El iPhone 7 contra la tiniebla

Publicado por el sep18, 2016

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Uno de El País escribió ayer algunos motivos por los que no tendríamos que comprar el nuevo iPhone 7, con el que les estoy escribiendo este artículo.

Nunca he visto una argumentación más deprimente: que si sólo uno de cada diez de los móviles en España son iPhone; que si Apple es la cuarta marca en el mercado español de smartphones; que si el iPhone se vende cada vez menos en el mundo; que si el iOs es un mundo cerrado; que si sus cargadores no sirven para los otros móviles; que si el iPhone no tiene nada que no tengan otros teléfonos portátiles; que si hay opciones más baratas.

Entiendo que para el tipo de periodismo que El País ejerce, sus prioridades sean que haya mucho y barato; y que que su idea del lujo sea lo multitudinario; y que para ellos la libertad -sólo hace falta ver cómo la han tratado- sea convertir cualquier hogar en un burdel del que todo el mundo puede entrar y salir sin decir quién es.

Pero para los que todavía no hemos llegado a arrastrarnos tanto, y conservamos la conciencia o como mínimo la intuición del pecado original; para los que no descubrimos el lujo haciendo encuestas ni creemos que la libertad sea un linchamiento, ni la mentira una herramienta válida para destruir a tus enemigos; nuestras motivaciones, con el iPhone y con la vida, siempre serán distintas.

Cada iPhone ha sido imprescindible por haber sido un iPhone, por haber sido el iPhone nuevo, tal como un hombre se justifica sólo por su fe, aunque esto, un redactor de El País, que sería un milagro que estuviera bautizado, cómo lo va a saber.

Cada iPhone ha sido nuestra manera de relacionarnos con el mundo. Nuestra manera sexy, inteligente, brillante de relacionarnos con nuestro mundo. El nuevo iPhone 7 es su tacto, su color, su luz, su adaptarse a tu mano como una concretada promesa de felicidad.

El nuevo iPhone 7 realiza con todo su esplendor el iOs 10, con su revolución de lo bello acentuada por la funcionalidad, por una sugerente reflexión sobre la vida que le ha llevado a organizarnos nuestro mundo del modo más hermoso y eficiente.

Hay que comprarse el iPhone 7 porque es el IPhone nuevo, porque es así como asistimos al paso del tiempo, y recorremos con la punta del dedo la geografía de lo que nos deja. Hay que comprar el iPhone 7 porque es como empezar a morirse renunciar a tener el iPhone nuevo, porque somos materia celeste y lo que Apple ha pensado para ti es lo que nos diferencia de las bestias. Pero además está el botón Home con su tacto nuevo, la nueva estética del iTunes, y los potentes altavoces que te permiten escuchar tu música con una admirable calidad.

Que El País no entienda el iPhone, y menos la dialéctica del iPhone nuevo, no tiene que ver con las características del teléfono, sino con su resentimiento, con su destructiva maldad, con el daño que siempre ha intentado hacernos y a veces nos ha hecho, con su estética soviética, con su deprimente concepto de libertad. El País es exactamente lo contrario de lo que iPhone representa, y los motivos que su gacetillero da para no comprarlo son mucho más que una lista y reflejan el ideario de la mediocridad.

Ha sido motivo para mí de gran cabreo que el Gobierno haya impedido la quiebra y liquidación de Prisa, que hubiera dado lugar a la regeneración moral de España, que durante cuatro décadas ha vivido secuestrada en los ignominiosos parámetros de un grupo que ha hecho del cinismo y de la hipocresía su modo de ir rebajando el debate público hasta dejarlo tan en el suelo como su espiritualidad y su esperanza.

Lo que El País piensa del iPhone, y sus motivos, es lo que piensa de la democracia y de la vida, es en lo que querría convertirnos a todos, para podernos conducir como a los borregos.

Si comprarte tu iPhone es una declaración de amor a lo mucho que esperamos de la vida; leer El País es adentrarse en lo truculento. Si Apple es la luz, Prisa es la tiniebla; si Tim Cook encarna la legítima lucha de las personas libres, las empresas libres y los países libres de sublevarse contra el atraco a mano armada de la fiscalidad europea; Cebrián es la metáfora de la sangre que a los españoles nos han chupado para poder pagar su mala gestión, su deprimente universo de linchamientos y deudas.

El iPhone 7 ya está aquí. Como cada iPhone ha llegado con su deseo de mundo mejor, con lo que sabe de ti y tú no sabías e irás poco a poco descubriendo; con la belleza y la esperanza y el amor de los que por un extraño conjuro hemos sobrevivido a la tenebrosa miscelánea de los que siempre han pisoteado, arrancado y retorcido las flores más preciosas de la vida.

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