Fuerte

Publicado por el Jan19, 2017

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No tomamos conciencia de ser fuertes por una información que llevemos dentro sino cuando los débiles nos vienen a culpar de todo lo que les sale mal y a proyectar en nosotros su inseguridad y su cobardía.

Nunca pensé que fuera fuerte. Me di cuenta cuando miré a mi alrededor y vi lo que me pasaba. Me doy cuenta cuando veo cómo gimen a mi alrededor tantas Castafiores que no se atreven ni a odiarme y se arrastran a mi alrededor como babosas amaneradas diciendo cosas y sobre todo cositas. No estaba en mi mente ser fuerte, ni el sentido de misoón, ni me había preocupado por saber qué significaba, pero cuando vi la mala suerte que tenía con los enemigos que me habían tocado, lo pobrecillos y estúpidos que eran y lo poco que podía aprender de sus ataques de muñeca hinchable, me di cuenta de que soy fuerte, y hasta muy fuerte, y de que ser fuerte acaba comportando vivir rendido a la dictadura de los débiles. Los débiles que son los que acaban imponiendo siempre su ley porque ser fuerte, y eso sí que lo he entendido observándome a mí mismo, ser verdaderamente fuerte es ser verdaderamente generoso y compasivo. No hay fortaleza cruel. Si es cruel no es fortaleza, es sólo cobardía disfrazada de agresividad, como la porquería de enemigos que me han tocado, casi todos o todos invertebrados, sin una altura moral que yo pueda envidiar o una inteligencia que a la vez que me destruyera fuera una lección para crecer, aunque fuera póstuma.

Toda la suerte que he tenido con mis amigos me ha sido esquiva con mis enemigos, sólo me han tocado señoritas histéricas y aficionadas, que ni siquiera a molestia han llegado. A veces sí, pero las menos.

Ser fuerte no es ningún privilegio. Es un don y hay que aprovecharlo como Dios quiere que aproveches los dones, que es lo contrario de disfrutar de tu casa en Méribel. Cuando eres fuerte, como los reyes con su vida, no rindes cuentas de lo que haces a los demás, sino a ti en lo más hondo de tu conciencia y a Dios.

Que eres fuerte, nunca lo sabes de entrada. Te das cuenta al cabo del tiempo, y también de que no puedes utilizar tu fuerza como un nuevo rico caprichoso usa a su chófer, sino como el terminal de Dios que somos, y este sentimiento es tan poderoso como la fuerza, si no es que resulta ser la esencia misma de la fuerza. Todos somos terminales de Dios pero los que hemos sido agraciados con un don o con varios de ellos, tenemos que vivir más pegados que nadie a este rigor, tal como la reina de Inglaterra vive mucho más sujeta a las normas y las exigencias de su cargo -durísimas exigencias- que una esteticién o un fontanero.

No me gustaría ser débil ni mucho menos “de los débiles”. Pero mandaría más y lo mío estaría mucho mejor visto. No me gustaría vivir a otra distancia de Dios pero a veces no me pasa el agotamiento ni durmiendo.

Me gustaría tener enemigos mejores, aunque pudieran hacerme más daño, pero soy fuerte y los que me odian acostumbran a tener todos los motivos equivocados y además a la hora de la verdad no se atreven a odiarme y sólo hacen juegos de palabras de invertido cincuentón que todavía no se lo ha contado a sus padres.

Y luego me he dado cuenta de algo terrible, y es que cuando detecto a alguien por fin inteligente y culto y refinado que podría ser mi enemigo, uso todos mis recursos para seducirle e incorporarle. A veces lo hago sin pensar, como un acto reflejo o hasta un tic, y directamente lo compro y luego lo veo sentado allí en mi mesa y me pregunto “y éste qué coño hace ahí”, y me cuesta algunos minutos recordar que mi instinto actuó de oficio y en aquel momento lo más rápido y por lo tanto lo más barato fue comprarlo.

Ser fuerte es la cara norte de la vida. Algunos creen que es lo fácil pero sólo porque son débiles, y tontos, y no comprenden los abismos. He tenido que gastar mucho más, he podido aprovecharme muy poco de mis enemigos y de la fuerza que no han tenido, y he tenido que ser compasivo con las babosas pese al asco que me dan y a las ganas de aplastarlas.

También he tenido que dejar que los débiles mandaran, Dios te pone a prueba cuando te hace fuerte, cuando te da un talento, cuando te deja ver el secreto del dolor del mundo y en lugar de permitirte arreglarlo, te pide que cargues con él y que de entre todas las calles, todas las calles que tú pises se llamen Monte Calvario.

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Si cae Israel, cae la libertad. Todos los sentimientos están resumidos en el Calvario.Más sobre «French 75»

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