El brillo de Singapur

Publicado por el Sep 22, 2012

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Uno de los mayores placeres que proporciona la Fórmula 1 es la faceta viajera de la aventura. Ese síndrome de maleta ambulante que permite una inspección global del planeta. En la vuelta al mundo resulta estimulante conocer la espiritualidad de Japón, el latido del desierto en Bahréin o el buen rollo de la mejor ciudad del mundo, Melbourne. Al nivel de esos hallazgos se encuentra Singapur, sede del último gran premio.

Un lugar reluciente, luminoso, distinto, la Miami del sureste asiático. Imponente lugar que, sin embargo, arranca con una cadena de las restricciones apenas se pisa el majestuoso aeropuerto de Changi. No se puede lanzar una colilla al suelo (multa de 300 euros). Tampoco mascar chicle (otros 300) y mucho menos esputar en la acera (500). Ni hablar de comer en los transportes públicos o arrojar un papel a la calle (400). Los peatones no pueden saltarse un semáforo aunque las avenidas estén desiertas. Está prohibido echar migas de pan a las palomas en alguno de los cientos de parques…

Ese aparente stop gigante que penaliza cada movimiento se convierte, sin embargo, en una delicia. Sin atisbo de pobreza entre sus gentes, con un mercado laboral pujante, sin atascos, sin molestias para el viajero. Es Singapur, una isla convertida en ciudad-estado al sur de la península de Malasia. El país más pequeño de Asia (700 kilómetros cuadrados, poco más que Andorra) y el cuarto centro financiero del planeta. La segunda nación con más densidad de población del mundo.

Singapur es un país de diseño. Un punto en la tierra elegido a dedo por Bernie Ecclestone desde el principal y casi único punto de vista según el que se entiende este deporte: su majestad el dólar. 40 millones anuales por albergar la primera carrera nocturna de la historia.

Dinero a espuertas y un destino, Singapur, que parece más una exposición mundial que una pista de automovilismo. Es la única carrera que se disputa bajo la luna. Sus 1.500 proyectores, sus 3.000 lux de potencia y sus 108.423 metros de cables eléctricos instalados en las tripas del puerto le confieren una apariencia singular. Las cámaras de la FOM (la organización de Ecclestone) se recrean con las imágenes de las vistas aéreas y la pista iluminada que envían a todo el mundo. El casino de Sheldon Adelson al fondo. El marketing sin igual de la F-1.

Twitter: @JCarlosCarabias

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Ciclismo, fútbol, Fórmula 1... De Induráin a Alonso. Tumbos por el mundo durante años para llegar siempre a la misma conclusión: no mires nunca de dónde vienes, sino a dónde vas. Más sobre «Coche Escoba»

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