El hombre más equivocado de España

Publicado por el Jul2, 2016

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Si hay algún comentarista que resume en España la esencia de lo que es estar equivocado, éste es Josep Ramoneda, que se llama a él mismo filósofo cuando simplemente es una lechuga olvidada al fondo de la nevera tantas semanas que se ha vuelto marrón.

Ramoneda ha defendido casi todas las atrocidades del siglo XX, sobre todo las más sanguinarias. De un modo u otro, a lo largo de su vida, ha expresado su apoyo a lo que siempre ha fracasado, y resulta apasionante cómo, pese a las irreversibles lecciones de la Historia, nunca se ha disculpado y siempre ha querido tener razón.

Es tal el dogmatismo de una determinada izquierda, y su incapacidad para ni siquiera contemplar la posibilidad de que su ideología sea no ya perniciosa -que lo es- sino simplemente imperfecta, como la condición humana, que reaccionan con más izquierda y más fanatismo al sistemático desmentido de los hechos, lo mismo que el trastorno alimentario que consiste en querer adelgazar y hallarse comiendo compulsivamente.

Ramoneda ha sido el camión de la basura de todas las izquierdas que han asolado Europa, y se ha revestido de un aspecto de falsa trascendencia cuando sólo es un hombre triste, deprimido por su insólita colección de falsedades y de mentiras, y por esa falta de sentido del humor que siempre ha caracterizado -y caricaturizado- a socialistas y comunistas. Fue comunista -militó en la Organización Comunista de España (Bandera Roja)-, sesentayochista, e introdujo en Cataluña y en España el estructuralismo marxista y a la mala bestia de Nietzsche. Sirvió como chacha lírica del PSUC hasta que pasó a ser uno de los intelectuales orgánicos del PSC y del PSOE, apparatchik total, sin ningún escrúpulo, ningún talento, ni nada que se saliera del contorno moral que tan bien dibuja “La vida de los otros”. Ha cobrado de las instituciones socialistas, de los grupos mediáticos socialistas -en especial de PRISA- y ahora cobra de Edicions 62, la editorial que pagamos todos los catalanes para que distintos charlatanes socialistas -desde Xavier Folch a Ramoneda- la arruinen publicando nefastos panfletos de propaganda política y con una gestión empresarial muy propia de las repúblicas soviéticas que tanto añoran.

Cuando le pareció que iba a ganar, abrazó o semiabrazó la causa independentista, tal como el feminismo o el ecologismo son las militancias de los viejos comunistas, de los viejos fracasados, de los viejos tristes y deprimidos que siempre buscan una causa absurda y la convierten en maligna porque es su manera de dar rienda suelta a su enorme resentimiento por no saber ser felices.

Ahora Ramoneda se permite dar lecciones de honradez al PP, cuando él es la metáfora más redonda de la deshonestedad y del fraude, con sus ideas equivocadas y falsas, y que han conducido a la Humanidad a su peor noche cuando han sido aplicadas. Un ser erróneo y amargado como Josep Ramoneda, un patán de Cervera con ínfulas de pensador cuando ha resultado ser una porquería todo lo que alguna vez ha pensado, se permite decir que los españoles somos poco menos que submormales por haber votado al Partido Popular -a quien acusa de inmovilista y de corrupto- cuando no hay nada más inmóvil que los cadáveres que su siniestra ideología ha causado ni nada más corrupto, ni más corruptor, que ser un intelectual orgánico y serlo además de esta izquierda asesina, inframental y fracasada en la que Ramoneda, en diferentes etapas de su vida, ha militado. Siempre sin disculparse y siempre con aquella deplorable arrogancia del funesto y del ignorante.

Podemos es un fenómeno político nuevo pero hay unas “élites” intelectuales españolas que viene de muy lejos, y que con el pretexto de la oposición al franquismo fueron más reaccionarias y totalitarias que el propio Régimen, que nunca han condenado ni se han arrepentido de la ideología criminal que todavía les ampara; y como continuación de su acción lamentable, han sido el caldo de cultivo de este populismo atroz que encarna Pablo Iglesias, de este populismo nostálgico del truculento mundo “manchado de sangre y mierda”, por decirlo al modo de Semprún, y que querría acabar con nuestro sistema de libertades.

Podemos fue derrotado en el partido crucial de las elecciones del fin de semana pasado, pero no es una guerra que tengamos ni mucho menos ganada. No nos enfrentamos a un rival estúpido por mucho que a veces -como en su unión con Garzón- pueda equivocarse, y España está intelectualmente secuestrada por centenares de rufianes como Ramoneda, que demonizan el mundo libre y nos enredan en su tenebrosa miscelánea de lo maligno.

Mientras apologetas de lo perverso como nuestro Ramoneda gocen de prestigio y continúen dictando los cánones de la corrección política, estaremos a la merced de cualquier tirano de los que él celebra y promociona, y que si no nos han asesinado a lo largo de todos estos años, ha sido porque Dios es bueno. Y nuestro.

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