La izquierda invertebrada

Publicado por el Jun24, 2015

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Pedro Sánchez presentó su candidatura con una gran bandera española, en la clásica exageración de los que se sienten en falso. Se hizo el moderado después de haber entregado los principales ayuntamientos al populismo antisistema, en una demostración más de que “extrema izquierda” es un pleonasmo y de que los socialistas continúan instalados en la irresponsabilidad prebélica de 2004.

Con la alta excepción de Felipe González, la izquierda en España ha sido siempre una amenaza para el equilibrio, el orden y la prosperidad. Zapatero intentó, con su deplorable agenda sectaria, reabrir la Guerra Civil por ese deliro tan socialista de ganar lo que afortunadamente perdieron en el campo de batalla; y por la no menos socialista obsesión de matar a Franco, que se les murió en la cama. Hay una lección estructural de nuestra Historia que la derecha, por complejo o por lo que sea, ha renunciado a explicar, y es la fortuna que tuvimos de que la Guerra no la ganara el peor bando. Con Carrillo y con La Pasionaria habríamos caído bajo la terrible influencia del Pacto de Varsovia y todavía hoy no seríamos un país plenamente evolucionado.

Se acusa al presidente Rajoy de querer meter miedo, pero el único miedo que de verdad hemos sentido es el que nos ha causado Pedro Sánchez convirtiendo en alcaldesa de Madrid a Carmena, en alcaldesa de Barcelona a Ada Colau, pactando con Bildu en Vitoria o con la CUP en Badalona, entre tantas otras calamidades que le desmienten como líder de un partido homologable y le retratan como cabecilla de una banda. Mientras continuemos teniendo esta izquierda revanchista, impermeable a las enseñanzas de la democracia y moralmente invertebrada, tendremos que acudir a las urnas con la única misión de que no nos arrasen los inconcebibles jinetes del totalitarismo venezolano. 

El año en que que el Frente Nacional pasó a la segunda vuelta y los socialistas no tuvieron más remedio que votar a Chirac, coincidí el día de la elección con Felipe González en el Hotel Costes de París. Me dijo: “¿Te imaginas que tuviéramos que votar a Aznar para salvar a España?”. Llegó el día en que no tuvimos que imaginarlo y la izquierda española demostró que el odio sigue siendo su sustancia. Ausencia de Dios y de empatía. El gulag es, a fin de cuentas, una falta de piedad.

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