Arlés, Van Gogh y su locura

Arlés, Van Gogh y su locura

Publicado por el Sep 19, 2017

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Entre calles estrechas dónde fluye como el agua, las personas que las transitan se sumergen en la vida más que ajetreada de la ciudad en dónde se esconden un impresionante número de monumentos incluidos en la lista de la Unesco del patrimonio mundial. La ciudad situada en el sur de Francia en concreto en la antigua provincia francesa de Provenza es Arlés. De unos 52.000 habitantes, se acomoda a orillas del grandioso Ródano, sobre un promontorio, ajustada por las antiguas murallas romanas. Arlés es una ciudad de luz, de fiesta, llena de restaurantes y tiendas que muestran el saber hacer y la artesanía de la comarca.

Hay poderosas razones para visitarla, como la que tuvo el gran pintor holandés Vincent Van Gogh. Allá por 1888 se instaló, un Van Gogh algo enfermo buscando un aire más limpio que el de la ciudad de París y lo que encontró -además de mejorar algo su estado de salud- fue el color y la luz que ya vio en los artistas japoneses, por lo que ya no necesitaba esas estampas japonesas que le inspiraban tanto, y como él mismo reconoció en una carta dirigida a su hermana: «Aquí no me hace falta para nada el arte japonés, porque me imagino estar en el Japón y nada más necesito abrir los ojos y ver lo que tengo delante». Sus primeros cuadros en Arlés fueron típicamente japoneses.

El artista consideraba la naturaleza del sur de Francia tan extraordinariamente bella, que afirmaba que no podía pintarla tan bella como era, y que lo absorbía tanto, que sólo se podía dejar y pintar y pintar; comenzando así un periodo muy intenso y muy fecundo. Durante los 15 meses que residió en la ciudad pintó nada menos que 300 cuadros, algunos de ellos tan famosos como la Noche estrellada y el Café de noche.

En este contexto paisajístico, la ilustradora holandesa Barbara Stok (1970), a través de su obra Vincent (Salmandra) nos traslada a ese luminoso Arlés que descubrió Van Gogh. Stok representa a un Van Gogh cercano al lector, produciendo así un personaje entrañable lleno de sueños y franquezas, todo ello envuelto en un dibujo sencillo pero lleno de detalles y guiños a la obra del artista, como la reproducción que hace en una de las viñetas de la obra del famoso cuadro El dormitorio en Arlés, que representa el dormitorio del pintor durante su estancia en la ciudad francesa en concreto en el número 2 de la Place Lamartine en la conocida como la Casa Amarilla, obra en que se aprecia esa fuerte perspectiva, con la típica leve torsión, propia del pintor y que reflejaba así sus ideas sobre la pintura.

El pintor se instala primero en el hotel-restaurante Carrel (calle de la Cavalerie, 30), en la época el barrio de los burdeles, antes de alquilar una parte de la Casa Amarilla dónde instala su estudio. Van Gogh recorrerá a pie la región y pintará paisajes llenos de luz, escenas de la vida del campo (las cosechas), los girasoles, retratos,…

La novela gráfica está muy bien estructurada, en ella, podemos disfrutar y conocer esa turbulenta vida de Vincent, en la que el tiempo era el principal factor a aprovechar por el artista, ya que el periodo que estuvo fue breve pero intenso, en su afán de crear una asociación de artistas en la que poder reunir a su gran amigo Gauguin junto con otros personajes del gremio para vivir y trabajar consagrados a su arte.

Todo ese afán ya sabemos como acabó, sin embargo, la enfermedad mental y los frecuentes ataques que lo dejaban confundido y desorientado, y que desembocarán en el famoso incidente de la oreja, impidieron que ese sueño se convirtiera en realidad. La historia se cierra con la relación del artista con su hermano y mecenas Theo, que lo acompañó y cuidó de él al final de su vida.

Barbara Stok invirtió más de dos años en crear esta genial obra y eso se aprecia en la narración y en lo detalles gráficos de cada viñeta, estando muy bien encajados a lo largo de la narración, y sobre todo, perfectamente complementados con los colores utilizados en cada una de las escenas, un claro referente a las pinturas de Van Gogh. Se nota que detrás ha habido un gran trabajo de documentación, ya que relaciones como la que mantenía con su hermano Theo y sobre todo con Gauguin, eran difíciles de retratar y transmitir tanto de forma visual como escrita. Por un lado se llevaban bien (Gauguin Y Van Gogh); pero por otro chocaban, una relación que primero fue cercana y luego tortuosa, y se considera que esa marcha de Gauguin de Arlés fue la que provocó que el pintor de El dormitorio en Arlés se cortara la oreja izquierda, para más tarde ingresar en una sanatorio e intentar curarse de los ataques que sufría.

Vincent, ha sido la creación más internacional de Stok (tiene diez libros publicados) además de traducida a quince idiomas, convirtiéndola en la novela gráfica más difundida de los Países Bajos. Es en definitiva, una novela gráfica bella y con un ritmo rápido, y eso combinado con la obra de arte y la vida de un pintor, llena de color y personajes la historia que acerca a un pintor incomprendido en su tiempo a un tiempo en el que no necesita presentación alguna su gran obra. Además guarda -la novela gráfica- un verdadero reto que ha superado con creces: el de encontrar un equilibrio adecuado entre la representación de un pintor, su obra y su biografía con un estilo narrativo claro y eficaz, por lo que Stok hace un trabajo brillante y simpático al pintar al artista, ya sea relajado trabajando en sus cuadros sentado en medio de los campos de trigo y los girasoles de Arles, o dañado por la locura.

“Vincent” // Barbara Stok // Salamandra // 2017 // 144 páginas // 17 euros

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