Los mediocres empecinados

Publicado por el Apr1, 2017

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Veo que vienen a por mí mucho antes de que ellos mismos sepan que ya han empezado a odiarme. No la turba, o el pobre tonto de Pedro Sánchez, o una conspiración de todos en contra como creen los locos, sino personas que forman parte de mi entorno cotidiano, vecinos, vecinas, secretarios, empleadas, cargos intermedios que pese a su insignificancia a escala talentosa, pueden llegar a resultar un incordio.

Les veo. Les conozco. A los mediocres les fascino. Y tarde o temprano todos quieren medirse conmigo y hacen sus cosas para perjudicarme. Siempre tienen una excusa, un pretexto como las chachas. Un “Es que” y todo lo demás. Son todos muy parecidos, como los montones de cualquier cosa. Si son hombres es más fácil porque son menos constantes, porque los hombres no odiamos tanto y porque a cambio de un poco de ternura y de felicidad nos rendimos ante la evidencia de que estamos haciendo el idiota. Los hombres somos más simples y más fáciles, más previsibles, de piezas que encajan mejor en el mecano elemental que nos estructura.

Si te toca el incordio de una mujer mediocre tendrás que torear algunas tardes. No será tan simple ni tan fácil ni te servirá de nada el señuelo de la felicidad porque la mediocre empecinada se alimenta del rencor anticipado de saber que acabará como una puta vieja hablando con sus gatos.

La mediocre empecinada no tiene otra cosa que hacer que ser tu molestia, es laboriosa y constante, con esa mala leche femenina más eficaz que la nuestra y que no sabemos prever, porque incluso en nuestros días malos no perdemos ninguna oportunidad, por ínfima que sea, de tratar de evadirnos de lo que nos abruma para concentrarnos en un instante de felicidad: somos los que vivimos fácil, pensando en la hora de cenar. Si una mediocre se empeña en incordiarte, prepárate porque en algún momento te vas a desesperar. Vencerás, porque la Historia siempre barre, pero tal vez sientas que las cosas empeoran antes de mejorar.

Es importante no equivocar la estrategia. No has de batirte en el cuerpo a cuerpo porque saben lo que hacer para que el histérico parezcas tú. Busca la elevación y la hallarás. Un quiebro que no dependa directamente de ti y puesto que es intermedia que la aplasten por arriba. Somos los de vivir fácil y los de la jerarquía.

Hombre o mujer no entiendo cómo puede gustarte vivir así. Me pregunto qué grado de desesperación te ha traído hasta aquí. Qué horas de oscura soledad, cuántas noches sin cenar, la que no té més fills que els fills del seu germà, como La Tieta de Serrat. ¿Por qué estás tan triste? ¿No entiendes que la angustia de la que huyes seguirá ahí cuando acabes de odiarme? Si a la mediocridad le unes el odio te espera la catástrofe, aunque también es cierto que jamás he conocido ni a un mediocre que no odie ni alguien empecinado en odiar que no tenga una alma mediocre.

Los que nacimos con talento podemos ser extraños pero es inútil que os esforcéis en odiarnos. Es inútil y quedáis mal. Creéis que nadie ve lo que hacéis pero os vemos todos y cuando hablamos de lo vuestro a veces nos puede el desprecio y otras la compasión. Depende del día y de los gintónics. Lo que no cambia es lo que os conocemos, lo acostumbrados que estamos a vuestras molestias y el estilo, perfeccionado con el tiempo, con que hemos aprendido a hacer que os recuerden quién manda y qué poco y poco importante es lo que la vida espera de vosotros.

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