Lentas sus manos

Publicado por el Oct27, 2015

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El único recuerdo que tengo de una cierta vitalidad esporádica, de vida vivida sin pensar, sin verme a mí mismo desde fuera ajustándome al relato, a un relato, el que fuera, que dé sentido, algún sentido, a lo que hago, es en casa de mi abuela paterna, después de haber comido. Ella se sentaba en un extremo del sofá y se ponía un cojín sobre las piernas donde yo reclinaba la cabeza, estirado boca arriba, y empezábamos a contarnos cosas graciosas, mientras ella muy suavemente me acariciaba la cabeza con lo que me quedaba de pelo, que era algo entonces, y yo poco a poco me iba durmiendo y me dormía sin hacer ningún esfuerzo por permanecer despierto. Nunca me comporto así, ni me gustan los masajes ni que me toquen en exceso. Nunca me dejo ir, como no sea descontrolado por la euforia. Sólo he tenido aquellos momentos de vivir directamente, sin que una idea de la idea tomara cuerpo. Aquellos momentos que cuando los vivía no pensaba en ellos y que ahora recuerdo como un paraíso extraviado, mitificado por el tiempo. Mi abuela paterna fue siempre una señora discreta, modesta y rígida en sus planteamientos, pero no se puede querer a nadie en el mundo más de lo que ella me quiso. Su amor me hizo desde muy pequeño sentir seguro y es la base de mi autoestima. Luego en mi familia pasaron cosas terribles, o tal vez no tan terribles, pero yo no supe administrarlas con prudencia, y tomé partido y se hizo un silencio que todavía dura con la otra parte, a la que mi abuela paterna pertenece, y por ello se me ha escapado hablar de ella en pasado cuando en realidad todavía vive. Ella no hizo nada malo, y no hay día que no la recuerde y lamente este silencio, ahora demasiado largo -más de 20 años- para corregirlo. ¿Qué sentido tendría? ¿Qué hilo podríamos retomar? ¿Qué podríamos decirnos? He escuchado consejos como de anuncio de TV sobre emocionantes reencuentros, pero también en vida morimos y aunque duela hay que decirlo. Esta historia acaba mal, pero yo nunca olvido el principio. Un hombre tiene todo lo que necesita para ser fuerte y continuar si alguna vez ha sido querido como mi abuela me quiso, si ha podido sentir el gran amor que nos mece como a héroes inmoratales. Siempre de ella he sacado el temple, y a veces la furia, para sobreponerme al desánimo, a los días de hallar un esfuerzo inútil la vida. Y siempre que no puedo dormir me estiro como cuando acababa de comer con ella, y vuelven mientras me duermo lentas sus manos sobre mi cabeza.

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