La próxima revolución

Publicado por el oct5, 2016

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Mi mujer y yo nos hemos unido contra la chacha. Nos hemos alzado en armas -que en nuestro caso han sido la mopa y la fregona, el Fairy y el plumero- y con el vigor del pueblo soberano nos hemos conjurado contra el chantaje de las bajas sistemáticas y fraudulentas con la colaboración necesaria del médico de la Seguridad Social, de nuestra doméstica sudamericana que, como todas ellas, tiene un abogado que se dedica a enriquecerse explotando cínicamente nuestro sistema de protección al trabajador, en la no menos cínica y no menos grave confianza de que el grueso de los jueces españoles son sindicalistas y que cualquier despido lo hallan improcedente.

Mi esposa y yo nos hemos unido compartiendo las tareas de la casa, y hacerlas pensando que nos rebelamos contra la dictadura del socialismo, nos da una alegría que ha transferido un nuevo y siempre bienvenido impulso a nuestro matrimonio. Ayer reclutamos a la niña, que se encarga de mantener ordenada la mesa del salón y su montaña de “ninos”. Está feliz con su responsabilidad.

Siempre he vivido muy avanzado a mi tiempo, y no sólo porque soy increíblemente más inteligente que la mayoría de vosotros, sino porque tengo una conciencia del miedo y del horror que acecha mucho más nítida y trágica de la que vosotros podréis jamás tener. Y puedo decir que la próxima revolución, que ya algunos hemos iniciado, será la del empresario contra los empleados, la del patrón contra los obreros. La de los que pagamos contra estas alimañas que se dedican a vivir en las costuras del sistema con el único objetivo de parasitarnos.

Podemos vivir sin vosotros. Podemos hacer lo que vosotros hacéis -y no al revés- y vamos a inventar máquinas y más máquinas que nos liberen de vuestro chantaje. Máquinas y costumbres nuevas, porque nos sobran recursos e inteligencia para reducir al absurdo vuestros ridículos chantajes.

Los imprescindibles recortes que vamos a conocer harán imprescindibles nuevas reformas laborales, que sin duda, y como tiene que ser, protegerán al trabajador obstinado y honrado, pero no tendrán ninguna piedad con el holgazán y el estafador de las enfermedades inventadas. Tal como se hacen inspecciones fiscales a empresas y particulares, inspeccionaremos muy detenidamente a los médicos de la Seguridad Social, y revisaremos con atención los motivos por los que dieron esta o aquella baja, porque también esto es corrupción, también esto es robar, también así se hunden las empresas y se destruyen los puestos de trabajo.

La próxima revolución será la nuestra, porque el talento y el emprendedor son lo imprescindible y la mano de obra es intercambiable. Ni os trataremos mal ni os dejaremos de pagar el salario. Pero cobraréis por lo que trabajéis, y una sola vez, seréis empresarios de vuestro puesto de trabajo y aprenderéis a cuidarlo y a protegerlo como el tesoro más preciado. Un país no puede ser próspero si no vivimos todos en tensión, si no nos levantamos cada mañana inquietos por cumplir con el afán del día, sin dar nada por descontado, ni por supuesto, ni por asegurado.

La próxima revolución será la nuestra y sentiréis gracias a nosotros la vida a flor de piel, y sabréis lo que es ganársela, y os asomaréis a los abismos que cada hombre ha de conocer para tomar las decisiones adecuadas, para volverse conservador ante la evidente verdad revelada, y empezarle a devolver al mundo algo de lo mucho que tantos hicieron para mantener viva la luz que nos ha traído hasta aquí.

Tendremos que empezar a decir también que es prevaricar que cualquier despido sea improcedente. Y que también esta prevaricación es corrupción, y también es robar, y también altera la democracia y la igualdad ante la Ley; y constituye un desprestigio y un insulto a la más elemental idea de Justicia. También esto tendremos que decirlo, y poner los medios para que pueda ser corregido, y también así aprenderéis a respetar a vuestro empresario, que es respetaros a vosotros mismos, y a darle las gracias por su valentía, por el riesgo que asume, por el puesto de trabajo que os ofrece, y por el salario que os paga con el que podéis mantener a vuestras familias.

¿O es que todavía creéis que los importantes sois vosotros? ¿O es que todavía no os habéis dado cuenta de lo rápido que os vamos sustituyendo por máquinas que no nos estafan? Después de tanto exigir a los demás, ¿cuándo llega vuestro momento de dar algo? Decídmelo, os lo ruego. ¿En qué momento de esta gran función tenéis previsto que entre en escena vuestro agradecimiento, vuestra ternura, vuestra generosidad? ¿En qué momento, decidme, en qué momento asumiréis que la izquierda no es exigir, sino dar; que la izquierda no es una excusa sino cumplir con el deber; que la única izquierda posible en nuestro siglo XXI pasa porque os comprometáis con vuestro deber, y entendáis que vuestra vida y vuestra responsabilidad?

Que de todo ello os deis cuenta pronto, os deseo, porque sino sólo Dios sabe lo que vais a sufrir. Sólo en su infinita misericordia encontraréis consuelo si no reaccionáis rápido, porque nosotros nos hemos cansado de sangrar por vosotros, de pagar por vosotros, de vivir por vosotros sin que sirva de nada, sin que hayáis mejorado en nada, sin que hayáis aprovechado lo muchísimo que os hemos dado y todavía os estamos dando para ser mejores. Lo único que habéis sabido hacer es aprovechar para ser más vagos, más cínicos, más descuidados. Lo único que habéis sabido hacer es engañarnos, voltearnos, estafarnos, y encima odiarnos con el odio más atroz de todos los tiempos porque no os damos más.

Yo llegué a conocer a empresarios incluso de mi misma edad que hace diez años estaban orgullosos de tener tantos empleados, y de asegurar el bienestar de tantas familias. Un orgullo sincero y noble, de hombre que cumple con su cometido, con su misión; de hombre generoso, agradecido, con deseo de mundo mejor, que estira los dedos para tocar la cara de Dios. Hoy este orgullo se ha desvanecido. Habéis sido tan malos, tan retorcidamente perversos, que nos habéis dejado con la defensa propia como único sentimiento. Hoy ya nadie presume de tener tantos empleados. Y al que todavía tiene muchos -muchos de vosotros, sí- le compadecemos. Hoy presumimos de ser capaces de apañarnos sin nadie o sin casi nadie, de haber sido capaces de aprender a trabajar de otra manera, de tecnología nueva y hasta de hacer cosas distintas de las que hacíamos si con esto hemos conseguido reducir nuestro número de nóminas.

La próxima revolución será la nuestra, porque nos habéis puesto tan entre la espada y la pared, que al final hasta pasar la mopa nos parece más digno que ceder a vuestro chantaje. No nos caen los anillos, y hasta estamos contentos de haber encontrado otro aliciente que una y dé fortaleza a la familia. No nos caen los anillos pero a vosotras os irán cayendo las bajas hasta que ya no os sirvan de nada.

Recordad esto siempre: nosotros podemos limpiar la casa pero vosotras no podéis comprarla.

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