Los comentarios de Trump

Publicado por el Oct9, 2016

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Este gran escándalo por unas frases de Donald Trump sobre cómo algunas mujeres se sienten atraídas por los hombres célebres, por el poder.

Desde el principio de los tiempos, los hombres han usado su dinero, su fama y su poder como armas de seducción, y también desde el principio de los tiempos muchas mujeres han sucumbido a tales encantos mucho más que a otros más obvios como la belleza física. Los comentarios de Trump pudieron ser descarnados, pero no por ello menos descriptivos de lo que en tantísimas ocasiones ha sucedido, sucede y sucederá. Puestos a indignarse -que no entiendo por qué, pues la fama y el poder son muy sexys, y me parece súper romántico enamorarse de ellos- sería más honesto hacerlo con las mujeres que se comportan de esta manera, pero está claro que si no hay un empresario o un político de derechas al que linchar, la turba de la corrección política ni se molesta en pensar.

Esta escandalera no hubiera existido si una mujer hubiera hablado en los mismos términos de un hombre, y que en cualquier caso no implican ninguna maldad, ni ninguna incompatibilidad moral con la presidencia de los Estados Unidos, como bien entendieron presidentes tan demócratas y apreciados por la corrección política como Kennedy y Clinton, que gracias a su celebridad y a su poder, hicieron con algunas mujeres cosas bastante más “inapropiadas” -por decirlo en las míticas palabras del amante de Mónica- de las que el candidato Trump sugiere en sus comentarios tan y tan y tan criticados.

Pero de entre todas las indignaciones, la más cínica es la de doña Hillary, que a propósito de las grabaciones de su rival ha dicho en Twitter: “es horrible. No podemos permitir a este hombre ser presidente”.

¿No es Hillary la demostración de hasta qué punto tiene razón el señor Trump con sus comentarios? ¿No aceptó la señora Clinton toda clase de humillaciones mundiales por alcanzar algún día el poder por el que estos días está luchando? A cambio de poder y de notoriedad, y de la fama y el dinero de su marido, doña señora se ha dejado hacer cosas mucho más degradantes de lo que su marido le hizo a la señorita Lewinsky en el Despacho Oval, el lugar -¿o no?- más célebre y poderoso que jamás se haya conocido.

Feministas del mundo, ¿dónde estáis? ¿Qué feminista con su dignidad ultrasensible permanecería al lado de un marido que moja el puro en una becaria desde el poder de su oficina? ¿Qué feminista desde su superioridad moral no llamaría indigna y hasta fulana a la esposa de un empresario o de un político de derechas que no se divorciara de su marido manifiestamente mentiroso e infiel, con propaganda planetaria incluida de sus gestas, para continuar arrimada al calor de su poder?

Para vosotras, feministas mías todas, ¿qué es más denigrante para la dignidad de una mujer: comentar lo que Hillary hace -que en el fondo es lo que hizo Trump en su famosa conversación- o hacerlo directamente?

Los comentarios de Trump son poco cariñosos con el tipo de mujer que Hillary es y representa, y el feminismo y la corrección política hacen una vez más el ridículo escandalizándose con la hojalata, con la anécdota, con lo irrisorio, mientras el lo sustancial, lo categórico, lo verdadero se les escapa lejos, muy lejos de su entendimiento.

Y eso te lo digo yo, que votaría a Hillary porque me parece mucho más de derechas que Trump, mucho más elitista y mucho más chic. És així com m’agrada a mi, i no en sabria dir res més. Además yo siempre he estado a favor del poder, de la fama, y del dinero; y de las esposas como Dios manda que, por infieles que sean sus maridos, mantienen a la familia unida para siempre.

A veces me pregunto cómo sería vivir sin ser tan inteligente. Al cabo de un rato, por suerte, despierto.

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