Diseño y emociones

Diseño y emociones

Publicado por el Oct 4, 2018

Compartir

«Las emociones son esenciales para la existencia humana; todos nuestros pensamientos, motivaciones y comportamientos se ven enriquecidos e influidos por nuestras emociones. Ignorar este aspecto tan importante en la experiencia con los productos sería tanto como negar que han sido diseñados, comprados y utilizados por seres humanos». Son palabras de Pieter Desmet, que desvelan en la entrevista que aparece en el número (78) de la revista Experimenta la influencia de las emociones a la hora de diseñar y que el diseño influya en el uso y venta de los productos dispuestos para los usuarios. Desmet es profesor en la Facultad de Diseño Industrial de la Universidad de Delft en los Países Bajos y dirige un grupo de investigación que se ocupa de la relación entre el diseño y las emociones. En esta interesantísima entrevista realizada por Eugenio Vega, Desmet nos revela cómo «el diseño cumple algún propósito, y quienes lo practican deben asumir la responsabilidad de desarrollar una visión sobre aquello a lo que quiere contribuir». Afirma que, «en realidad todos los aspectos del diseño, incluida la función, la estética y su impacto sobre la identidad y las actividades del usuario, contribuyen al valor emocional. En ese sentido, el diseño basado en la emoción supone un enfoque integral: sólo ‘sentiremos’ los productos si todos los aspectos directos e indirectos contribuyen a que sea relevante para el usuario».

Cada producto puede dejar una «huella emocional del diseño», para así, destaque y se diferencie en esa gran maraña de la sociedad de consumo actual. El diseño es un intangible que se hace tangible cuando pasa de ser una idea a moldear un producto, a transmitir un mensaje determinado a través de un soporte concreto, para que llegué a cuanta más gente, mejor. El diseño debe cumplir una función principal, que es la de funcionalidad, pero cuando coinciden varios diseños de un mismo producto y que además cubren las mismas necesidades, entonces ahí entran en juego las emociones que participan en las decisiones finales del usuario.

En la nueva entrega de la revista trimestral Experimenta «analiza las reacciones emocionales y comportamientos de los usuarios ante productos, entornos o servicios, desde una perspectiva del diseño emocional» repasando, una vez más, lo mejor del diseño nacional e internacional. A través de entrevistas, reportajes y artículos de opinión, que aportan una perspectiva global y particular del diseño. Esta nueva edición ofrece, a lo largo de sus 142 páginas, una visión de 360º del universo creativo actual. Con entrevistas exclusivas a Shigetaka Kurita, el padre de los emojis; a Nani Marquina, un icono del Diseño Textil; a Alejandro Ros, un referente en la creación de portadas de discos en Latinoamérica; al cofundador de Summa y reconocido, Josep Maria Mir, una voz autorizada del nuevo branding... y mucho más, en un recorrido constructivo e inspirador por el diseño.

Sobre todo ello destaca -además de la nombrada entrevista a Pieter Desmet-, los pensamientos y opiniones del padre del concepto diseño emocional, Donald Norman. Con texto de Luke Chambers y traducido por Vega, el autor de uno de los libros que marcaron un antes y un después en la teoría del diseño, La psicología de los objetos cotidianos (un libro imprescindible), en el que Norman se hace preguntas como ¿por qué los teléfonos modernos tienen teclas que no sirven para nada? ¿Por qué no se sabe, con frecuencia, si para abrir una puerta hay que empujar, o tirar, o si se trata de una puerta deslizante? ¿Por qué es tan difícil entender un manual de instrucciones? En clave de humor analizó los problemas del diseño de los objetos que nos rodean en la vida cotidiana y el tipo de conocimiento que cada uno requiere.

El concepto de experiencia de usuario, que ahora se ha puesto muy de moda en internet, Norman ya lo utilizó en su obra, lo define como «una teoría basada en las necesidades y los intereses del usuario, con especial hincapié en hacer que los productos sean utilizables y comprensibles». Eugenio Vega apunta que «Norman expresaba su convicción de que las emociones desempeñan un papel crucial en la comprensión del mundo y en el aprendizaje». En palabras de Norman «las emociones positivas son tan importantes como las negativas para el aprendizaje, la curiosidad y el pensamiento creativo».

El diseño debe facilitar la utilización de aquello con lo que interáctuamos y debe incitar al consumo de unos productos que viven a la «tiranía» de un mercado voraz en el que se tienen que mover entre objetivos no siempre compatibles. Los objetos llegan expresar unos valores sociales, económicos y culturales que contribuyen a la diferenciación expresando vínculos con el arte en un ejercicio de estética insertando a través del diseño artefactos en la era industrial. «Las razones por las que algo gusta, por lo que se convierte en un objeto de deseo, son de naturaleza subjetiva o, en todo caso, difíciles de sistematizar (…) El diseño se ocupa de ‘dar sentido a los artefactos, de insertarlos en un marco simbólico y emotivo que conforma la interacción social».

Experimenta 78, se convierte así en un número esencial en el entendimiento y acercamiento a uno de los conceptos imprescindible en la teoría del diseño actual. Las emociones como motor de decisiones ante un producto.

El numero se complementa con un gran acabado en su portada -digno de conservar- y se completa con una selección cuidada de los mejores proyectos que vieron la luz en 2018. Diseño Industrial, Gráfico, Social, Editorial… ademas de ilustración, fotografía, reseña de libros…

Experimenta 78 // 9,90 euros

Compartir

ABC.es

Fahrenheit 451 © DIARIO ABC, S.L. 2018

Bienvenido al magnífico y excéntrico mundo del diseño gráfico, a la imaginación de la ilustración, a la puesta en escena de la fotografía, a la pincelada sutil del arte, a la grandiosidad de la arquitectura y todo ello relacionado y puesto en común en ese formato con obsolescencia programada, o no, que es el papel.Más sobre «Fahrenheit 451»

Categorías
¡Sígueme en twitter!

Más sobre «Fahrenheit 451»