Antes de cambiarla, cumplirla

Publicado por el Dec 7, 2016

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No era catalán

No era catalán

Bastaría con cumplir la Constitución para resolver buena parte de los problemas que a ella se le achacan, incluso los territoriales. Pero…

Ocurre que hay demasiados agentes empeñados en romper más que la Constitución el propio modelo político de nuestro Estado de derecho. La Constitución les importa un bledo, comenzando por sus principios sustentadores, la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo, y siguiendo por sus derivadas, entre otras la unidad de la Nación, la división de poderes o la democracia representativa.

Es la conjunción de secesionistas, aventureros, ex terroristas y los comunistas a la violeta que andan escaqueados tras la pancarta Podemos, aquel We Can de Obama. No se trata, precisamente, de gentes de probada altura de miras y respeto por los intereses generales de la sociedad en que viven. Son castas que campan a su aire ante una extraña pasividad de la inmensa mayoría que constituye la gente normal.

Los órganos encargados de proteger los derechos y libertades de todos no han actuado con la diligencia y fuerza que la Constitución pone en sus manos. Ni para detener el curso de los sediciosos ni poniendo en su sitio a los desechos corruptos de la sociedad.

Algunos gobiernos hicieron dejación de los derechos que la Constitución pone en sus manos para evitar tumores como la fractura de la Educación escolar que hoy gangrena la conciencia nacional de dos generaciones.

Muchos representantes, desde diputados hasta concejales, miraron para otro lado ante las vejaciones de los asaltantes del sistema de libertades, olvidando la responsabilidad que la Constitución pone en sus manos para la defensa del bien común.

Por no hablar de los académicos que han cerrado ojos y oídos a esa estrambótica moda del sexismo gramatical, vascos y vascas, presidenta y estudianta, etc., olvidando la obligación de respetar y proteger el patrimonio cultural del castellano que la Constitución ha puesto en sus manos.

Demasiada gente de orden con las manos vacías como para no pensar en cómo estaríamos si cada cual hubiese ejercido sus potestades. En pocas palabras: estaríamos en mejores condiciones para corregir lo que realmente necesite una puesta a punto del texto del año 78. Pero…

Pero resulta, por ejemplo, que los puntos a aclarar son precisamente los que no han sido atendidos, comenzando por la conjugación entre la igualdad de todos los españoles con la autonomía de las regiones en que viven; los derechos de todos a conocer su Historia, la de verdad, o una geografía en que el Ebro no sea un río catalán que nace en tierras extrañas y demás estupideces de curas trabucaires.

Tal vez ya sea tarde pero convendría hacer los mejores esfuerzos en cumplir nuestras leyes antes de jugar a los dados sobre ellas. ¿Cómo va a corregirse certeramente lo que aún no se sabe cómo funciona?

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