Los niños carnaza

Publicado por el abr27, 2016

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A mi hija pueden hacerle daño un día, incluso mucho daño. Un daño, Dios no lo quiera, irreparable.

Pero no más. Yo hablo con ella cada tatde, cuando la voy a recoger al colegio y me cuenta su jornada, qué ha comido, con quién ha jugado, si la han reñido o se ha peleado. Si algo extraño le ha ocurrido, me basta su tono de voz para detectarlo, sin tener ni que escuchar las palabras. Yo hablo con mi hija cada día, cuando la llevo a natación o a danza, cuando los fines de semana vamos a la peluquería, o de compras o al Tibidabo; a la hora de cenar, cuando la duermo cada noche con la misma canción, Qualsevol nit pot sortir el sol.

No digo que el acoso escolar no exista, y tampoco digo que los maestros puedan relajarse a la hora de intentar detectarlo. Lo que cuestiono es el sentido y el concepto de paternidad de tantos y tantos padres. Bastaría una conversación diaria con sus hijos, una conversación seria, atenta e intencionada, para que el acoso escolar u otro tipo de abusos quedaran absolutamente erradicados. Ningún niño sería asediado más de un día, y tampoco a ningún niño se le ocurriría asediar a nadie.

Padres, padres, padres. Las preguntas y las respuestas, las soluciones ¡y los problemas! de los niños siempre están en sus padres. Los niños necesitan a sus padres cada día, y sin una paternidad activa y plenamente consciente de los peligros, cualquier atrocidad es posible. Ser padre es algo más que crear recipientes genéticos para que otros los llenen de contenido. No digo que la genética sea despreciable, pero ser padre es, también, el contenido. Podemos equivocarnos, podemos tener días mejores, y hasta podemos ser injustos en alguna decisión o castigo. Pero no podemos “no estar”, no podemos no comparecer. Podemos suspender algunas asignaturas, pero no podemos ser unos padres “no presentados”.

Como en tantos otros asuntos en nuestra era estúpida, se habla del derecho de ser padre de todo el mundo, con esa frivolidad que acaba, como mínimo, en bullying. El derecho de ser padres no existe: existe la responsabilidad de ser padres. El derecho que sí existe es el de los niños a tener padres, padres atentos y vigilantes, amorosos y presenciales. También existe, naturalmente, el derecho de no ser padres.

Unos padres que denuncian que su hijo ha sufrido bullying durante meses en el colegio, son unos padres que no han estado donde tenían que estar, ni han hecho lo que tenían que hacer, ni han hablado lo que tenían que hablar. Son unos padres que tendrían que denunciarse a ellos mismos. A partir de ahí, podemos descontar todas las excepciones que sean necesarias, de casos rocambolescos -pocos- que realmente no son culpa de nadie.

Pero los niños que van del conductor del autocar a la maestra, de la maestra al conductor del autocar, y de él a la filipina, al canguro o a la entrañable y bienintencionada abuela, y siempre sus padres los encuentran durmiendo cuando llegan a casa; estos niños viven sin padres, y un niño sin padres son carnaza.

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