Las palabras son nuestras esclavas

Las palabras son nuestras esclavas

Publicado por el jul 1, 2016

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El Arte de la expresión verbal conocido como literatura siempre está envuelto en un aura de inteligencia, pensamiento, reflexión, debate y sobre todo, palabrería, mucha palabrería y si además le incluimos los premios que se otorgan a algunos escritores por sus obras, desemboca todo ello en un torrente festivo de ventas de ejemplares, promoción comercial y literaría, pero y ¿de literatura?

“¿Qué es la literatura? ¿Qué es este privilegio que otorgamos a ciertas combinaciones verbales, pese a que emplean las mismas palabras que utilizamos para comprar el pan o contar el dinero? Las palabras son nuestras esclavas: pueden utilizarse para pedir unas zapatillas o para construir la gran pirámide de Gizeh, dependen de la sintaxis para que el orden del mundo se manifieste, para levantar piedras que formen arcos y arcos que formen acueductos.”

Estas son palabras extraídas del último libro escrito por Edward St. Aubyn (1960) “Sin palabras” (Literatura Random House). Autor de siete novelas, de las cuales la primera, “Da igual” (1992), ganó el premio Betty Trask, novela que junto con “Malas noticias” (1992) y “Alguna esperanza” (1994), se convirtieron en la trilogía publicada bajo el título “El padre” (Literatura Random House, 2013). Su novela “Leche materna” (2005) fue finalista del premio Man Booker 2006 y ganó el Femina Etranger 2007, así como el South Bank Show de literatura también en 2007. Esta novela, junto con “Por fin” (2012), se publicó bajo el título “La madre” (Literatura Random House, 2014), cerrando la célebre serie de Patrick Melrose.

“Sin palabras” es una obra en la que la sátira juega el papel protagonista sobre los premios otorgados a las obras literarias. Es el hilo argumental en donde se cruzan personajes relacionados con el mundo del libro. Cuando el parlamentario Malcolm Craig accede a presidir el comité del premio literario Elysian lo hace motivado por intereses que nada tienen que ver con la literatura. Junto a otros cuatro jueces deberá elegir el libro del año, además cada uno de esos jueces utilizará cualquier artimaña para lograr imponer su criterio sobre el de los demás. Los miembros del jurado discutirán, regatearán y se engatusarán unos a otros con el único objetivo de que su favorito obtenga el galardón obviando en casi todos la calidad de las palabras que componen cada obra ya que entre los escritores finalistas solo se encuentra un autor con talento. Y mientras los jueces discuten, negocian y regatean, un grupo de escritores desesperados espera impaciente el veredicto. Entre ellos, desde un novelista indio; un transgresor novelista escocés; una novelista rompecorazones que no hace más que jugar al amor y volver locos a todos aquellos hombres que están a su alrededor, hasta el momento de que uno de ellos, su editor, con el que se acostaba y convivía antes del fallo del premio, éste presentó una obra que no era la de su autora, llevando al pobre editor al ostracismo amoroso y casi a la perdición personal y profesional. El libro causante del “desastre amoroso-literario” y prácticamente de la sátira, fue uno de recetas de cocina que entró en la selección por dicho error, pero lo mejor de todo y una de las grandes críticas de St. Aubyn al entorno de los premios, es que será entendido como «una obra maestra lúdica, posmoderna y multimedia».

St. Aubyn se ocupa de diseccionar el desarrollo de la concesión del Elysian -patrocinado además por unos chinos, creando dudad sobre el verdadero intrés sobre la literatura- el antes, desde la selección de ese jurado que actúa de forma parcial e interesada, y el momento de la noche consagradora para un autor y su editorial que es la entrega del premio. Con una clara alusión al Booker Prize de Londres. Un galardón que también es patrocinado en su caso por una cadena de supermercados, y una cena, al igual que la del Elysian, transmitida en directo por televisión llegando así a cambiar la percepción que se puede tener de un escritor, e incluso de un político como Craig que lo único que quiere es su minuto de gloria del discurso ante miles de telespectadores.

Después de escribir este libro y como ya aseguró Rodrigo Fresán, dudo que le interese recibir el Booker Prize, ya que St. Aubyn está seguro de que jamás ganará el Booker. «Ese premio me preocupa tanto como el título mundial de los pesos pesados de boxeo. Es irrelevante para mí», advirtió cuando fue considerado una apuesta segura para la edición de 2011.

St. Aubyn -definido por «The Guardian» como «el más puro de nuestros estilistas» logra un texto cautivador, dinámico y con una apasionante narrativa que combina a la perfección esa sátira ya mencionada con los tiempos y los saltos de unos personajes a otros, así como la combinación de realidades ficcionales, incluyendo textos de los autores que van escribiendo a lo largo del desarrollo de la novela. Un desarrollo en donde los acontecimientos que envuelven a cada uno de los personajes hacen que predomine la comparación, la competición, la envidia y la ansiedad de unos personajes por conseguir sus objetivos personales.

“Sin palabras” // Edward St. Aubyn // Literatura Random House // 2016 // 18,90 euros

ERH31504

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