Un cómic de gran talento

Un cómic de gran talento

Publicado por el Nov 2, 2017

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La obligación que alguien tiene de pagar, satisfacer o reintegrar a otra persona algo, que por lo común suele ser dinero, es lo que generalmente conocemos con tener una deuda. Una obligación moral de las personas contraída entre ellas o con personas jurídicas y que han causado más de un disgusto a miles de personas. También se encuentran esas personas que prestan dinero a otras, y luego se lo reclaman con intereses muy pero que muy altos. Intereses que pueden ser no solo económicos. Este tipo de personas las conocemos como los prestamistas, unas figuras míticas que aparecen con asiduidad en el género cinematográfico. Me viene a la memoria Rocky, la película de Silvester Stallone que lo lanzó a la fama, en la que interpreta un personaje al principio del largometraje, que se dedicaba a cobrar a trabajadores utilizando algo más que la palabra, aunque como él decía, “lo siento no quiero hacerlo, pero debo romperte un dedo”.

El dibujante Martín Romero (Xión, A Coruña, 1981) formado entre Lugo y Barcelona y que empezó bregándose en fanzines y publicaciones alternativas en las que desarrolló un estilo pronto reclamado por revistas profesionales como Tretzevents, Vanidad o Vice, publica otro cómic llamado La deuda (Ediciones La Cúpula). A través de un personaje, ausente prácticamente de palabras, llamado Benjamín Castaño. En este relato gráfico nos retrata lo que puede ser la vida desde un punto de vista cruel, en el que un perdedor como Castaño, no ve salida para poder pagar esa deuda que tiene contraída ya que, en principio, está pasando una mala racha. Su situación económica es más que precaria, en lo sentimental vive una circunstancia lamentable y socialmente es un mero espectador de su entorno del que no llega sentirse integrado.

Benjamín ha sido cómico de escenario, aunque él se toma muy en serio su profesión y prefiere ser considerado un “emprendedor del humor”, pero han llegado los jóvenes con sabia nueva que lo desbanca de una situación, aunque nunca fue muy buena, pero a la que ya no puede acceder a un sector del que se considera muy partícipe. No cabe duda, que lo de Benjamín Castaño es un verdadero drama. Y lo peor tal vez esté por venir.

Romero consigue crear un obra reveladora y de protesta sobre una sociedad algo despiadada. Una historia en blanco y negro de tintes dramáticos y de género negro, desde un punto de partida con el primer capitulo, en que se suceden planos y viñetas con ausencia de textos al más puro estilo cinematográfico, pudiéndose apreciar cada detalle de cada plano e incluso hace que el lector empiece a sumergirse tanto en la historia, en la que el autor ha ido creando esa expectativa por lo que va a pasar, incluso se puede escuchar la sartén que utiliza Castaño para hacerse una especie de comida, viendo así la miseria en la que está viviendo este pobre individuo. Además con un final en el que se aprecian ciertas ganas del roce con el ya mencionado género negro, pero el de los buenos, es decir, el de los clásicos, que hace cerrar la historia cotidiana de un personaje que es un perdedor casi casi en su totalidad.

Tener obligaciones diarias que, como la del rezo de los sacerdotes, hay que cumplir de nuevo cada día. Inspirado en una actualidad social en la que un cobrador del frac algo muy característico no se separa de nuestro protagonista. Una historia de un ocaso. Un cómic de gran talento.

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Bienvenido al magnífico y excéntrico mundo del diseño gráfico, a la imaginación de la ilustración, a la puesta en escena de la fotografía, a la pincelada sutil del arte, a la grandiosidad de la arquitectura y todo ello relacionado y puesto en común en ese formato con obsolescencia programada, o no, que es el papel.Más sobre «Fahrenheit 451»

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