Prueba de amor

Publicado por el Jun8, 2016

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Paul Simon acaba de publicar el disco Stranger to stranger. Algunas de sus poderosas letras ya han sido puntualmente plagiadas en los artículos de este blog desde que empezaron a filtrarse.

Paul Simon ha basado su carrera en la contención de callar cuando no tenía nada que decir y en el esfuerzo de no aferrarse a los clichés que una vez le funcionaron.

No es que con el tiempo sus viejas canciones hayan dejado de gustarme, pero Insomniac’s Lullaby me parece más sincera que Cecilia y Proof of love más interesante y más profunda que Bridge over troubled water.

Los buenos artistas, si como Paul Simon hablan sólo cuando tienen algo realmente importante que decir, nos mejoran con el paso del tiempo. Nos mejoran el gusto, nos mejoran las metáforas, y mejoramos a través de ellos siendo más exigentes, más sensibles, menos clientes del supermercado.

Las canciones de amor de Paul Simon han pasado de ser ingenuas, o iniciáticas, como Kathy’s Song; a más duras y salvajes, como Train in the distance o Hearts and Bones, donde cuenta su experiencia del divorcio; para llegar en su último trabajo a la obra maestra que da nombre al disco y que es una declaración de amor total, de una belleza otoñal y difícilmente superable.

¿No es lo que Dios espera de nosotros, que seamos capaces de pasar del ímpetu a la compasión para bucear en el hondo buen amor?

¿No es lo que espera el Arte de los genios, que no se conformen nunca, que huyan del patrón y nos guíen en nuestra ceguera?

¿No tenemos como personas sensibles que dejarnos guiar en nuestro esfuerzo por ser mejores?

Es verdad que Paul Simon ha exigido siempre mucho a sus seguidores, pero cualquier tenacidad ha sido siempre compensada por el placer, por la calidad, y por el gesto impagable que ha tenido siempre con nosotros de no caer jamás en la vulgaridad.

Serrat dice del poeta Joan Salvat Papasseit que “no agradecía nada a quien nada le enseñaba”, y Paul Simon, a lo largo de su obra, nos ha enseñado la brillantez y la angustia del pueblo americano, la belleza de la música africana cuando sólo veíamos aquel continente como un problema, que la redención es posible a través de la espiritualidad, como explica en las canciones de The Capeman, tal vez el musical que ha contado con las canciones más hermosas, para irse adentrando luego, a partir del disco You are the one (2001) en la exploración del alma y la madurez, en el alcance de la compasión, en la ternura como metáfora de la solución universal, y el humor entendido como el estandarte de la inteligencia y que en Stranger to Stranger está magníficamente representado en The Werewolf.

Desde que con Mrs. Robisnon, Paul Simon se convirtió en el primero en nombrar a Jesús en una canción “pop”, Dios ha estado siempre presente en sus trabajos. A veces para ofrecerle canciones como plegarias -a mí me gusta especialmente The Coast- y otras como personaje de fondo, como es el caso de Proof of love, que más que una oración, es una reflexión sobre nuestra intimidad con Él.

Tanto por la elaboración de la música, sorprendente en fondo y forma, y que no responde a establecidas y previsibles fórmulas; como por la complejidad y belleza de muchas de sus letras -algunas de ellas merecerían ser valoradas como poemas-, Stranger to Stranger parece mucho más el disco de un artista joven que todavía busca salvarse, que no el de una vieja gloria que sólo piensa en continuar exprimiendo, con cualquier excusa, sus grandes éxitos.

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