Krahe

Publicado por el Jul13, 2015

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Siempre he sentido un incomprensible entusiasmo por los cantautores comunistas, socialistas, feministas, ecologistas entre otras tantas perversiones sobre más perversiones acumuladas. Yo he crecido con Lluís Llach, con Raimon, con Silvio, con Pablo, con Víctor y Ana, con Serrat. Yo estoy aquí -aunque me resulte chocante admitirlo- de la mano de Sabina y de Paco Ibáñez, de Aute, de Pedro Guerra y hasta -salvando las distancias- de Ismael Serrano.

Todos ellos defienden y cantan lo que yo considero que son los peores errores del Hombre. Todos ellos hacen o han hecho apología de los peores crímenes que la Humanidad ha tenido que soportar. Pero hay algo en ellos que me puede, que me vence, algo maravilloso en sus envenenadas canciones, una emoción irresistible entre su vileza que siempre es capaz de subyugarme. Y Krahe, claro, Krahe. Un tipo austero, elegante, áspero. Sin demasiadas concesiones, por no decir ninguna. Con un humor ácido y un verso cortante. Nada en él es inútil ni vano. Es difícil y puede parecer destartalado al oído poco entrenado, pero cuando entras en su mundo aprecias la calidad, la extraña columna vertebral de todo lo que hace, y ese cordón umbilical que siempre le mantuvo radicalmente unido a lo que amó.

Pero luego está el error, su profunda equivocación en todo. Su famoso tema “Cuervo Ingenuo” es un compendio de la precariedad intelectual. Ataca a Felipe por haber entrado en la OTAN, por la reconversión industrial y por su americanismo, cuando precisamente estos fueron sus grandes méritos, y precisamente por ellos, personas de todas las ideologías, recordamos con respeto y agradecimiento su labor de Gobierno y su liderazgo como presidente. 

Es uno de tantos, tantísimos ejemplos, tal vez el más conocido: pero ni el más grave ni mucho menos el único. 

Nunca he comprendido cómo puedo sentirme cómodo entre semejante sarta de atrocidades, ni de dónde me viene la pasión por los cantautores. En muchos de mis artículos uso versos de sus canciones en favor de lo que pienso, en lo que ellos considerarían una altísima traición si se dieran cuenta. 

Hay algo entre ellos y yo que me acerca y me aleja y me vuelve a acercar y nunca he podido vivir sin sus canciones, sin sus conciertos, y en más de un caso, sin su amistad. Yo no tengo un corazón sectario y también mis contradicciones me ayudan a vivir.

Krahe fue un cobarde haciendo ver que cocinaba un crucifijo porque es de cobardes atacar a las personas por aquello por lo que no pueden defenderse; pero entiendo que lo absolvieran porque si la vulgaridad fuera delito en España tendrían que haber más cárceles que bares. Krahe fue un cobarde, y un hombre poco inteligente, y muy equivocado, pero fue un tipo que todo ello lo llevó con clase, con elegancia, con una contención artística digna de alguien que se toma muy en serio su trabajo. Nunca se arrastró con metáforas cansadas, ni se degradó aferrándose inútilmente a los escenarios. Siempre que le fui a ver tuvo algo nuevo y bello que ofrecer.

Se va un grande, aunque su público no fuera multitudinario. Hemos tenido el lujo de sus canciones y la suerte de que sus ideas nunca de hayan plasmado, como mínimo hasta el momento, en España.

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Si cae Israel, cae la libertad. Todos los sentimientos están resumidos en el Calvario.Más sobre «French 75»

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