Silencios que hablan con Chabouté

Silencios que hablan con Chabouté

Publicado por el Jun 16, 2016

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Qué decir de Christophe Chabouté (Francia, 1967). Uno de los autores de cómic francobelga más prestigiosos en la actualidad y uno de los máximos representantes de la Bande dessinée. A mi particularmente me tiene cuativado, por la potencia y expresividad de su narrativa que se caracteriza por ser muy visual. Lo veo como un maestro del guión de cómic, así como, de los pinceles. Llega a transmitir todo simplemente como un manantial de blanco y negro que fluye a lo largo y ancho de las páginas, y en la mayoría de sus viñetas expresa, con la ausencia de las palabras -que no son para nada un obstáculo- la emotividad de cada uno de los cuadros que componen la obra. Son una fuente visual brutal que hace estremecer al lector, por extraer los sentimientos que pueden llegar a aflorar a través de las historias llenas de humanismo, ternura y también dureza, de una realidad difícil, y a veces, cruel con el más débil. Con la grandiosa expresividad en su trazo que caracteriza a Chabouté, hace que sus personajes transmitan, mediante sus rostros, esas sensaciones internas de soledad, angustia o tristeza.

En el último volumen que ha publicado Planeta Cómics,Algunos días de verano y Una isla de la felicidadhay dos historias diferentes pero muy iguales. En elllas el niño es el principal protagonista. Son dos historias llenas de dramatismo y algo de optimismo con los problemas actuales de carácter social y emocional muy actuales, de una vida cotidiana cargada de sentimientos y emociones a flor de piel. Con un gran auge en el costumbrismo, que está marcando a una generación por palabras como soledad, divorcio, padres enfrentados provocando la ruptura familiar; el niño en definitiva termina siendo la principal víctima emocional.

En “Algunos días de verano” un niño de ciudad es llevado por su madre a una casa en donde viven dos ancianos para que pase parte del verano. Un viejo taciturno cuya cáscara gruesa que se ha formado ante los demás se rompe gracias a la delicadeza y simpatía del pequeño bonachón. Una historia sencilla e íntima que a través de la confianza, que juega un papel importantísimo, lleva consigo la alegría transmitida por un pequeño cuando está feliz a la monotonia de una casa en el pueblo. Chabouté en esa grandeza narrativa con la que maneja de forma maestra la elipsis -que caracteriza la mayoría de sus obras-, con la supresión de algún acontecimiento dentro de la linealidad temporal del relato o la historia, te hace meterte en la trama desde la primera viñeta, de una forma sútil y sencilla empleando los silencios abiertos, que realmente no lo son, ya que con su gran expresividad puedes llegar a oir hasta el susurro de un rio.

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La historia siguiente es “Una isla de la felicidad”. El encuentro entre un niño y un indigente en un banco de un parque, otra maestria de la sencillez narrativa cargada de costumbrismo emocional. Un niño a las puertas de la adolescencia que sufre al ver cómo sus padres están discutiendo continuamente, un hombre que arrastra recuerdos y que no se atreve a enfrentarse a ellos, se convierte en una amistad furtiva, en la que necesitarán a diario encontrarse y poder hablar. Dos personajes heridos por la vida que buscan una vía de escape por la que vivir y luchar y encontrar una de esas islas de felicidad a la que pocos logran llegar.

En definitiva Chabouté en estas dos historias ,con el contraste de su dibujo, en el que las grandes manchas negras suelen prevalecer ante la luz del blanco, permite decir todo. Si no se puede expresar con palabras ahí estará Chabouté para dibujarlo. El cómic suele guardar la premisa esencial de un equilibrio entre imagen y palabra, pero en la obra de Chabouté, la palabra suele estar casi ausente, pero eso no significa que no haya un gran equilibrio y una muy buena esctructura narrativa, dejando la peculiaridad de finales abriertos para así implicar al lector en realizar su propia interpretación de la historia contada. Desde el momento en que la imagen vale más, no merece la pena añadir texto. Es bueno dejar que los silencios hablen. Y es quizá algo muy bueno para el intelecto y la imaginación que el lector haga sus propios diálogos e interpretaciones que Chabouté deja abiertas.

“Algunos días de verano y Una isla de la felicidad” // Chabouté // Planeta Cómics

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