¿Y si el «Guernica» de Picasso no es el que es?

¿Y si el «Guernica» de Picasso no es el que es?

Publicado por el Dec 17, 2018

Compartir

El 26 de abril de 1937, en plena guerra civil española, la ciudad vasca de Guernica fue bombardeada por los ejércitos alemán e italiano, en apoyo al bando sublevado contra el gobierno de la Segunda República. Este hecho inspiró al pintor malagueño Pablo Picasso a pintar uno de los cuadros más famosos de la Historia del Arte, el Guernica (Museo Reina Sofía de Madrid).

A comienzos de ese mismo año, Picasso recibió el encargo del gobierno de la República para realizar un gran lienzo que se exhibiese en el pabellón español de la Exposición Internacional de París prevista para el verano y que se llevó a cabo bajo el tema de «Artes y técnicas de la vida moderna». Cuenta la historia oficial que en abril, a escasos dos meses de la exposición, inmerso en una crisis personal y creativa, el artista no había conseguido resolver el encargo y las noticias del ataque a Guernica actuaron como catalizador y empezó a trabajar febrilmente en el lienzo.

Se dice del cuadro que es una protesta contra la guerra que Picasso comenzó a pintar cuatro días después del bombardeo en una habitación que le facilitó la Delegación de la República en París en la rue des Grands Agustins, muy cerca de los muelles del Sena, no obstante Picasso nunca se comprometió sobre el significado de su obra y prefirió dejarla en el misterio. Después de la clausura de la Gran Exposición de París el Picasso se trasladó a varios países para recaudar fondos para el socorro de la República.

Esa tela para el óleo de 3,49 metros de alto por 7,76 metros de ancho, sirve como chivo expiatorio para encauzar una de las nuevas y trepidantes misiones del agente creado por Arturo Pérez-Reverte, Lorenzo Falcó. Con Sabotaje (Alfaguara) llegamos a la tercera entrega – y de momento la última- de los entresijos de un agente caracterizado al más puro estilo «noir», con un pasado como traficante de armas, y una actualidad como espía al servicio del bando Nacional a las ordenes del Almirante. Un sujeto que podríamos considerar peligroso, que solo es leal consigo mismo y con aquellas mujeres a las que se acerca. Un personaje al que sólo lo mueven las ganas de movimiento, de aventuras en la que suba la adrenalina.

…Por eso, en su opinión, usted se aparta de los afectos como de una enfermedad, sustituyéndolos por la lealtad, que es fía y más fácil de gestionar.
-Vaya… ¿Todo eso les contó el Almirante?
-Más o menos. Y también dijo: «Hay hombres nacidos para mandar y hombres nacidos para obedecer, pero él no el lo uno ni lo otro».

Mujeriego y canalla con una elegancia en el vestir que realza su belleza ante cualquier mujer, se mueve por la ciudad de la luz como un lugareño, entre sus cafés y las galerías más exclusivas, pensando en un firme propósito: hacer tambalear la propaganda intelectual del bando republicano, al precio que sea, y por ello, tiene la misión de infiltrarse entre un grupo de intelectuales que están a favor de la República española y también, ya de paso, «tocar las narices» con el sabotaje del cuadro que está pintando Pablo Picasso. Estos dos factores hacen de esta historia en un texto apasionante y muy entretenido, una soberbia y pautada medición narrativa que no deja un momento a la relajación, por la tensión descriptiva que hay en cada página, además de transcurrir en un momento puntual de la Historia de Europa como telón de fondo, tanto social, militar, como pictórico. Pérez-Reverte aprovecha también para realizar un retrato de un Picasso alejado de su gran don de la pintura y el escritor  pone más el foco en ese pintor interesado en firmar recibos.

Con una gran prosa representativa, Pérez-Reverte abre una ruta por el París de entreguerras, de las vanguardias, de la intelectualidad, del ocio y la noche, en la que se mezclan escritores, intelectuales y artistas comprometidos con la causa (o eso dicen) en la que el lector es llevado de la mano por una trama de espionaje con agentes de la Alemania Nazi, el MI6 británico o los servicios soviéticos de la Rusia de Stalin, con esa doble misión que lleva a Falcó hasta la capital francesa con el objetivo de intentar, de cualquier forma posible, que el Guernica que está pintando Picasso no llegue nunca a la Exposición Universal donde la República pretende conseguir apoyo internacional.

Aunque ya se adivinan en Europa los vientos de la nueva guerra que asolará el continente, la música alegre sigue sonando, y el arte, los negocios, la vida frívola ocupan todavía a intelectuales, refugiados y activistas, el escritor muestra una sociedad parisina que no es crítica y no piensa más allá. Pero Falcó como figura acostumbrada al peligro y a las situaciones límite, se enfrenta esta vez a un mundo en el que la lucha de ideas pretende imponerse sobre la acción. Un mundo que a él le es ajeno -como lo es el arte-, y al que aplicará sus propios métodos.

Una tercera entrega en la que Pérez-Reverte retrata un París bohemio, despreocupado y ajeno a lo que se le venía encima. «Lo más importante de esta novela era recuperar el París de los años treinta. Retratar esa Francia cobarde que se encamina hacia la Segunda Guerra Mundial. Aquí están Hemingway, Peggy Guggenheim o André Malraux, sólo que aparecen de otra forma», dice el escritor. Un París falconiano que lo hace exclusivo y personal, por la riqueza en los detalles en los que se desarrolla cada acción en la que toma parte el agente, generando un ambiente histórico y literario en el que se fusionan ficción y realidad para cerrar una trilogia excepcional e histórica en todos los sentidos.

Sabotaje // Arturo Pérez-Reverte // Alfaguara // 2018 // 20,90 euros

Compartir

ABC.es

Fahrenheit 451 © DIARIO ABC, S.L. 2018

Bienvenido al magnífico y excéntrico mundo del diseño gráfico, a la imaginación de la ilustración, a la puesta en escena de la fotografía, a la pincelada sutil del arte, a la grandiosidad de la arquitectura y todo ello relacionado y puesto en común en ese formato con obsolescencia programada, o no, que es el papel.Más sobre «Fahrenheit 451»

Categorías
¡Sígueme en twitter!

Más sobre «Fahrenheit 451»