Los recados de Aznar

Publicado por el may 22, 2013

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Dejó pocos títeres con cabeza

Dejó pocos títeres con cabeza

Aznar ha dejado pocos títeres con cabeza anoche, en Antena 3. Comenzó mandando un recado a los socialistas: hablando de sobres, los únicos que él vio fueron los destinados a rellenar la caja fuerte que se encontró en la Moncloa: trescientas mil pesetas diarias de libre disposición. Lo primero que hizo, dijo, fue cerrar aquel extraño grifo sin querer saber en qué se lo gastaban. Fue una primera advertencia a los socialistas.

La segunda al grupo Prisa, a su correa de transmisión. Lo puso a caldo, denunció sus relaciones con Berlusconi y el acoso a que le tiene sometido desde que hace diecisiete años ganó las elecciones -“hasta tratar de impedir que formara gobierno”-, tachó de falsedades cuanto le han imputado y concluyó preocupado porque el grupo, amenazado de quiebra, no tenga posibles cuando haya de pagar las indemnizaciones por tantos atentados contra su honor y el de su familia.

Y la tercera a los populares. El expresidente confesó sentirse tal y como se siente la mayoría de los españoles, incluidos los votantes del PP: defraudado.

Un país no pude salir de la crisis en que está, política, institucional y económica, sin participar en un proyecto definido, sin sentir el liderazgo que marque un horizonte, que dé una explicación más allá del conformismo o la pasividad ante la mayor crisis que ha sufrido en la historia reciente. Ni más ni menos. Nada nuevo, aquí se viene diciendo un par de veces por semana, pero que lo diga el expresidente tiene otra dimensión; como si en Roma el papa emérito Benedicto comentara en L’Osservatore la última homilía de su sucesor Francisco, y no precisamente con complacencia.

El acerado discurso del expresidente, que  sólo ha hablado largamente una vez, no hace mucho y en esos mismos términos con el actual inquilino de La Moncloa, habrá sentado a Rajoy como un sinapismo. Tan exasperante como un dedo en el ojo, o una cataplasma de mostaza. La diferencia entre una y otra sensación es que la primera no pasa del puro fastidio; la segunda, una vez soportada, podría aliviar el agripamiento del motor presidencial.

Y la receta, en medio decálogo: hacer el Estado viable, eficaz y sostenible, reforzar las instituciones, reforma fiscal, un nuevo pacto social y recuperar una mejor posición de España en el mundo.

De ellos subrayó tres: reformar lo necesario para restaurar los pactos hoy rotos que cimentaron la transición, los impuestos y el pacto social. Bajar los primeros ya, para dar oxígeno a las clases medias y restaurar el tejido productivo del país.

Y pactos sí, sociales, pero sin renunciar a los poderes recibidos con la mayoría parlamentaria. Es de suponer que este habrá sido el punto dulce que Rajoy haya podido encontrar en la media hora de entrevista. O no, como acostumbraba el gallego a dar media vuelta a una de sus escasas afirmaciones. En todo caso el pedrisco que le ha llovido del cielo, por otra parte tan propio de esta extravagante primavera, quizá haya supuesto el revulsivo que necesitaba para oír desde fuera a uno de los suyos lo que desde dentro nadie parece decirle. Al fin un popular ha hablado de política. Y sin ambages.

A guisa de despedida dejó un amable mensaje: “Cumpliré con mi conciencia, con mi partido y con mi país”. Lo dijo en un par de ocasiones, como para dar ánimos… Y ahí quedó la cosa. En cualquier caso quizá haya abierto un paréntesis. O cerrado.

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