Lo que pudo ser y no fue

Lo que pudo ser y no fue

Publicado por el Jan 16, 2017

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Mucho se habla y se estudia sobre las influencias que reciben o buscan los artistas para llegar a un estilo y diferenciación que les lleva a plasmar en su vida, y en consecuencia para su obra. Una obra a través de la cuál, intentan expresar y manifestar su especial visión del mundo que les rodea. El pintor, por ejemplo, entiende y transmite su visión e interpretación de la realidad a través de sus lienzos como soporte de una verdad determinada. Sus relaciones con otros pintores, sus estudios, sus lecturas, etc, ¿qué le aportan?, ¿qué quiere representar desde ellos? y sobre todo ¿qué busca aportar y si quiere alcanzar la belleza? La fotógrafo recientemente premiada con en Premio Nacional de Fotografía, Isabel Muñoz, me comentó que la belleza de una obra está en aquello que haces con amor. Ahí se puede encontrar una belleza, en la capacidad de transmitir al otro y sobre todo que le haga sentir.

Hubo un pintor catalán que a comienzos del siglo XX llegó a ser una figura excéntrica y enigmática de lo que habría podido ser uno de los grandes genios del siglo XX, Carles Casagemas (1880-1901). Se le conoce principalmente por su relación de amistad con el pintor malagueño Pablo Picasso. Una relación que comenzó a una edad temprana en la que eran dos jóvenes con ganas de comerse el mundo y una obsesión, ir a París. A principios del siglo XX, la ciudad se estaba convirtiendo en la cuna del modernismo y empezaba a hacer mella en los artistas catalanes que fueron emigrando poco a poco para nutrirse del nuevo arte y de la Belle époque, el vibrante período durante el cual el mundo experimentó un progreso técnico sin precedentes. El concepto “tiempo libre” surge en ese momento, por lo que París se fue convirtiendo en un polo de referencia de gran atractivo y alegría para, entre otros, el grupo de Els Quatre Gats. Un grupo que se reunía en este local barcelonés, impulsado entre otros por los pintores Santiago Rusiñol y Ramón Casas, en el que el círculo compuesto por Picasso, Casagemas y Pallarés, se solían juntar para debatir, crear o intercambiar ideas.

Casagemas, a pesar de su naturaleza compleja y atormentada, era para Pablo un amable compañero de los placeres barceloneses y sobre todo se convirtió sin saberlo en una influencia clave en el trayectoria artística del pintor malagueño; juntos frecuentaban los cafés y burdeles del Barrio Chino y del puerto de la ciudad condal. Pero lo que realmente cambió sus vidas fue ese esperado viaje a París. Picasso con tan solo 19 años, junto con sus dos amigos más íntimos (Pallarés iría algo más tarde), se dejarán llevar por el placer y el alcohol, dejando la tarea de pintar para otros momentos. Como solía hacer Picasso, invitó al taller a dos jóvenes modelos, las hermanas Antoinette y Germaine, algo que aunque pueda parecer irrelevante cambió la vida de todos.

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La relación y la obsesión de Casagemas por Germaine, que tan de cerca vivió Picasso, fue un hecho que le marcó muchísimo al malagueño. No entendía cómo los sentimientos podían marcar tanto a una persona y sobre todo cómo su amigo Casagemas estaba dispuesto a acabar con su vida por una mujer. Esta etapa está muy marcada por la historia del suicidio que finalmente llevó a cabo su amigo. Un absurdo según Picasso, pues este fue víctima del amor. Sumergido en una terrible melancolía y un fuerte dolor, Picasso empezó a utilizar en sus lienzos una gama cromática fría y melancólica, en su mayoría de tonos azules, y a representar temas de personas desnutridas y famélicas. Generando de este modo su famosa etapa azul que transcurre entre 1901 y 1904.

Picasso no solo dedicó varios cuadros específicamente a la muerte de su amigo, lo tenía presente constantemente, como podemos observar en su famoso cuadro La Vie en el que al cuerpo de la figura masculina le pone el rostro de su amigo, un cuadro por otra parte lleno de un gran significado y cargado de simbología. La vida, enigmática obra cumbre de esa época azul de Picasso que el artista pintó en 1903 con tan solo 21 años, muestra una pareja abrazada y desnuda en la que la cara de la mujer es la de Germaine, que había rechazado a un enamorado Casagemas y que acabó, tras su muerte, siendo amante de Picasso.

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La vida, es un viaje que no sabemos realmente dónde termina, ni cuándo va a terminar. La vida, toma el nombre del último cómic de Tyto Alba (Badalona, 1975) en Astiberri. En ella narra esa historia entre Casagemas y Picasso. Una gran historia trágica, en la que a través de los dibujos de Alba se ve claramente cómo un pintor como él, nos da a conocer esa gran relación de amistad, arte, amor, fiesta, convivencia y muerte. A través del cómic que hace de soporte de una forma muy acertada, en cada una de sus páginas podemos deleitarnos y sentir cada una de la ilustraciones de un gran trabajo de Alba, que elevan el cómic a obra mayor. Cada una de sus páginas son pequeños y magníficos lienzos. En ellos cada trazo fino de sus figuras hace el deleite del lector y sobre todo, encuentran y transmiten una belleza vestida mediante los tonos melancólicos y bucólicos de sus acuarelas, que se mezclan con unos rostros caricaturescos de los personajes, que además son perfectamente reconocibles y representan una gran expresividad y emotividad.

La vida, es una gran sinfonía gráfica como si el mismísimo Mendelssohn la hubiera compuesto, en la que las teclas del piano son sustituidas por los pinceles de Alba con una gran delicadeza y fuerza en su dramatismo, buscando una verdad que no podía ser deducida a partir de axiomas, y que en el mundo había realidades inevitables que sólo se podían captar mediante la emoción, el sentimiento y la intuición. Una historia interesantísima que expresa esas emociones románticas, cargada de un fuerte sentimiento dramático y pictórico que nos acerca a la figura prácticamente desconocida de Casagemas, por su celeridad en la vida y para el público en general, pero tan importante para la Historia del arte, no solo por su influencia en el gran maestro Pablo Picasso sino también por ser un artista que pudo ser y no fue. Un cómic que no hay que dejar pasar y que debe estar en la biblioteca de todo amante del arte.

“La vida”. Una historia de Carles Casagemas y Pablo Picasso” // Tyto Alba // Astiberri // 2016 // 15 euros

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