias, con su estratosférico guiso de guisantes que en Francia merecería por sí solo la segunda estrella, y por supuesto con su soberbia colección de pescados a la brasa, entre los que destaca el rodaballo como gran clásico pero también el rape, tal vez más inesperado pero de igual o incluso superior acierto y gracia.

Enrique Valenti, alma de la casa, demuestra una vez más que es un magnífico creador de conceptos de restaurante. Creó Casa Paloma y Chez Cocó, que se volvieron vulgares cuando le forzaron a abandonarlos, pero que mientras él los lideró fueron indiscutidos referentes en su género y condición; y ahora con Marea Alta ha elevado todavía más el listón con una estilización de lo que nos ofrece el mar que, sin querer sumergirse en las profundidades de Ángel León y de su doctrinal Aponiente, mejora y mucho el punto de cocción de los pescados que habitualmente se encuentran en la ciudad, refina los acompañamientos y hasta en los postres consigue alcanzar un nivel de excepcionalidad que combina con admirable talento lo sencillo y lo audaz y lo que parece previsible acaba sorprendiendo por su alegría e intensidad.

Marea Alta lo tenía todo para convertirse en un restaurante para turistas y cincuentones maridos infieles con el afán de sorprender a jóvenes secretarias. Pero por el empeño de Valenti luce con dignidad y calidad, con una decoración que basa su elegancia en la simplicidad sin perderse en horteras moderneces -horteras e innecesarias- y que huye con talento y con humor del tópico que le persigue. El servicio es bueno, aunque tiene que mejorar el ritmo entre plato y plato, que especialmente en un restaurante donde las cantidades no son lo importante, no puede en modo alguno eternizarse. Grandes champanes -Dom Pérignon y Cristal- a precios francamente amables.

En la planta inferior (23) es agradable tomar una copa antes o después de cenar, aunque no hace falta ir al restaurante para disfrutar del encanto de este bar. En los bajos del mismo edificio hay un parquing que por cierto tiene el sistema de pago más incomprensible de la ciudad.

Marea Alta
Avenida Atarazanas, 6
Planta 24
08001 Barcelona

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