En busca de la verdad periodística

En busca de la verdad periodística

Publicado por el mar 31, 2017

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El 9 de octubre de este año 2017 se cumplen cincuenta años de la muerte de uno de los personajes históricos más revolucionarios y que dejaron su huella -para bien o para mal- en muchas conciencias y luchas por un modelo ideológico. En una vieja escuela de escasas aulas en La Higuera (un pequeño pueblo de Bolivia). Después de ser herido de bala en su pierna izquierda y hecho prisionero durante el combate de Quebrada del Churo. Aproximadamente a las 13.00 horas, el sargento Mario Terán alzó su carabina M1 y disparó repetidas veces a Ernesto Guevara (1928-1967) -más conocido como el Che-, el hombre que llevaba meses combatiendo junto a un grupo guerrillero en el país boliviano y al que se había dado orden de matar tras su captura en batalla. Oficialmente, la mano ejecutora del asesinato del «Comandante» fue este suboficial. Sin embargo, tras ella había otras tantas.

Existen dudas y versiones contradictorias sobre cómo fue realmente su ejecución, y el grado de apoyo que la decisión tuvo por parte de Estados Unidos. El 9 de octubre por la mañana el gobierno de Bolivia anunció que Ernesto Guevara había muerto en combate el día anterior. Simultáneamente llegaron el coronel Joaquín Zenteno Anaya y el agente de la CIA -gracias al cual se logró capturar al Che-, Félix Rodríguez. Poco después del mediodía el presidente Barrientos dio la orden de ejecutar al Che Guevara. Pero lo cierto es que, tal como está registrado en el propio informe secreto de Félix Rodríguez, la Agencia de espionaje estadounidense estaba presente en dicho lugar. Fue el agente Rodríguez quien recibió la orden de fusilar a Guevara y quién la transmitió a los oficiales bolivianos, así como fue él también quien le comunicó al Che Guevara que sería fusilado. Antes del fusilamiento, Félix Rodríguez lo interrogó y lo sacó del aula para tomarle varias fotografías, las últimas en las que aparece con vida. Mandó a Terán que cumpliera la orden diciéndole que debía disparar al Che por debajo del cuello porque tenía que parecer muerto en combate.

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También son muchos los partidarios de la opción en la que se dice que Fidel Castro colaboró en la muerte del Che. Tanto de forma pasiva (denegándole la ayuda a él y a sus guerrilleros cuando estos combatían en Bolivia) como activa. Y es que, en palabras de algunos investigadores como Eric Frattini o personajes implicados en el suceso como el mencionado Félix Rodríguez, el futuro líder de Cuba tuvo la oportunidad de liberarle, pero se negó a ello. ¿Una gran traición? ¿Una gran mentira? Con la muerte de Fidel, el misterio se vuelve a tornar difícil de resolver.

Bajo este trasfondo histórico Morten Hesseldahl y Henrik Rehr, guionizan y dibujan “El otoño cubano” (Ponent Mon). Una trama trepidante en torno al hito de la muerte del Che. Desde la perspectiva del corresponsal danés Jan Stage fallecido en 2003, comienza la historia con la muerte del periodista durante la visita de su editor, pues es este quién hará parte iniciadora de contar una historia tal cómo se la contó el propio Jan. A través de un flashback que recupera la infancia del periodista, nos permite contextualizar una figura como la del trepidante periodista Jan, que va en busca de la verdad periodística. Desde ese comienzo en el que el periodista empezó a visitar zonas de guerra, significaba una etapa de desarrollo que se fue transformando en un cinismo derrotista hacia esos ideales originales (pertenecía a las juventudes comunistas), que durante muchos años consideró que se había producido durante el trabajo en zonas de guerra. En su viaje en 1963 a Cuba conoció de forma misteriosa al Che y sumándose de forma secreta a su causa.

América fue para Jan su casa hasta mediados de la década de 1970 cuando regresó a Dinamarca. Viajaba como corresponsal, en primer lugar para la Información y más tarde para Politiken. Viajó a los puntos conflictivos del mundo y escribió crónicas de guerra, entre otras, de la guerra civil en el Líbano, donde estuvo en el frente durante varios años. 

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Morten Hesseldahl y Henrik Rehr, no revelan ningún secreto, pero si consiguen realizar una estructura narrativa gráfica adecuada, con un dibujo apropiado que trata la muerte del Che de forma alegórica, poetizando una barbarie que no debe sufrir nadie, tenga el pensamiento que tenga. Un dibujo no exento de detalles, que nos transporta en blanco y negro a esas fechas revolucionarias en las que el Che fue abandonado a sus suerte y en donde en ese afán por llegar a formar parte de la revolución por parte Jan, hace que se convierta en “testigo” de una de las capturas más famosas en la historia contemporánea.

Testigo en primera línea de la Revolución cubana y sus consecuencias posteriores. Una obra escueta, reducida a su máxima expresión, que consigue contar muchas cosas en tan poco espacio (80 páginas en un formato de 170 x 240 mm). Historias de idealismos que mueren, de revoluciones que se desvanecen, de sueños que se convierten en pesadillas, de una infancia (la de Jan) dura y rebelde. Y poder contarla a través de uno de los grandes dogmas de Jan: asegurarte de que la historia sea verdad y dejar que la realidad se encargue de las mentiras. Añadiendo así más incertidumbre a la captura y a las últimas horas previas a la ejecución del Che.

“El otoño cubano” // Hesseldahl & Rehr // Traducción: Carolina Smith de la Fuente // Ponent Mon // 12 euros

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