Así se escriben historias

Publicado por el feb 4, 2013

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Hace más de doscientos años T. Jefferson, uno de los padres de la democracia norteamericana, vino a decir que la honradez es más valiosa que un juramento. Juramentos, promesas, protestas y hasta querellas; de nada falta en el escándalo nacional, salvo que la honradez vuelva a tener curso legal en nuestro país.

Todo lo relacionado con la corrupción es viscoso; difícilmente se llega a saber hasta dónde pueda alcanzar. Pero en cualquier caso las gentes honradas han colmado su paciencia y el problema no tiene otro tratamiento que el de la cirugía a corazón abierto. Los buenos propósitos del caiga quien caiga nacen caducados, y las auditorías externas disponen de plazos muy cortos. Vengan las querellas de una vez, y los investigadores actúen con mayor prontitud de la acostumbrada porque esto no puede esperar; ni lo de Bárcenas, ni lo de Pujol, ni lo de Blanco, etc, 

La gente íntegra comprende muchas cosas, incluso sabe disculpar, pero se rebela ante quienes dilapidan el deber de ejemplaridad y gastan lo que no tienen. Y la indignación se torna justiciera cuando se sufren los costes de la crisis y más de un millón de familias malvive fuera del mundo laboral.

La sociedad ha venido mostrando una impavidez enfermiza; hasta ahora pocas cosas parecían sorprender al común, que ha terminado descontando las invectivas entre partidos al sentir embarcados a todos en la misma nave. Esta pasividad ha podido ser letal para el sistema cuya capacidad de regeneración queda así poco menos que en manos marginales. Y también a merced de la propaganda y agitación promovida por los rivales, la vieja técnica del agitprop de la revolución bolchevique, puesta en escena un siglo más tarde por Rubalcaba la víspera de las elecciones del 2004. Él dirigía aquella campaña socialista que sentó a Zapatero en La Moncloa. El jueguecito salió carísimo. Aún lo estamos pagando entre todos.

Los instrumentos con que el Estado cuenta para su progreso y defensa, desde la investigación policial hasta la administración de Justicia, poco podrán si los partidos, todos, no comienzan por sacar a la vergüenza sus propias miserias y toman conciencia de que este es un juego de suma cero. No hay formación política con cierto poder decisorio limpia de la metástasis hecha por esta lacra social. ¿A qué viene tanto fariseísmo?

¿Saben aquella historia del arzobispo que llega a su nueva sede y en el mismo aeropuerto…?

De entre los chicos de la prensa que esperaban sus primeras palabras uno preguntó: -

- “Señor Arzobispo, ¿qué opina de la proliferación de prostíbulos en Nevadada”?          

- “¿Hay muchos prostíbulos aquí?”, contestó inocentemente el recién llegado.            

El titular con que los medios informaron en la mañana siguiente de la entrada del eclesiástico en su diócesis fue: “El nuevo arzobispo pregunta por los prostíbulos”.

Así es como se escriben muchas historias.

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