La hija de James Joyce

La hija de James Joyce

Publicado por el abr 18, 2017

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Los hijos marcan la vida de aquellos que han podido tenerlos y criarlos. Una vida que se va moldeando día a día por parte de los padres y de su entorno, y seguramente, llegará a influenciar en el crecimiento tanto físico como mental de esas criaturitas que vienen totalmente indefensas a este mundo, y que nuestro sentido de protección trata de envolverlos para que nunca les pase nada. Pero una vez que van creciendo, ciertas figuras paternas -en algunos casos- se van convirtiendo en autoritarios, déspotas, tiranos e incluso dominantes sobre ellos, anulándolos casi completamente.

Mary M. Talbot, hija de James S. Atherton, escritor irlandés que amó y estudió de forma exhaustiva a James Joyce y redactó su reseña para la Enciclopedia Británica, fue uno de esos padres en permanente erupción, hosco, irritable y que sustituyó los gritos por el sarcasmo cuando su hija creció. Mary M. Talbot, es bien conocida como una gran investigadora británica de prestigio internacional. Ha publicado varios libros sobre lenguaje, género y poder, especialmente en relación con los medios y la sociedad de consumo. Se ha dedicado durante más de veinticinco años a la educación superior y en la actualidad  forma un gran equipo con su marido el gran dibujante Bryan Talbot en la realización de diversas obras llevadas al cómic.

En 2012 publicó La niña de sus ojos (Ediciones La Cúpula)  -primera obra de Mary M. Talbot, más tarde escribió La Virgen Roja (Ediciones La Cúpula)-, y este año 2017, la editorial recupera esta vibrante y cruda novela gráfica que ha merecido los elogios del mismísimo Joe Sacco:La niña de sus ojos es doblemente agradable para el entretejido magistral que la escritora Mary M. Talbot realiza de las dos relaciones padre e hija, y el igualmente brillante dibujo de Bryan Talbot, quién me han transportado hacia adelante y hacia atrás entre la descarnada posguerra de Gran Bretaña y la alegría del París de los años veinte y treinta del siglo XX. Éste es uno de los mejores esfuerzos de colaboración que he visto en el medio del cómic”.

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Todo parte por  el encuentro casual de un carnet de su “frío, loco y pavoroso padre”. A partir de ahí salta una explosión de recuerdos. Atherton era un hombre difícil, obsesivo, cuyos intereses académicos lo eran todo. Talbot cuenta que estaba muy a menudo encerrado detrás de la puerta del estudio en la que se oía el repicar de su máquina de escribir “tap, tap, tap”. A veces, él era divertido y poético, al igual que su héroe literario (Joyce). Pero otras, especialmente si era interrumpido, parecía que iba a explotar. 

El relato gráfico combina a la perfección tres líneas de tiempo, empleando de forma magistral el flashback y separando la estructura narrativa gráfica de manera brillante y muy eficaz, que hace dar esos saltos sorprendentes al lector, yendo de una historia a otra en paralelo, sin perder un ápice de las relaciones familiares proporcionado Bryan Talbot algunos de los dibujos más bellos y conmovedores de su carrera. Separa la acción con el blanco y negro en el París de los años 30 años; los tonos sepia para la Gran Bretaña de posguerra; y a todo color para el día de hoy. Unas líneas de tiempo que me atrevo a calificar de: más pasado – pasado – presente; en dónde Mary M. Talbot recrea su historia como hija y, en paralelo, la biografía de Lucia Joyce -hija del genial escritor James Joyce- que no siguió los pasos de su padre ya que su vocación fue por otros derroteros artísticos, el baile.

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Lucia Joyce fue una prometedora coreógrafa e intérprete. Estudió ballet en su adolescencia, llegando a merecer practicar con la famosa bailarina Isadora Duncan. Pero su carrera se truncó por las continuas mudanzas y viajes entre Londres y París de la familia Joyce. Incluso la autora deja ver que la enfermedad mental que sufrió Lucia fue por esa dinámica errante de no poder practicar finalmente su vocación artística del baile.  Aunque Joyce estaba apasionadamente dedicado a su hija, el escritor determinó finalmente que era más adecuado para Lucia que se dedicase a la encuadernación, en lugar de al baile. Lucia empezó a mostrar síntomas de enfermedad mental en 1930, hacia la época en que conoció al escritor Samuel Beckett, que trabajó como asistente de su padre; detonando una historia de amor fugaz ya que Beckett, tras la enfermedad de ella motivó su alejamiento.

La niña de sus ojos indaga en ese desplome psicológico de Lucia Joyce, en la atmósfera errática de la familia, en la existencia que oscilaba entre la estrechez económica y el derroche, las patadas a ciertas convenciones de la época (James y Nora se casaron cuando estaban a punto de ser abuelos). Lucia era la hija relegada, la niña de papá sin derecho a vida propia, la estrella fugaz que se esfumó en un universo de manicomios y residencias siniestras en las que pasó unos 40 años.

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Las ambiciones frustradas y la tragedia personal se comparan en estas dos historias paralelas en los sentimental, y evocadoras por la narrativa visual atmosférica de cómics creada por el premiado Talbot, pionero de la novela gráfica. Producido a través de una intensa colaboración, rara vez vista entre escritores y artistas, el relato es inteligente, divertido y triste. Además un claro ejemplo de la evolución del género de las memorias gráficas. 

Ambos relatos se hacen con elegancia. Bryan Talbot tiene un buen ojo para ensalzar los detalles reveladores siendo una habilidad importante si se está trabajando en los cómics. Esta habilidad hace que las conexiones históricas se conviertan en una excelente memoria gráfica y sorprendentemente original, que vincula dos vidas de una manera altamente imaginativa … Una joya de un libro. 

“La niña de sus ojos” // Mary M. Talbot y Bryan Talbot // Traducción: Lorenzo F. Díaz // Ediciones La Cúpula // 2017 // 14 euros

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