Yo, el rojo del año

Publicado por el ene8, 2016

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La noche del martes en Via Veneto, agotando las últimas trufas blancas, pensé mientras por la mesa desfilaban los champanes que el más solidario soy yo, que hago gasto. La política social soy yo, que pago. Yo hago más caridades que las oenegés, con lo que cada mes gasto se pagan sueldos enteros, ropa, agua, luz, colegios. El mejor izquierdista no es el que más se queja, o el que más reclama, ni el que más se beneficia de los servicios públicos, sino quien más aporta para patrocinarlos.

Hay gente que cree que porque es de izquierdas su coherencia es basa en llevar al niño al colegio público. Es mentira. La izquierda es dar. La izquierda es pagar y no aprovecharse. ¿O no es esto lo que siempre nos reclamáis? Nombradme el rojo del año, camaradas, porque con la cantidad de trufa blanca a la que este invierno he dado despacho, varias guarderías públicas tendrían que tener mi nombre inscrito en una placa.

Somos la derecha porque somos más ricos, porque somos más inteligentes, y sobre todo porque tenemos sentido del humor, y el humor, como todo el mundo sabe, es de derechas. Y somos la izquierda porque somos los más solidarios, los que más impuestos pagamos, y los que más salimos a cenar y más vamos de viaje, esparciendo nuestro dinero con euforia y sin reparo.

Somos una benéfica eterna de Curro Romero, todo el día gastando, todo el día haciendo posibles vacunas y hospitales. Y en cada whisky, un profesor de matemáticas; y en cada quilo de caviar, una enfermera para un abuelito necesitado. Somos el gran corazón del mundo y el lujo no es un escarnio para los pobres sino su redención; porque gracias a lo que yo cada día me esfuerzo en vivir lo mejor que puedo, miles de euros a fin de mes se transforman en auxilio para los pobres. Nombradme, camaradas, nombradme el rojo del año.

Somos la derecha y somos la izquierda, y vosotros no sois nada. Ni tenéis el nivel para ser la derecha, ni la generosidad para ser auténticamente de izquierdas. Ni tenéis la alegría de vivir para repartir vuestro poco o mucho dinero, ni tenéis la inteligencia para comprender el mecanismo de las cosas y destilar el humor que hace falta para enamorarse de ellas.

Lo somos todo, somos una totalidad frente a vuestro vacío insensato, y no es que vuestra superioridad moral sea falsa, sino que vuestra moral es un fraude, porque nunca habéis estado a la altura de lo que habéis exigido a los demás, porque aquello a lo que llamáis vuestra dignidad sólo es vuestro chantaje, y vuestra característica es la ingratitud, que es no es el peor defecto, pero sí el más lamentable.

Traedme champán. Rebuscad las últimas trufas por si alguna quedara. Los servicios públicos no vienen de los sindicatos, sino de la tenacidad con la que la derecha hacemos gasto; tal como la democracia no la trajo Carrillo, ni La Pasionaria, sino Suárez, el rey Juan Carlos y Franco, que a eso se refería cuando dijo que todo lo dejaba atado y bien atado.

Antes de enfadarte con este artículo, piensa cuándo fue la última vez que diste algo.

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