Nueva colección de Siruela: lecturas medievales

Nueva colección de Siruela: lecturas medievales

Publicado por el Jun 28, 2018

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Durante mucho tiempo se pensó que la Edad Media fue una época oscurantista y prácticamente desprovista de manifestaciones artísticas que no obedecieran a un pensamiento único y religioso que dominaba, y al que tenían acceso y moldeaban unos «privilegiados». Esto se debía a que la Iglesia como institución se convirtió en protectora del saber europeo, protegiendo libros y obras de arte de las invasiones bárbaras, pero luego controlando el acceso del pueblo a la lectura y a los libros. Debido a la fuerte influencia en el control social de la religión en las sociedades de la época, a la literatura se le exigía que fuera un vehículo de contenidos morales, éticos y didácticos del cristianismo, por lo que a menudo era una literatura controlada. Sin embargo, estudios posteriores han demostrado que hay mucho más que solamente literatura cristiana.

No podemos ubicar el inicio de la Edad Media de una manera muy exacta ya que no nace, sino que «se hace» a consecuencia de todo un largo y lento proceso que se extiende por espacio de cinco siglos y que provocó cambios enormes a todos los niveles sociales de una forma muy profunda, que incluso repercutiría hasta nuestros días. Podemos considerar que ese proceso empieza con la crisis del siglo III, vinculada a los problemas de reproducción inherentes al modo de producción esclavista, que necesitaba una expansión imperial continua que ya no se producía tras la fijación de las fronteras romanas. Posiblemente también confluyeran factores climáticos, malas cosechas y epidemias; y de un modo mucho más evidente las primeras invasiones germánicas y sublevaciones campesinas, en un periodo en que se suceden muchos, breves y trágicos mandatos imperiales.

Desde el punto de vista literario, la literatura medieval abarca los primeros textos en los que predomina el romance y las coplas juglarescas, con una influencia marcada por lo popular y lo rural, y su contrapartida religiosa, para luego pasar, justo antes del renacimiento, al afianzamiento de la burguesía y sus nuevas formas de concebir la sociedad y el mundo. Sin embargo, hay muchas otras obras que escapaban de esta estigmatización rural y religiosa, retomando tradiciones latinas o paganas y recreándolas de una forma más libre y creativa. Uno de sus problemas fue que muchas de estas obras no eran escritas y no hubo buena forma de conservarlas.

La editorial Siruela lanza una nueva colección de literatura medieval -heredera de la magnífica clásica Biblioteca Medieval-, con Lecturas Medievales. Inauguran con la primera traducción al castellano de una obra de incuestionable valor para el conocimiento de las supersticiones durante la Alta Edad Media, Sobre el granizo y los truenos.

Siruela, es una eminencia en literatura medieval. En su catálogo siempre han estado textos de una calidad literaria extraordinaria con autores como Geoffrey ChaucerChrétien de TroyesSir Thomas Malory Dante AlighieriGuido Cavalcanti, entre otros, que han sido claros exponentes e influenciadores de toda literatura posterior. Textos entre los que se puede disfrutar de esa literatura caballeresca como una forma de ficción en que convergían los valores y símbolos cristianos con el imaginario fantástico pagano, a menudo representado bajo formas monstruosas y villanas.

Con la edición, introducción y traducción del latín de Sobre el granizo y los truenos que ha corrido a cargo del profesor de la Universidad de Barcelona Juan Antonio Jiménez Sánchez, se «reinagura» un nuevo panorama en la edición española actual.

Su autor fue Agobardo, obispo de Lyon (España, 779-840), uno de los escritores y prelados más insignes del Imperio carolingio. Denunció el culto a las imágenes, la consagración de templos a los santos y las prácticas litúrgicas sin base bíblica. En 813 fue elegido obispo de Lyon. Se erige como una de las figuras más destacadas del Reino franco y como uno de los principales exponentes literarios del denominado Renacimiento carolingio. Sobre el granizo y los truenos constituye un testimonio directo y vivaz de una superstición que, a inicios del siglo IX, se hallaba aún presente en el Occidente latino: la existencia de los tempestarios, individuos capaces de desencadenar tormentas.

El texto trata desde la remota región de Magonia, navegando sobre las nubes, arribaban barcos cuyos tripulantes recogían los frutos derribados por el granizo y, en pago, entregaban a los tempestarios preciosos regalos.

Agobardo, de espíritu tan religioso como extraordinariamente racional, pretende con este opúsculo desmontar la creencia popular de sus feligreses, apoyándose tanto en la autoridad de las Sagradas Escrituras como en un inusitado razonamiento lógico.

Lecturas Medievales, es una nueva colección muy interesante, de obligada lectura para entender un tiempo pasado y así poder entender mejor el tiempo presente que vivimos, ya que muchas influencias literarias vienen de dichos tiempos, por tener en la mayoría de las obras medievales la evidencia de ese orden feudal dominante sobre la sociedad en que nacieron, por ejemplo, exaltando la fidelidad de los caballeros andantes a un rey o un señor. Esto, si nos paramos a pensar sigue ocurriendo.

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