La fragmentación, arma política

Publicado por el may 20, 2015

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imagen de fragmentación

Imagen de fragmentación

Unos y otros se sirven de la hipotética fragmentación de nuestro ruedo político para acarrear votos a su favor. Los unos advierten sobre los peligros que encierra el fenómeno, comenzando por la inestabilidad; los otros lo cantan como el aire fresco que dará vigor al pluralismo latente en nuestra sociedad. Y ahí se quedan denuestos y ditirambos, que no son éstos tiempos de profundizar en nada.

Puestos a analizar cabría empezar por estudiar la capacidad e interés que aquí tienen las formaciones en liza para llegar a acuerdos sólidos de gobierno. Cuando se aducen ejemplos como el alemán  y otros países nórdicos habría que matizar el cuadro con los efectos de la luz mediterránea, cuyo brillo aumenta  las diferencias de colores y texturas hasta hacerlas prácticamente inmiscibles.

El ejemplo italiano es un puro espejismo. Por un lado, las coaliciones siempre fueron frágiles, en medio siglo cayeron y se armaron más de cuarenta gobiernos. Y por otro, allí tienen el Vaticano, que influye lo suyo a la hora de lograr equilibrios.

Aquí no tenemos esa cultura. Felipe González deslizó hace unos meses la idea de un gobierno de coalición entre los dos grandes, al estilo de las Grosse Koalitionen alemanas, y se armó la de Troya, sobre todo entre sus discípulos. Es probable que ahora los más conspicuos reaccionaran de otra forma a la vista de la probable fragmentación del panorama.

Casos hay, como la cohabitación de socialistas y comunistas en el Ayuntamiento de Madrid a raíz de las elecciones locales del 1979 y las más recientes en Andalucía y Asturias, además de los  tripartitos catalanes. Y también hay casos de gobiernos minoritarios con la estabilidad garantizada por pactos de legislatura, caso del Vasco, año 2009, que llevó a la presidencia al partido socialista con el apoyo de los populares.

Pero hasta ahora no han pasado de ser excepciones a una regla que llega a la iniquidad de los cordones sanitarios para aislar a un partido de gobierno como si de un apestado se tratara.

Hoy se publicaba en un diario nacional un apreciable artículo sobre el tema en el que alegaba su autor, citando un estudio ajeno, que los países con sistemas electorales mayoritarios están gobernados por la derecha tres cuartas partes del tiempo, proporción que se invierte a favor de la izquierda en los que tienen sistema proporcional. Y seguía que España, con un sistema proporcional, en la práctica se transforma en mayoritario.

Pero no tanto  en cuanto a la distribución de los tiempos entre los grandes partidos. La realidad ha sido la siguiente: de los 36 años de gobiernos constitucionales, 1979/2015, más de la mitad fueron socialistas, veinte años, por doce de los populares, y centristas los cuatro primeros.

Abogar en este momento por los beneficios de las coaliciones puede ser interesante como ejercicio de mentalización destinado a los líderes de las formaciones, pero ante los votantes no deja de ser un arma electoral más a favor de las bisagras. O veletas.

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