A la griega

Publicado por el Apr 25, 2012

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Grecia, disturbios.jpg

Los socialistas harán dentro de un mes todo tipo de protestas y disimulos, pero los hechos son como son: llaman a la protesta callejera los dos primeros responsables, digamos que responsables, del partido. La número 2, directamente: a las barricadas el día 29. El número 1 atizando con la cuestión sanitaria las cenizas de la inmigración en paro.

No creo que alguien medianamente informado, y se supone que los llamados responsables socialistas lo están en grado sumo, piense que el Gobierno vaya a salirse a base de movilizaciones del camino emprendido; es decir, a incumplir los compromisos que se ha visto obligado a tomar para poder seguir financiando esta ruina. La apelación a la calle significa la renuncia a la política; su enterramiento.

Esto ya no va de discutir la herencia que han recibido, ni sobre quién es el responsable de la resaca que han dejado aquellos días de vino y rosas. Hechos tan nítidos no ameritan un minuto de discusión. Ni tampoco ponerse a descubrir la fuente de aquel simpático telegrama de la agencia británica Reuters, según el cual medios comunitarios dudaban de que el déficit incurrido por el gobierno socialista en 2011 llegara al 8,5%, como Rajoy avanzó y la UE acaba de ratificar.

Cuando las cosas son como parecen, o parecen lo que son, no conviene dar más vueltas… que para darles vuelta. Pero ayer quedó patente que la minoría que va desde las derechas nacionalistas hasta los comunistas, pasando por las rémoras que viven de parasitar el desencanto, no está dispuesta a dar esa vuelta que la situación requiere. Salvo alguna excepción apuestan por la revuelta, vía que no conduce más que a abundar en el desastre, como tienen probado los griegos hasta las heces.

Claro que el consenso es irrealizable, entre otras cosas porque el diálogo es imposible cuando no se reconocen las posiciones de cada cual, el papel que se ocupa en el parlamento. Pero entre la adhesión y los pies por alto hay una vía intermedia que aliviaría los temores de quienes escrutan nuestra capacidad para gara lo que debemos. Es la abstención, una especie de lavado de manos que salvaría a los opositores de futuras responsabilidades en el fracaso eventual de los gobernantes. Y en todo caso aportaría un plus de seriedad o solidaridad, que en  momentos así nunca vienen mal.

En fin, serán cosas del tropismo numantino.

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