…Y viva el humor británico

…Y viva el humor británico

Publicado por el Sep 5, 2018

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Los expertos no se ponen de acuerdo sobre qué es el humor o el sentido del humor. Pero sobre un punto sí que puede haber un consenso: parece algo inherente a cada cultura, como por ejemplo pasa con los judíos o los escoceses, ellos hacen muchas bromas sobre si mismos, pero en el caso de los japoneses, no son muy dado a ello. Por tanto, el humor, las bromas, no son hechas o recibidas de la misma manera en función de en que parte del planeta se desarrollen. Pero ¿hay otro humor? ¿Existe un humor genuino? Yo creo que no hay un modelo único, pero sí que puede haber un humor característico y definitorio como aquel en el predomine la sátira social en una sociedad con un rígido sistema de clases; lo absurdo y lo surreal, en un país que valore el sentido común; el gusto por lo macabro y el humor negro, en una gente que es pragmática y racional. Evidentemente se trata del humor british. Un humor que se adereza con un distintivo toque de excentricidad.

Un lector entra en una librería:
– Lector: Buenas tardes, ¿puede ayudarme?
– Librero: Sí, claro, ¿qué necesita?
– Lector: Verá, el humor inglés me gusta, y quisiera leer libros de otro tipo.

El humor inglés se basa más en la ironía y en el juego intelectual. Los ingleses lo utilizan para llamar la atención, como forma de presumir de un estatus, y poco importa si sea gracioso o no: les ayuda a superar una determinada situación. Su humor revela historias cómicas tradicionales que se pueden basar en unas pretensiones infladas y en caídas en el ridículo. Todos sus personajes fracasan a la hora de cumplir las exigencias más básicas de sus papeles.

El dramaturgo británico, Alan Bennett (1934, Leeds, Yorkshire, Inglaterra) es uno de los máximos exponentes actuales que representa este tipo de humor. El talento especial de Bennett está en la traducción de lo mundano en dramas tragicómicos, y es capaz de emplear con un toque ligero y característico su don para crear un diálogo auténtico para la «gente común» y de su propio entorno, alcanzando una gran habilidad para retratar los modales de las clases medias y altas.

Una de sus novelas cortas forman parte del gran catálogo de Anagrama. Editorial que gracias a su gran editor y fundador Jorge Herralde guarda grandes títulos del humor británico en su haber como Wilt no se aclara, de Sharpe; Relatos de los inesperado, de Roald Dahl; El loro de Flaubert, de Julian Barnes, o Noticia Bomba de Evelyn Vaugh, entre otros.

Bennett, en su obra Con lo puestonarra la turba experiencia de un matrimonio que después de una noche en la ópera, se encuentran la casa desvalijada por unos ladrones. Hecho que en un principio puede pasar por normal dentro de los desafortunado, pero si desaparece también la moqueta, el rollo del papel higiénico, el horno y el asado amablemente programado, es evidente que no se trata de un simple robo. El marido, el señor Ransome es un abogado londinense acomodado y pedante que tiene todo el derecho a pensar en una burla del destino o en una nueva fórmula, más bien desorbitada, tipo cámara indiscreta. Turbados por una realidad cruel y demencial, el abogado y su apagada mujer, Mrs. Ransome, tienen que afrontar un rompecabezas de cómico suspense, del cual salen disparados, como de una caja de sorpresas, turbulentos golpes de escena y personajes que hacen un poco más delirante el relato.

Cuando el lector no está muy seguro de lo que se está parodiando, al final de sus páginas reconocerá la intención de esta parodia social y matrimonial. En el fondo trata de crear notables discrepancias, más allá del estilo expresivo de cada uno o de cada cultura, de provocar un estímulo de la risa en la percepción de que otro actor social ha incumplido su papel dentro del teatro de la vida cotidiana, el papel que el matrimonio Ransome se ha creado o que la sociedad le ha impuesto, que podemos denominar de unas personas normales. Es decir, cada vez que una persona incumple este código, se produce una ruptura susceptible de causar hilaridad. Y hay normas de comportamiento que son comunes a muchas sociedades.

El principio de la incongruencia, en el humor, es universal. Uno siempre se ríe de lo imprevisto y Bennett nos invita a ello en Con lo puesto. La cuestión es romper el tabú y salir de la rutina establecida o creada, de la que Bennett hace replantearse su vida a Mrs Ransome tras esa ausencia de lo cotidiano que la rodeaba en su día a día y, por ende, difíciles de abstraerse de la situación específica en la que ocurren.

El humor de Bennett va más allá, porque tal vez sí que se pueda entender, incluso en lenguas que no son tan similares al inglés y lo hace funcionar bien por  la empatía que generan sus personajes. Porque esa empatía no depende de la broma en sí. En Con lo puesto no hay que entenderla, sino hay que sentirla, y al final, con el humor, el escritor conecta con el lector. Sin espacio para el ego característico del humor británico, combina la autocrítica con una dosis de sarcasmo discreto en una perfecta sincronización y casi siempre con un humor seco que hace que te preguntes si en realidad es un broma (o no).

Yo creo que al final todos nos reímos igual y lo único que puede cambiar es el discurso narrativo o el momento histórico en el que se produce y si quitamos importancia a nuestros fracasos, a fin de parecer más humildes, accesibles y cercanos, no habrá espacio para situaciones incómodas, la torpeza y los momentos embarazosos que son muy usados como material para la autocrítica. Por eso recuperar esta obra de Bennett es esencial para pasar un buen rato y replantearse además muchas más cosas que van más allá del mero sentido del humor.

Alan Bennett ha tenido una carrera fantástica hasta la fecha. Bennett es extraordinariamente prolífico. Ha escrito casi 50 obras de televisión, más de 20 obras de teatro y 13 películas, y ha publicado más de 30 libros. Por esto, ha ganado más de 30 premios, incluidos cinco Laurence Olivier Awards, dos Baftas, cinco Evening Standard Awards y cuatro British Book Awards, entre otros.

Con lo puesto // Alan Bennett // Anagrama // Traducción de Jaime Zulaika // 11 euros // 2006

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