La revista Matador se viste de olimpismo

La revista Matador se viste de olimpismo

Publicado por el Jul 18, 2016

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El verano suele ir asociado a evento deportivo de gran magnitud y repercusión mundial. Este período estival correspondiente al año 2016 que estamos viviendo, disfrutando o sufriendo, hemos tenido dos eventos futbolísticos como son la Copa América y la Eurocopa de fútbol, sin olvidar la cita anual con el Tour de Francia, torneos de tenis, etc… Dichos eventos anteceden al que es el acontecimiento deportivo multidisciplinario por antonomasia -junto a un Mundial de Fútbol- que hace que un país o una ciudad estén en el ojo del huracán mediático mundial, que son los Juegos Olímpicos.

Su XXXI edición de la era moderna se celebrará en Brasil en la ciudad de Río de Janeiro, a partir del 5 de agosto hasta el 21 de agosto. Para la ocasión la revista Matador (La Fábrica) presenta un número excepcional y de gran magnitud histórica y periodística, en donde artistas, escritores, diseñadores y fotógrafos emprenden una aventura creativa especialmente concebida para la revista: explorar las dimensiones de un tema, que siempre va más allá, que trata a menudo de una sensación, una idea, una obsesión. En este número extraordinario aborda el olimpismo y los valores humanos que entraña, a través de una veintena de grandes autores y creadores que dedican sus palabras acompañadas una la magnífica edición gráfica sobre unos Juegos Olímpicos que van asomando poco a poco en el calendario.

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Matador Olímpico habla de las Olimpiadas desde una perspectiva global, más allá del fenómeno deportivo, a la vez que rinde homenaje al olimpismo como el fenómeno social y humanista en el que se ha convertido en la época moderna. Nos sitúa en unos antecedentes olímpicos con escritos referentes a Pierre de Coubertin, denominado padre de los Juegos modernos. Pierre soñaba con unir en una extraordinaria competición a los deportistas de todo el mundo, bajo el signo de la unión y la hermandad, sin ánimo de lucro y solo por el deseo de conseguir la gloria y de competir por competir. Contado por el periodista Santiago Segurola, nos abre las puertas sobre una historia, la del olimpismo, que suele ir asociada a otros acontecimientos que no son solo deportivos -sociales y políticos-. Toda una declaración de intenciones y de visión de cómo eran antes los juegos destinados a deportistas amateurs y de cómo pasan después de las Olimpiadas celebradas en 1980 en la ciudad de Moscú, a convertirse en profesionales de la mano de Juan Antonio Samaranch. Un paso del amateurismo a la profesionalización del olimpismo que a partir de los ochenta y “a pesar de aforismos como los de Homero ‘no existe mayor gloria para un hombre que mostrar la ligereza de sus pies y la fuerza de sus brazos…'” llevó a los atletas a conseguir contraprestaciones por su participación.

Las razones que “profesionalizaron” los antiguos juegos y sus consecuencias (trampas, sobornos, dopaje,…) nos permiten comprender también lo que sucedió en estos últimos 120 años. Pierre de Coubertin conocía en detalle la dinámica vivida en la vieja Olimpia y trató de evitar que se repitiera idéntica espiral, ya que en la antigüedad se llegó a “profesionalizar” a los depostistas, no estrictamente como en la actualidad, sino por ejemplo, por la utilización de esclavos por parte de sus señores en carreras como aurigas ya que estas eran peligrosas, tanto que podían llegar a morir, pero a cambio se les ofrecia una contraprestación, naciendo así en la antigua Grecia el término conocido como escudería.

Editado por Segurola, este gran número se articula en torno a diversos momentos históricos del olimpismo –Berlín 1936, Tokio 1964, México 1968, Múnich 1972 y Barcelona 1992– y analiza, de la mano de una veintena de grandes creadores –escritores, fotógrafos, arquitectos, artistas, cineastas, médicos, economistas, deportistas…-, el fenómeno global de unas olimpiadas modernas y el contexto en el que se celebraron, tanto deportivo como histórico y político.

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Este recorrido histórico y muy enriquecedor, comienza con los textos de figuras de la talla de Carlos Gabrich, Diego Torres y Orfeo Suárez que firman las palabras sobre cuatro grandes mitos del olimpismo: Sebastián Coe y Steve Ovett, Michael Phelps y Usain Bolt. Para después realizar un viaje al pasado histórico de la imagen cinematográfica y fotográfica, de la mano del comisario y experto en fotografía Hans-Michael Koetzle, que contextualiza la galería de imágenes del número de la revista en torno al olimpismo, con las imágenes más impactantes del documental calificado como “el mejor documento deportivo de todos los tiempos”, Olympia (1938) dirigido por Leni Riefenstahl, que cuenta los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936 desarrollados en el Estadio Olímpico, durante la Alemania nazi y que gracias a la era de internet podemos ver a través de youtubeLeni Riefenstahl, “un genio al servicio de la causa equivocada. Consideraba su obra apolítica; eran ante todo obras de arte. ¿Ingenuidad o justificación habilidosa”.

Las Olimpiadas de México 68 se celebraron coincidiendo con uno de los periodos más convulsos de la historia moderna. La Primavera de Praga, la Guerra de Vietnam o los asesinatos de Robert Kennedy y Martin Luther King confluyen con unos juegos olímpicos en los que el fotógrafo Raymond Depardon fue testigo de hitos deportivos como “el salto de Fosbury” –que revolucionó la técnica del salto de altura- o el record de Beamon –con una espectacular marca de 8,90 metros- y socio –políticos, como las manos alzadas de los atletas negros que reivindicaban el “black power”- y el triunfo deportivo, transformado en revancha política anti comunista de la gimnasta checa Vera Caslavska.

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También disfrutaremos de el objetivo de Osamu Murai, que fue clave para dar a conocer el nuevo Japón, una nación condenada al ostracismo tras la Segunda Guerra Mundial y que experimentó una profunda regeneración urbanística de la mano de genios de la arquitectura como Tange Kenzo y sus fastuosos gimnasios olímpicos de Yoyogui, realizados para las olimpiadas de Tokio 64.

Múnich 72 fue la gran Olimpiada del diseño. El estudio alemán de Otl Aicher desarrolló, por primera vez, una imagen completa del acontecimiento, llevando un programa gráfico hasta sus últimas consecuencias. La revista recoge este momento, en el que comenzó la era moderna de la comunicación visual, reproduciendo multitud de diseños de la época. A través del texto del diseñador César Ávila conocemos el ideario gráfico de este pragmático del diseño. Un ideario consistente en combinar un grupo limitado de elementos plásticos básicos dentro de un espacio reticulado. Aicher era conocido por su idealismo y compromiso social. La noción de que se podía mejorar la sociedad a través del diseño estaba implícita en toda su práctica profesional. Trabajó con un número limitado de elementos universales y básicos que se convertirían en las piezas de conservación de su identidad visual: el símbolo, el color, la tipografía, el formato y la retícula. El objetivo era poder diseñar cualquier elemento y dentro de un programa flexible, desarrollar un juego sometido a unas reglas, buscar la unidad dentro de la diversidad. Precursor de los pictogramas característicos de las olimpiadas inspirados en los anterios de México, Aicher consiguió una solución duradera por su simplicidad semántica y su gran representación. Además fue pionero en crear otro símbolo característico del espirtú olímpico actual, su mascota. Creó a Waldi un perro salchicha característico de Baviera. Tuvo tal acogida y se reprodujo en numerosos objetos que provocó que desde entonces cada olimpiada haya contado con su mascota.

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Desde Waldi a Cobi, embajador de Barcelona 92, con textos e ilustraciones de su creador, Javier Mariscal, podemos ver cómo se desarrolló la idea de Cobi, y ver desde su nacimiento abocetado hasta el día que fue a la peluquería, todo ello contado por el propio Mariscal. Cobi se convirtió en otro símbolo o elemento gráfico que creó un antes y un después en la imagen gráfica de los juegos olímpicos modernos.

La revista aborda también el olimpismo desde la literatura, con textos de autores clásicos como Píndaro (traducido por Fray Luis de León)Henry de Montherlant, y contemporáneos como Juan Antonio González Iglesias, Marti Peraranau, Pedro Brieger, Xavier Aguado Jódar, y Diego S. Garrocho.

Cierra este número de Matador un epílogo con una reproducción de una obra de Eduardo Arroyo, acompañada de un texto en el que el escritor habla de la influencia del deporte en el arte a partir de su pasión por el boxeo y la participación de Cassius Clay en las olimpiadas de Roma en 1960. Una declaración de intenciones hacía el boxeo denro del olimpismo.

No sabemos que nos depararán estos nuevos Juegos que vienen, en un contexto mundial en el que reina el miedo por un terrorismo despiadado, en una España que a día de hoy sigue con un gobierno en funciones después de más de seis meses, si se lograrán nuevos récords mundiales u olímpicos, o apareceran nuevos casos de dopaje en deportisatas. Lo que sí es seguro es que este número de Matador es algo excepcional, con una apuesta gráfica contundente y sobre todo muy cuidada. Con una portada diseñada por Erretres e impresa en once tintas más un barniz, transmite ese espíritu de superación y competición sana, marca del Olimpismo. Reflejado en este extraordinario número -no solo por su gran formato de 30×40 cm- para coleccionistas del buen diseño y del periodismo, quedará para la historia del mundo editorial, del periodismo y del ensayo deportivo, por los grandes textos reproducidos, además de la selección de sus fotografías y  grandes gráficos de récords olímpicos desde Atenas 1896 a Sydney 2000.

Matador Extra Olímpico //  144 páginas // 30x40cm // 70 euros

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