Periodismo muckraker

Periodismo muckraker

Publicado por el Jun 20, 2016

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Hubo en Estados Unidos, durante unas décadas un grupo de periodistas que trastocó las reglas del juego establecido y que pretendió no solo informar sino también denunciar y desenmascarar las lacras sociales que estaban ocurriendo a lo largo de los años y que estaban llevando desgracia a parte de la población, llegando al fin del siglo XIX y a la apertura de un nuevo siglo, el XX. Estados Unidos era un país en ebullición en plena revolución tecnológica que cambiaría un país, incapaz de contener los excesos de un capitalismo industrial desbocado cubierto por toneladas y toneladas de petróleo, desbordado por oleadas de inmigrantes en busca de una vida mejor y próspera, ideal todo ello para producirse las desigualdades, y la corrupción política y económica que no solo afectaba a inmigrantes sino también a la propia población estadounidense. Propició un periodismo que buscaba causas y a sus beneficiarios, un periodismo que tendió algunos de los raíles por los que todavía circula la prensa contemporánea sentando las bases de lo que conocemos hoy como periodismo de investigación, el conocido periodismo muckraker.

«Hay porquería por el suelo (muck) y tiene que ser arrancada con el rastrillo (rake). Quienes lo utilizan son indispensables para el bienestar de la sociedad, pero sólo si saben cuándo parar…». Theodore Roosevelt.

A un “muckraker” se le solia definir como aquel que busca, investiga y denuncia públicamente la corrupción, el escándalo o similar, especialmente en política. Popularizado el término por el presidente Theodore Roosevelt, se apropió de la figura “muckraker” en 1906 en un discurso que aludía al “hombre del rastrillo de estiércol” de “El progreso del peregrino” de Bunyan, para aludir a las acusaciones de corrupción que, en su parecer, hacían ciertos periódicos con demasiada ligereza.

Los muckrakers eran un grupo diverso y pusieron al decubierto la cara oculta del país hasta ahora desconocida para el gran público, porque los medios de información, que salian como hongos después de una semana de lluvia, disponian en su mayoría de información interesada y dirigida. Además de sacar a la luz a un “gobierno invisible” que dejaba hacer a senadores y congresistas a su antojo, en favor de los nuevos negocios que se estaban produciendo y que cambiarían para siempre la vida de los estadounidenses.

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Pero si detrás de un muckraker no había un editor arriesgado, poco habría que hacer. Había editores como fue el caso de Joseph Pulitzer, ambiciosos que querían llegar como fuese a ese gran público que empezaba a masificarse ávido de noticias frescas. Pero ¿a qué se debió este nuevo comportamiento? Empieza a surgir un nuevo auge por las revistas a finales de la última década del siglo XIX, los costes del papel se abaratan por lo que publicar puede ser más asequible, pero sobre todo el hito más importante fue el de la alfabetización de la sociedad, que empezó a demandar noticias críticas de información “candente” que desvelara los tejemanejes de los políticos, los nuevos ricos, los trusts empresariales y de farsantes espiritistas con grandes remedios para cualquier tipo de mal, físico o psíquico.

Se puede decir que el movimiento muckraker comienza en la revista mensual McClure’s, publicada entre 1893 y 1929, fundada por el irlandés Samuel Sidney McClure alcanzó su cenit hacia 1906. Con una tirada en torno a los 120.000-240.000 ejemplares en 1895, cifra que alcanzaría casi los 500.000 en 1907. El editorial que salió publicado en enero de 1903 es señalado como punto de partida del movimiento, adquiriendo así el periodismo de denuncia conciencia de sí.

Vicente Campos González (licenciado en filosofía, ha desarrollado su carrera editando y traduciendo a autores como John Updike, Thomas Pynchon, Saúl Bellow o Ambroise Bierce, entre otros) edita una selección brillante de varios escritos de una gran calidad periodística e histórica por lo que repesentaron en su momento y que han podido influr en la actualidad, con “¡Extra, extra! Muckrakers, orígenes del periodismo de denuncia (Ariel)”. En esta antología podemos encontrar artículos de los periodistas muckrakers como David Graham Phillips en Cosmopolitan en marzo de 1906. En su artículo que se publicó un mes antes del discurso de Roosevelt, repasa los pocos edificantes manejos del senador republicano Nelson W. Aldrich de Rhode Island con la compra-venta de votos a favor de los grandes “intereses” del momento.

También se encuentran figuras como Lincoln Steffens, Tarbell, Baker, que con la publicación azarosa de sus artículos en McClure’s se toma como punto de partida real y como hito inaugural del movimiento muckraker. Upton Sinclair surgió a la fama con “La Jungla” (1906) sobre las malas prácticas de la industria alimentaria en la ciudad de Chicago, la más poderosa de todas las novelas de los muckrakers. Desde la publicación de la novela,  Sinclair fue “un veneno para la complacencia norteamericana”.

William Randolph Hearst, fue un editor y contricante de Pulitzer, temerario e innovador en cuyos medios se rediseñó el fondo y la forma del periodismo hasta hoy. Uno de los grandes magnates de la prensa que sin ser un muckraker, fue quién más hizo para abrir el campo de fuego de lo que se escribía en los periódicos. Llevó a su madurez el periodismo como espectáculo; a él, aunque no solamente a él, puede atribuirsele la partenidad de un tipo de prensa que interpreta la información como inmoral y escabrosa ejercicio que explota las más bajas pasiones, con el único fin de aumentar las tiradas a toda costa. Sin él no habrían llegado a ser quienes fueron los muckrakers.

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Dentro de los muckrakers también había espacio para las mujeres como Ida Tarbell que la situaban en la historia del periodismo en un lugar de honor por su serie sobre la Standard Oil; Nellie Bly y su periodismo de inmersión (el stunt journalism) sobre las viviendas ruinosas de La Trinity Church situada en la intersección de Wall Street con Broadway al sur de Manhattan, en la ciudad de Nueva York.

La antología resume todo un totem periodístico en el que el lector se sumerjerá en un fiel reflejo de una época dura y difícil para las clases más desprotejidas y abusos de los más ricos, pero que a través de aquellos periodistas comprometidos por sacar la verdad a la luz -como los antes mencionados- e intentar buscar una prensa independiente de la garra fianciera de las clases altas. Surgen más figuras como Thomas W. Lawson y sus escritos sobre las terribles pérdidas, desfalcos y suicidios causados por Amalgamated Copper y un sistema financiero que permitió el saqueo a la gente; el fraude de los medicamentos de patente que denunció Samuel Hopkins Adams aportando pruebas fehacientes de los turbios manejos de la industria; los escritos de Jacob A. Riis sobre la vivienda y las gentes que habitaban en ellas, aportando además fotografías, todo un hito en la época convirtiéndose en uno de los primeros fotoperiodistas de la historia; Charles Edward Russel, considerado el más completo de todos y Edwin Makham, y su trabajo desolador que pone los pelos de punta sobre el trabajo infantil; y sobre los newsies, aquellos niños que vendían los periódicos a voz en grito por las calles de las ciudades.

Campos nos hace reflexionar sobre estos escritos realizados hace más de cien años, sobre los privilegios que gozamos parte de la sociedad occidental actual. Que seguimos sufriendo abusos por parte de las clases más pudientes, eso no hay duda, pero lo que no tenemos que olvidar es de aportar nuestro granito de arena para buscar y poder encontrar una sociedad mucho más justa.

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En definitiva, “¡Extra, extra! Muckrakers, orígenes del periodismo de denuncia”, es toda una biblia del periodismo histórico de denuncia que en sus casi 600 páginas encontramos grandes artículos acompañados por las imágenes de los articulos originales aportando un valor histórico que en pocos libros publicados en español existe. Aspirando a captar como dice Campos en su introducción, “parte de la diversidad y a divulgar una docena y media de nombres (algunos caídos en el olvido) situándolos en un mínimo contexto histórico y biográfico”. La selección, cuenta Campos, “esta realizada sobre la plantilla de la antología que recopliaron Arthur y Lila Weinberg en 1961”. En todos los capítulos se incluye una introducción general sobre el contexto histórico del tema, desde la ya mencionada corrupción política, el sangrante caso de los trusts sobre los negocios y la población, el también sangrante sistema financiero, la vivienda, el trabajo, los medicamentos, son temas que aportan un gran valor sociológico y periodístico que si no son porque los articulos van fechasdos más de uno podría pasar por actual. Muy recomendable leerlo para todo aquel que quiera aprender sonbre el periodismo adentrándose en parte de la historia de este y de los Estados Unidos de América.

¡Extra, extra! Muckrakers, orígenes del periodismo de denuncia // Ariel // Edición y traducción: Vicente Campos González //  22,90 euros // 2015

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