El significado de la imagen a través de su historia

El significado de la imagen a través de su historia

Publicado por el Feb 26, 2018

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Una imagen puede ser definida de múltiples formas: como figura, representación, semejanza y apariencia de algo, como reproducción de una figura de un objeto o pintura. La imagen es una recreación de la realidad a través de elementos imaginarios fundados en una intuición o visión de un artista que debe ser descifrada. También podemos definirla como aquella representación materializada en papel y ejecutada por un aparato que es capaz de atrapar la luz ambiental.

Por lo tanto, el significado de imagen es algo que está muy abierto, no como representación pero si como interpretación. David Hockney (1937) uno de los artistas contemporáneos mejor conocidos por el público y más aclamados por la crítica y Martin Gayford crítico de arte de The Spectator y autor de reconocidas obras sobre Van Gogh, Constable y Miguel Ángel. Han unido su conocimiento y su forma de entender el arte y las imágenes que lo componen en una descomunal y magnífica obra de arte en forma de libro con: Una historia de las imágenes (Siruela). Un libro elocuente, inteligente y sobre todo con mucho arte. En el que estas dos máximas figuras del sector artístico dan a conocer en dos voces lo que significa el arte y sus imágenes.

En el libro, cuentan la historia y su evolución de la creación de imágenes a través de los ojos de alguien que las crea y de los de un escritor fascinado con cómo eran. A través de un colosal, panorámico y mítico recorrido por la historia del arte, la conversación llevada a cabo en el libro por los dos autores muestra un magnífica representación heredada de toda tradición de representación visual, de elementos que autentifican aquello que vemos, medidos por unos valores culturales y artísticos como la verdad, la memoria y la identidad de una época.

Cuentan Hockney y Gayford que toda imagen está sometida a interpretaciones, estudios y aclaraciones, ya que desde que se tiene conocimiento y conciencia de su existencia ha sido un claro exponente de representación de una realidad determinada. Toda imagen es el relato de una mirada sobre algo. La imagen es muy antigua más que el lenguaje. Es un testimonio que funciona desde la antigüedad y por lo tanto tiene unas reglas, presentando una perspectiva personal de la realidad.

La historia de las imágenes supera los límites habituales entre las culturas mayor y menor, las imágenes en movimiento (cine) y las fijas (fotografía), incluso las buenas y las malas, todas se nutren y se influencian constantemente. El mensaje de la imagen es la propia imagen, una experiencia que puede ser entendida como emoción intensa y refinada. Pero ¿qué muestran las imágenes? ¿Realidad o ficción? ¿Verdad o mentira? Lo bidimensional es la esencia de la imagen, que trata de representar tres dimensiones. Todas las imágenes están hechas desde un punto muy particular. Todo texto es ficción en alguna medida, ¿cómo no? Lo mismo sucede con las imágenes. Ninguna de ellas representa sin más la realidad, buscan plasmar un espacio, un tiempo, una ideología, un hecho.

Son las imágenes las que nos hacen veer las cosas. Las necesitamos, son necesarias en nuestra imaginación, pero antes hay que tener algo puesto sobre una superficie. Las imágenes llevan no menos de 30.000 años ayudándonos a ver. Pueden ser una especie de espectáculo, un alarde de habilidad. Crear imagen de algo le añade importancia a lo representado. Porque el lenguaje a través del que se expresan como puede ser la pintura, el cine, la fotografía busca una emoción enormemente intensa y refinada, porque el lenguaje del arte es emoción, pero no la emoción en estado bruto tal como la experimentamos en la vida, sino otro tipo de emoción: la emoción estética, que está hecha en igual medida de intelecto, ingenio, imaginación, misterio, placer y compasión.

El principal motivo por el que las imágenes – y otras cosas- sobreviven es que le gustan a alguien. Hay imágenes realmente memorables, pero no sabemos qué las convierte en tales. Si lo supieramos, habría muchísimas más. Toda creación de imágenes se basa en nuestra capacidad de ver algo como otra cosa. Y al trazo ¿qué convierte un trazo en algo interesante? El movimiento. Las líneas tienen su velocidad y se ve, sea muy rápida o muy lenta. Por eso nos atraen los dibujos que muestran sus trazos y los que no lo muestran no son atractivos. Necesitamos el trazo.

Todas las imágenes son máquinas del tiempo de una u otra forma; es decir, condensan la apariencia de algo -una persona, una escena, una secuencia- y la preservan. Hacerlas lleva un cierto tiempo, y también lo lleva el observarlas, lo cual varía de un segundo a toda la vida. Son memoria de una época determinada que servirá y sirve para el estudio y profundización en aquellos costumbres pasadas o actuales en las que se desarrolla la vivencia y creencia de las personas que se componen de ese contexto histórico.

En la actualidad estamos rodeados y bombardeados por imágenes. Ahora todo es imagen y más con los últimos dispositivos tecnológicos todo es susceptible de ser captado e inmortalizado. Por lo tanto las imágenes pueden hacernos ver cosas que podríamos no percibir sin ellas. Seguimos viviendo una época en que a través de esa creación innumerable de imágenes que no dicen ser arte, sino la realidad; sin embargo, el concepto de “realidad” es escurridizo, porque no es externo a nosotros. Aprendemos sobre el mundo viendo imágenes, pero de un tipo concreto: proyecciones ópticas que nos ofrecen “ideas de cosas externas”, es decir, representan la realidad.

En definitiva, Una historia de las imágeneses una antología monumental de la historia del arte, en una edición cuidada tal cual como si fuera catálogo de una gran exposición, tiene el valor añadido de la perspectiva de un artista contemporáneo que forma parte de ella sacando el máximo partido de sus reflexiones junto al crítico refutado. Un recorrido enriquecedor que nos lleva desde aquellos artistas que utilizaron las imágenes conseguidas con la habitación oscura en la que proyectaban sus composiciones, generando retratos casi hiperrealistas pasando por la interpretación y el estudio del arte, hasta pasar por la creación definitiva de la fotografía y el cine. Una obra que está en lo didáctico casi a la altura de la Historia del Arte de E.H. Gombrich; de una gran excelencia secuencial indudable que caracteriza una variedad difícil de definir por la unidad que sostiene. El libro hace de voz verdadera de un centro conformador en el que el arte es el eje principal y en su órbita se encuentran la fotografía y el cine y/o toda creación visual. Un libro que ayudará a entender mucho mejor el arte y todo aquello que ha surgido a través del arte.

Una historia de las imágenes // David Hockney, Martin Gayford // Siruela // Traducido por Julio Hermoso // 2018 // 48  euros

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Bienvenido al magnífico y excéntrico mundo del diseño gráfico, a la imaginación de la ilustración, a la puesta en escena de la fotografía, a la pincelada sutil del arte, a la grandiosidad de la arquitectura y todo ello relacionado y puesto en común en ese formato con obsolescencia programada, o no, que es el papel.Más sobre «Fahrenheit 451»

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