18 de julio

Publicado por el Jul17, 2016

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Ahora que ya han pasado 80 años del alzamiento, 40 dictadura y 40 de Guerra Civil, ¿podemos decir de una vez la verdad y admitir que no ganaron los peores? ¿Podemos reconocer que habría sido mucho peor para España caer bajo la influencia del Pacto de Varsovia, que es donde la República alocada, descontrolada y criminal nos llevaba?

¿O tenemos todavía que insistir en la carraca de asociarle a la extrema derecha, cuando fue un socialdemócrata que creó el Auxilio Social que, entre otras prestaciones, “sembró” España de comedores gratuitos para los más necesitados; así como la Seguridad Social universal, la pensión por jubilación y también la de viudedad (según cotización), por no hablar de las miles de escuelas públicas y gratuitas, para la enseñanza obligatoria, con el fin de erradicar el analfabetismo, acompañadas de escuelas de formación profesional; además de establecer la garantía de compensación económica para casos de despido improcedente, una edad mínima para el comienzo de la vida laboral y un sueldo mínimo interprofesional, sin olvidar una fecha tope para el contrato de pruebas y la creación del Estatuto de los Trabajadores que garantizaba a estos lo ya mencionado y mucho más?

Extrema derecha, ¿qué extrema derecha? Tras 80 años de pamplinas para contentar a la izquierda perdedora, ¿podemos hablar de la Historia de España en serio? Franco fue un dictador, y un asesino, pero que fuera anticomunista no significa que no fuera un entrañable socialdemócrata que aprobó la ley del subsidio familiar, la del subsidio de vejez, la del descanso dominical y festivos, el seguro obligatorio de enfermedad, las vacaciones retribuidas y el permiso de maternidad, también pagado, para mujeres trabajadoras; y hasta los convenios colectivos.

Yo creo que 80 años son ya los suficientes para decir la verdad fundamental de que Franco fue un socialista, aunque eso sí, sin ser tan abrasivamente totalitario como los socialistas de su época.

¿O tenemos que continuar escondiendo los peores defectos de España en la falacia de que todo lo que hizo Franco fue lo peor y que la República y sus herederos son los depositarios de la única dignidad posible?

El debate público español no será un debate centrado hasta que aceptemos que la República fue un régimen criminal, por muy democráticamente que -como Hitler- fuera elegido. No podremos avanzar como sociedad moderna y vertebrada si no somos capaces de rebatir la propaganda comunista -ahora camuflada en el relativismo buenista, en el ecologismo, en el pacifismo o en el feminismo- para decir muy claramente que tuvimos mucha suerte de que la Guerra la perdiera quien la perdió, y no porque Franco fuera el líder que España necesitaba, sino porque los otros eran mucho peores; y tuvimos también la inmensa fortuna de que la Resistencia -articulada entorno al nefasto Partido Comunista, el mayor cáncer que la Humanidad haya conocido- no derrocara y sustituyera a Franco, lo que en modo alguno significa que 40 años de dictadura fueran deseables. Han pasado 80 años: mitad franquismo, mitad democracia: suficientes para poder mirarnos al espejo sin que la superioridad moral de los perdedores nos impida ver con claridad que sus vicios y sus defectos fueron los que nos llevaron al caos y a la dolorosa restitución del orden.

Un orden, por cierto, que reconocieron las principales democracias occidentales, con los Estados Unidos a la cabeza, y no porque vieran en él a un estadista o a un redentor, sino precisamente por lo que trata de explicar este artículo: porque la alternativa era mucho más atroz, para España, para los españoles y para el mundo libre.

Franco ganó la Guerra, y evidentemente hubiera sido mucho mejor que no hubiéramos sufrido una República criminal que nos hubiera llevado a matarnos entre hermanos. Y hubiera sido mucho mejor no tener que pasar por una dictadura de 40 años. Pero en cualquier caso pasó lo que pasó, y Franco ganó, y murió en la cama. Tan mal no debían estar los que lo vivieron si el hombre pudo mandar tanto tiempo. Tan terrible no tuvo que ser la situación cuando no se produjo ningún motín nacional, ni ningún otro alzamiento para derrotarle, y las calles y plazas de cada pueblo o ciudad que visitaba se llenaban para jalearle, especialmente en Cataluña. ¿No queremos memoria histórica? ¡Auténticas multitudes!

Pero es que hay algo todavía más significativo, y es cómo se produjo realmente la recuperación de la democracia. Cuando Franco dijo que lo dejaba todo atado y bien atado, se refería precisamente a ella, a la democracia, porque si no la hubiera querido habría nombrado a cualquier otro sucesor que no hubiera sido el rey -entonces príncipe- Juan Carlos.

No se trata de esconder, disimular o justificar lo que de terrible tuvo el franquismo, pero sí de señalar, con toda justicia, que la democracia no la trajo a España el PSOE -que de no ser por Felipe todavía sería marxista- ni la trajo Santiago Carrillo, sino que fue el franquismo (Suárez y el Rey) quien trajo a Carrillo a España, legalizó el Partido Comunista e instauró la democracia, en un proceso modélico llamado Transición y que fue la gran obra maestra del franquismo, cuatro décadas después de habernos hecho el trabajo sucio. Igual podría haber tardado un poco menos, but who am I to blow against the wind.

Sin pretender justificar los errores, las injusticias y los crímenes del franquismo, que por supuesto los hubo, es evidente que buena parte del tejido económico más potente de nuestro país se forjó durante el Régimen; y que aquel periodo de nuestra Historia demuestra que sin democracia puede haber libertad. ¿Libertad restrigida? Pues claro, como todas las libertades en un país civilizado. Y por cierto, y ya que estamos, no me parece la moral franquista mucho más castradora que la actual corrección política.

Ni se trata de hacerlo, ni pretendo legitimar el franquismo, pero sí denunciar que muchos de los que vivieron y continúan viviendo del antifranquismo fueron y son más totalitarios y perniciosos que Franco, y que bastante peor nos hubiera ido si hubieran mandado ellos.

Han pasado 80 años. España no será un país normal hasta que no tenga una izquierda normal, y no tendremos una izquierda normal hasta que no la pongamos ante su verdad, una vez desmontado el franquismo como arma arrojadiza y justificativa, y admitida la evidencia que la República de la que se reclaman herederos fue una carnicería, y que el enaltecimiento del comunismo tendría que estar castigado como el enaltecimiento del terrorismo o la incitación al odio. A fin de cuentas, ha sido el sistema más sanguinario de la Historia.

Esperemos que en España nunca más vuelvan a ganar las elecciones los que nos llevan de tal manera al borde del abismo, a la miseria, al desorden y al colapso de la convivencia, que sólo dejan margen para que irrumpan las más desagradables y penosas soluciones

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