Frankfurt Pedralbes

Publicado por el abr26, 2017

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Cocina: 9,75
Servicio: 7, pero bastante brutos.
Sala: s/n

Frankfurt Pedralbes
Jordi Girona, 2-4
08034 Barcelona

El Frankfurt de Casa Vallés, más conocido como Frankfurt Pedralbes por su ubicación, delante de los Cuarteles del Bruch, es sin ningún tipo de duda una de las más altas cocinas del mundo. Al estar los bocadillos considerados un género menor, los locales donde suelen servirse cuidan poco el detalle y el servicio, aunque eficaz, no propicia el confort espiritual de Via Veneto o de L’Ambroisie cuando oficiaba el mejor maitre de todos los tiempos que fue Pierre Le Moullac.

Pero tales circunstancias no nos pueden distraer de lo fundamental, que es la calidad y el sentido del gusto de los frankfurts y el lomo del Frankfurt Pedralbes, manjares por los que merece la pena vivir.

Las carnes son todas ellas extraordinarias, con el sabor perfecto y la textura exacta. No creo que sean saludables, pero nada de lo que nos gusta lo es, y puestos a morir que sea por el honor de haber comido uno de estos frankfurts. El pan es el que tiene que ser: suave, acolchadito como la derecha, con suficiente miga para absorber las distintas salsas pero sin llegar a resultar chicletoso o empalagoso; a la vez que suficientemente firme para aguantar y acompañar las imponentes piezas que meteremos en su interior.

Otro indiscutible e inalcanzado acierto de la casa son sus salsas, que hay que administrarse con abundancia, sin miedo de nada, como si no hubiera mañana. La mucha (Viandox), una delirante salsa de carne, sirve para acompañar el lomo. Carne y aderezo se unen en un solo sabor de imposible superación que motiva obsesivos regresos al bar, además de la pulsión irrealizable de pedir varios centenares aquella misma noche.

Y si la mucha produce este enloquecedor efecto, el ketchup picante, receta exclusiva de la casa, rebosa los límites de cualquier competición y tanto al cliente nuevo como al que repite le infiere una euforia difícil de rebajar sin algunos gintónics.

Hay dos instrucciones, dos, para crear el frankfurt perfecto. La primera es pedir que una vez calentado el pan te lo den sin nada dentro y tú procedas a salsearlo descabelladamente: todo el ketchup picante (el convencional no merece la pena) que el pan pueda absorber, tomándote el tiempo que necesites mientras se fríe la salchicha, o mejor dicho, las salchichas, porque cuando ya el pan esté auténticamente encharcado de las dos salsas (60% de ketchup picante y 40% de mostaza) hay que introducirle no uno sino dos frankfurts, subrayarlos con un poco más de ambas salsas en las proporciones ya mencionadas, y proceder sin más preámbulo al mordisco brutal, ansioso y despiadado, porque para comer esta maravilla de la creación humana en condiciones hay que sacar la bestia que llevamos dentro y olvidarse de las riendas. No hay que pedir patatas sino más lomos y más frankfurts, como un abordaje: en casas tan excepcionales no hay que dejar que nada nos distraiga de lo fundamental.

La gente suele beber cerveza pero yo pido Fanta de naranja, en recuerdo de mis días infantiles en que te conocí y ya supe, Frankfurt Pedralbes, que para siempre ibas a acompañarme.

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