Un imbécil de libro

Publicado por el ene 9, 2015

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Bufón velazqueño

Bufón velazqueño

Hay muchos pero puestos a destacar se lleva la palma un presunto actor que va de rojeras por la vida; hablamos de un tal Toledo. Éste no pertenece al gremio de los acomplejados frente al terrorismo, al que ayer nos referimos; éste va por derecho contra los principios y sentimientos de las sociedades libres que viven en democracia.

Chapotear sobre cualquier sentina le sirve para tratar de epatar al burgués; hoy le vale la yihad como ayer la ETA. Pero siempre cuidando la despensa de la que ha comido tanto tiempo; lástima que ya todo sean vacas flacas en los cortijos de Maduro o los Castro.

Desde tiempos inmemoriales el bufón llegó a ser personaje relevante en el paisaje de diversas civilizaciones, desde la china antes de nuestra era hasta en las cortes europeas de tiempos más recientes. Gozaban de cierta bula para saltarse respetos y convenciones; el bufón distraía a su señor de las preocupaciones de la corte o de la alcoba, que para todo servía. Su deformidad, a veces no sólo física, le abría las puertas del descaro como a pocos les era permitido.

Algo así parece amparar al truhán de nuestro tiempo, aunque cada vez sean menos quienes ríen sus chocarrerías, tan sabidas que carecen del efecto sorpresa, arma fundamentales en el arte de todo payaso. Y sus excentricidades, como hablar de manipulación en las imágenes del reciente asesinato del gendarme francés, no caben en la mojiganga más o menos graciosa; tal vez donde mejor encajen sea en la colaboración con el terrorismo.

Este no es tiempo de bufones, y los payasos se han quedado para entretener en los circos al público infantil entre acrobacias y paradas de elefantes. Los más famosos, como el Falstaff de Shakespeare o el Triboulet de Victor Hugo que Verdi convirtió en Rigoletto, están recluidos para siempre en los teatros de ópera. Y otros, como los bufones Calabacillas o don Sebastián de Morra que Velázquez retrató en la corte de Felipe IV, cuelgan de las paredes en la pinacoteca de El Prado.

Pocas cosas hay peores que quedarse fuera del contexto. Dios la ampare, imbécil.

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