Un cosmos literario absoluto

Un cosmos literario absoluto

Publicado por el may 18, 2016

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Desde que nacemos y vamos creciendo estamos en un continuo proceso de conocimiento del mundo que nos rodea; observamos, aprendemos y ejecutamos comportamientos que nos van moldeando y marcando, llegando así, a crear un cosmos propio e interno. Creamos (ya que el hombre esta en esa continua evolución y aprendizaje) un sistema ordenado o armonioso siendo la antítesis del caos. Aunque en ocasiones el caos puede prevalecer en nuestra mente, y por lo tanto, en nuestras acciones, llegando a desembocar en una destrucción casi segura. Hoy, la palabra cosmos se suele utilizar como sinónimo de universo (considerando el orden que éste posee). Cuando esta palabra se usa como término absoluto, significa todo lo que existe, incluyendo lo que se ha descubierto y lo que no.

Así que, lo sepamos o no, seamos consciente de ello o no, cada ser humano tiene su propio cosmos interno, y ¿cómo puede ser este? Cada individuo tiene o debe tener la libertad de haberlo creado como primera opción para vivir. Ese cosmos interior que la persona ha descubierto puede ser: la música, la filosofía, el arte, la arquitectura, la ciencia, el deporte, la familia, el trabajo y así un sinfín de pequeños cosmos que giran en torno al sujeto. Pero hay uno, que puede desembocar en otros muchos, la literatura. Esta ayuda a crear un cosmos interno rico, reflexivo y compartido a través de las palabras, que cada sujeto lo lleva a hacer suyo mediante esas palabras impresas en un papel que le llegan de otro. La totalidad de ese espacio y tiempo, de todas las formas de la materia, la energía, el impulso, las leyes y constantes físicas que gobiernan y componen dicho universo, estará formado por los libros traídos al cosmos propio, y que se almacenan de forma etérea e incorpórea en la memoria de cada uno, y en las bibliotecas de forma corpórea.

En su última novela (la octava publicada) “El oído absoluto” (Galaxia Gutenberg) el escritor madrileño Manuel Longares (1943) crea un tipo de cosmos intimista alrededor de los libros y la literatura. En este nuevo texto continúa su original y sincero homenaje a la literatura tras la publicación entre 1979 y 1992 de “La novela del corsé”, “Soldaditos de Pavía” y “Operación Primavera”, que agrupó posteriormente bajo el título de “La vida de la letra” (Galaxia Gutenberg). Estas obras de marcado carácter experimental en las que la narración adopta fórmulas ensayísticas o teatrales, constituyen ese particular homenaje a las palabras, y que con su nueva novela alarga con el telón de fondo característico de Longares, el de la ciudad de Madrid. En ella nos habla sobre la literatura y los agentes que la componen como son el libro y aquello y aquellos que lo traen del mundo de las ideas al mundo real y de la forma. Un texto que trata y habla con elegancia sobre el escritor, sobre el editor y el lector, sobre el estudioso y el discípulo, sobre las musas en las que se pueden llegar a inspirar los escritores, y los censores de la época (la Iglesia como principal censor), sobre los mudos y los locuaces, sobre la bohemia y los manuscritos de memorias. Sobre la grandeza y la miseria de un oficio sacrificado cuya recompensa reside en dedicarse por y para las palabras.

El desencadenante de esta explosión literaria es un libro de memorias de un poeta llamado Max Bru. Poeta que no cultiva epopeyas sino atmósferas, y que pertenece a un pueblo con el nombre de Pagán. La historia de Bru es la de un individuo que tuvo que emigrar en varias ocasiones, una de ellas a la capital madrileña buscando un futuro mejor para su obra, en dónde convive con el triunfo, el destierro y la locura, y más tarde tuvo que dejar no solo su país, sino a su familia por los acontecimientos políticos que se estaban produciendo en ese momento. La obra se contextualiza en una época convulsa para el pueblo español, pasando de puntillas por el final de la dictadura del general Primo de Rivera para desembocar principalmente en la época que abarca la parte central del siglo pasado, con la guerra civil española y su posterior posguerra.

Bajo este contexto histórico y político Longares nos descubre toda una vida dedicada a las letras y en concreto a la poesía, con sus anhelos y desilusiones a través de una narración de la peripecia que se apoya en versos y prosas de autores clásicos y contemporáneos y en fragmentos de zarzuela, revista musical y copla.

Las memorias de Max Bru hace que un libro desencadene otro libro de memorias, las de su hijo Máximo, que descubre su prima Palmira en el hogar de éste, que tras caer enfermo, le deja encargado a ella de vender su cosmos que se encuentra de cuerpo presente en forma de libros en una habitación circular, siendo esta la forma de su biblioteca que ha ido reuniendo a lo largo de su vida, no solo para honrar a su padre, sino también, a la materia esencial de ese cosmos interno que a lo largo de la narración se va abriendo y desarrollando para luego volver al mismo sitio y cerrar un círculo grandioso en torno a esos libros y lo que pueden llegar a significar para aquellos que los hacen y para aquellos que los leen. Como bien dice el tío Guillermo a Máximo:

“Esto de los libros es un negocio distinto a la revista. Parecen familia pero no lo son. Los versos, no se venden, toda la edición de un libro de tu padre vale por diez localidades nuestras de butacas (…) Él se dedicó a hacer versos y son otros los que debieran divulgarlos”.

El oído absoluto, término que da nombre a la novela, desde el punto de vista musical se refiere a la habilidad de identificar una nota por su nombre sin la ayuda de una nota referencial, o ser capaz de producir exactamente una nota solicitada sin ninguna referencia, es decir, capaz de distinguir lo auténtico. El oficio, entorno a los libros, por el que profesa el autor un amor particular, difícil y en ocasiones peligroso, es poco agradecido para Max Bru. Longares lo envuelve con una magnífica prosa poética y exquisita, buscando lo auténtico que lo diferencie, no cayendo en el tedio y desdén. Formada por una estructura narrativa coherente, divertida e inteligente con toques dramáticos e incluso en alguna ocasión picarescos, marcan el recorrido de la lectura, sobre si los creadores pueden transmitir, o no, sobre el amor no correspondido, sobre la pasión por los libros y sobre todo por aquello de lo que están hechos, logrando así una autenticidad absoluta literaria con el lenguaje y la imaginación para que todo perdure en la memoria del cosmos.

 “A veces la falta de libros me induce a pensar si no estaría mejor ciego”.
Max Bru.

“El oído absoluto”. Manuel Longares. Galaxia Gutenberg. 2016. 18,90 euros.

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