Sueño que puedo volver a correr – Majd Imad (Palestina)

Publicado por el 22 enero 2017

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Madj Imad. ©Ignacio Gil

Madj Imad. ©Ignacio Gil

 

El viaje de exilio de Majd comenzó con un balazo a bocajarro. Una tarde de verano, hace más de una década, paseaba tranquilamente con amigos por la calle, iban a festejar el final de los exámenes. Por el camino se toparon con un tanque israelí volcado. Se había formado cierto desconcierto mientras algunos niños lanzaban piedras a los soldados, ellos les apuntaban con sus rifles, pequeños Davides contra Goliath… Presenciaban esta escena tensa cuando  uno de los soldados le disparó por la espalda, tirando a dar. Esa bala “mariposa” de las que estallan una vez dentro del cuerpo triturando todo lo que está a su alrededor, pulverizó su pierna, y con ella, su paz y sus sueños. Sin motivo alguno. La vida en la frontera israelí –palestina es así: injusta, imprevisible, impune, violenta y cruel.

Majd tiene 31 años. Nació en una familia grande, es el mayor de seis hermanos. Su ciudad natal, Tulkarem, es una ciudad fronteriza, muy expuesta al conflicto que desde hace décadas golpea Oriente Medio. “Vivir en Cisjordania es vivir prisionero. Es un precioso valle, convertido en una enorme prisión. No puedes salir, y en los “checkpoints” que salpican la larga frontera, a los palestinos nos tratan de manera inhumana, nos agreden, nos humillan”. Viven en condiciones precarias, hay escasez y pocos medios. “Lo que no podemos olvidar, es que en cada casa, cada madre, tiene un hijo herido, lesionado, encarcelado o muerto. Esta ocupación es injusta y demasiado difícil de soportar”.

No olvida ningún detalle de esos primeros días tras ser herido. Recuerda la sangre y el dolor insoportable. Recuerda la primera atención en el hospital de Ramala, donde los medios eran del todo inadecuados. Recuerda perder el conocimiento, y recuerda como su padre le llevó a Jericó para intentar conseguirle una mejor atención médica. Recuerda el color y el olor de la gangrena. Y recuerda la amputación. Recuerda las palabras de los médicos que le explicaron que con una atención médica adecuada y ágil, hubiera podido salvar la pierna. Cómo olvidaras.

Pasó dos largos meses en el hospital y su padre no se separó de su lado. Tuvo que ir asimilando las etapas de su nueva realidad: primero la silla de ruedas, luego las muletas y finalmente la prótesis. Tuvo caídas, un verdadero infierno, para cualquiera, pero especialmente para una persona tan joven e inocente quien veía cada vez más difícil cumplir sus metas y sus sueños.

“He aprendido a no tener miedo a empezar una nueva aventura. Hay fuerzas escondidas dentro de ti. Y si decides buscar la sabiduría y la fuerza que sin duda tenemos dentro, puedes enfrentarte a todo”.. Como muchos refugiados, conseguir salir de su país y regularizar su situación jurídica en el país de acogida ha sido un proceso difícil y lleno de obstáculos. Pero ahora toca luchar y comenzar una nueva vida. Majd está en ello, mientras, sueña que puede volver a correr.

Rocío Gayarre

 

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