Para que lo viéramos todos y quedara claro

Publicado por el oct22, 2016

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Marina Rossell me dijo que había escuchado el último disco de Jaume Sisa, Malalts del Cel, y que le había parecido una genialidad. Me explicó también que a lo largo de sus 19 canciones la muerte estaba muy presente.

Concuerdo con Marina con su primera impresión, la de la genialidad. Malalts del Cel probablemente sea el disco más redondo de Jaume Sisa, el que más hermosas canciones contiene, y el que de un mundo más preciso, precioso y original logra transmitir lo que pretende.

Un disco adulto, sin duda, y hasta maduro. El disco de madurez de un artista que fue joven en 1968. Evidentemente, Malalts del Cel contiene la narración de algunas decepciones, y además contadas por alguien que como Sisa no está al principio de su vida (tampoco al final, pues sólo tiene 68 años), y que está más pesimista de lo que le tendría que estarlo -por lo que ha sido su trayectoria y es su vida- por su manía de ser aprensivo. Bueno, yo confío que esto se le quitará a la que pase un poco más de tiempo conmigo.

Pero aunque la muerte está presente, como corresponde a la obra de cualquier artista que no sea subnormal pasados los cuarenta años, Malalts del Cel es un disco sobre la vida, sobre las inmensas ganas de vivir que todavía tiene Sisa, aunque en su equipaje haya frustraciones, amigos que ya no están y sueños que no pudieron ser.

Desde hace algún tiempo, gracias a mi querido amigo Ignasi Barba, he tenido la suerte de poder conocer a Sisa y comer y conversar con él en longitudinales sobremesas. Inmerecido gran premio que me ha servido para comprobar que sobrevive en el artista el niño fundamental que cualquier genio es. Y este niño Sisa comparece en Malalts del Cel del modo más juguetón y brillante para aferrarse a la vida, para que casi todas las canciones, incluso las que cuentan cosas tristes, sean una bella invitación a vivir. Desde la textura de la voz -más aterciopelada y rica en matices que nunca- hasta la delicadísima orquestación, pasando por letras que de todo se apiadan, hasta de la tristeza, Malalts del Cel es el trabajo de una persona que todavía lo quiere todo, lo espera todo, y como Cernuda, “acepta como si iguales lo esperado y lo vivido”.

Precisamente gracias a este niño enamorado de la vida, este disco es grandioso y no el lacrimógeno testamento de un vencido que tanto gusta a la izquierda; precisamente a través de este niño alegre y libre, Sisa ha aprendido a incorporar a su patrimonio artístico y vital todos los momentos de su vida, sin resentimiento y con toda la profundidad, sabida la lección de que no podemos escapar de la realidad y es mucho mejor tratar de comprenderla.

El amor por la vida que Malalts del Cel desprende no es sólo juguetón sino que tiene una elevada y muy fina dosis de inteligencia. Ni Sisa es un derrotado, ni es un cínico que se haya rendido, sino un observador lúcido de la vida que puede distinguir perfectamente lo que había de bello y de absurdo en sus sueños de 1968. Otros cantautores, como por ejemplo Lluís Llach, han llevado mucho peor este proceso, en tanto que nunca ha reconocido ningún error ni contradicción y sigue predicando sus majaderías colectivistas, flirteando intolerablemente con la CUP, mientras vive como un príncipe gracias a las bondades del capitalismo.

Malalts del Cel es un tratado de vida sensible e inteligente, una profunda reflexión sobre el sentido de vivir a la que se accede a través del humor y de una bondad no exenta de mala leche, pero bondadosa a fin de cuentas. La muerte está, pero le ha tocado columna y no nos puede ver.

No es demasiado frecuente que un artista tenga la valentía de explicar la relación con sus sueños, con sus utopías de juventud; y es todavía menos usual que llegue a hacerlo sin lloriqueos ni resentimiento, y aceptando sin quejarse la parte de ingenuo que tuvo. La elegante madurez de Sisa contrasta con la vulgaridad general de una generación que a veces tengo la sensación de que no sólo se equivocó en todo sino que no ha aprendido nada.

Malalts del Cel es el disco de alguien que tenía mucho que decir y ha logrado decirlo muy bien, una maravillosa declaración de amor a la vida y de lo mucho que nos queda por vivir y explicar. Para esto se hicieron los años y las cosas que nos pasan: para que Sisa pudiera escribirlas y cantarlas.

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