Entrevista a Jorge Carrión

Entrevista a Jorge Carrión

Publicado por el Nov 17, 2015

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“CADA LIBRO ES UN MUNDO DISTINTO, QUE TE VA DICTANDO SUS PROPIAS REGLAS A MEDIDA QUE LO VAS CONOCIENDO”.

Jorge Carrión es un escritor nacido en Tarragona en 1976 aunque ha pasado la mayor parte de su vida entre Mataró y Barcelona. Ha vivido también en Argentina y en los Estados Unidos. Es Licenciado y doctor en Humanidades por la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, en donde también imparte clases de literatura contemporánea y de escritura creativa. Es autor de numerosos libros, que van desde la novela hasta el ensayo y la literatura de viajes. También colabora en diversos medios de prensa española y ha publicado crítica cultural en los suplementos culturales de los diarios Avui, ABC, Perfil, Clarín y La Vanguardia. Sus artículos y reportajes han aparecido en Letras Libres, Jot Down, National Geographic Viajes, Revista de Occidente, Eñe y Lonely Planet Magazine, entre otros medios hispanoamericanos. Carrión es un devorador de libros a través de sus lecturas, y un escritor de vanguardia que ha creado estilo por el que transporta al lector a futuros no muy lejanos y presentes cargados de un simbolismo muy especial y enriquecedor.

¿Cómo han sido tus orígenes como escritor? ¿Ha sido difícil abrirse paso?
Escribo y leo con cierta constancia desde la adolescencia. Estudié humanidades porque intuí que era la mejor carrera para desarrollar mi vocación. Y creo que acerté. Casi por error, porque yo buscaba un trabajo remunerado y lo que conseguí fue trabajar gratis, un día entré en la redacción de la revista Lateral de Barcelona, con veinte años, y aunque la revista cerrara hace ya tiempo, a veces siento que yo nunca salí de allí. En Lateral nos frecuentamos Mathias Enard, Gabriela Wiener, Juan Gabriel Vásquez, Robert Juan-Cantavella, Juan Trejo y muchos otros, cuando todavía no éramos escritores. O ya lo éramos, pero sin ningún libro en nuestro haber. Supongo que fue difícil  publicar, pero todos fuimos creciendo en paralelo y ahora lo veo todo como si hubiera sido un proceso natural…

¿Qué proceso sigues a la hora de crear un nuevo texto? ¿Qué debe tener ese texto para que lo publiquen? 
Cada libro es un mundo distinto, que te va dictando sus propias reglas a medida que lo vas conociendo. Con mi trilogía y media (“Los muertos”, “Los huérfanos”, “Los turistas” y “Los difuntos”), por ejemplo, en cada uno de los proyectos empecé de cero. Los esquemas, los mapas, la escritura: todo fue diferente en cada casa. Cuando ya has publicado varios libros tienes una certeza: el que estás escribiendo también lo vas a acabar. Pero tal vez sea la única certeza. Yo siento que lo he terminado cuando ya no puedo corregirlo más, cuando es posible que, en el afán de seguir mejorándolo, lo que esté en realidad haciendo sea romper su equilibrio interno. Porque cada libro tiene su propia estructura y su propio equilibrio. Algunos editores extranjeros de “Librerías”, por ejemplo, me han pedido que incorpore establecimientos de sus países, y he tenido que negarme, porque no puedo hacer que el libro se desequilibre, después de tanto esfuerzo por conseguir una cierta armonía entre elementos muy distintos (ensayo y crónica, vuelta al mundo, historia, anécdotas…).

¿Cuáles son tus fuentes de inspiración? ¿Qué lecturas te causan más placer?
Caminar me inyecta mucha energía mental. También salir de mi contexto habitual. Se me han ocurrido algunos argumentos de libros, por ejemplo, en aeropuertos y aviones. Leo de todo: poesía, ensayo, novela, crónica; pero me encanta poder concentrarme en un libro durante horas y eso lo consigo sobre todo en trenes y aviones.

¿Cuando escribes piensas en el lector?
Pienso en mí mismo como lector implacable. Creo que soy mi mejor lector. Posiblemente esté equivocado.

Colaboras en varios medios escritos ¿Qué opinas de la situación actual del periodismo en España?
Mi opinión cambia por momentos. La aparición de nuevos medios (como Ahora o Papel) es motivo de esperanza, sobre todo cuando son impulsados por gente joven que apuesta por la crónica y la entrevista extensas (como ocurre con Negra Tinta). Pero al mismo tiempo ves cómo algunos medios mantienen eternamente a los mismos columnistas, pese a que lleven años diciendo lo mismo y quejándose de lo mismo. O cómo fichan blogueros polémicos sólo por el tráfico y no por la calidad.

La crítica te ha incluido en la corriente literaria denominada Afterpop o Generación Nocilla. ¿Te sientes identificado con ella?
La Generación Nocilla fue una absurda invención de la prensa. Pero sí creo que hay en España y América Latina una red de escritores y escritoras que se pueden leer bajo el foco de lo que analiza Eloy Fernández Porta en su ensayo Afterpop.

 

“LA CULTURA ES COMO LA ENERGÍA: SE TRANSFORMA,
NO DESAPARECE”.

 

¿Es cierto que este grupo abomina la literatura convencional?
No creo que en la literatura pueda haber “grupos”.

Juan Goytisolo en una reseña en EL País comentó hace un tiempo que tu obra de “Los muertos” es una utopía cibernética. Tiene conexiones que se establecen en lo que llama la narrativa del rescate, la de las novelas y películas que resucitan de su muerte ficcional o los exterminados de la ficción universal. Los muertos puede ser vista como un videojuego o leída como un complejo y articulado objeto literario.
En efecto. Demuestra que Juan Goytisolo sigue abierto a la innovación. Al contrario que otros escritores, que para defender sus logros, menosprecian los de los demás, él sí es un lector abierto y generoso.

Con Los turistas concluyes una de las trilogías más ambiciosas de la narrativa reciente, que comenzó con Los muertos y sigue con Los huérfanos ¿De dónde salió la idea? ¿Por qué?
Es una trilogía que se pregunta cuál es el papel de la ficción en nuestras vidas y por qué su tensión con la Historia nos define como seres humanos. En el centro hay una obra, titulada “Los muertos”, que consigue realizar el milagro: es al mismo tiempo extremadamente vanguardista y extremadamente mainstream. Sus autores, Mario Alvares y George Carrington, son los protagonistas secretos de la trilogía (y media). No aparecen demasiado, pero son su hilo conductor. A través de ellos trato de pensar qué ocurre cuando la ficción, al mismo tiempo que nos ayuda a entender mejor la Historia, la suplanta, la falsifica, la pervierte. Es un problema sin solución. Perfecto para plantearlo desde el terreno de la novela.

trilogia carrion

 

Son novelas de carácter fragmentario, frases cortas, más rápidas en la trama, que “enganchan” desde un primer momento ¿Es ya la novela del presente?
El estilo de Los muertos es experimental: a medio camino entre la novela y el guión cinematográfico, en sus partes narrativas, y como falso ensayo y falsa crónica, en sus partes de fingida no ficción. Pero, en cambio, Los huérfanos y Los turistas están escritas en sendos estilos muy distintos: la primera, porque su narrador ha enloquecido, recurre a la subordinación y a la reiteración obsesiva, en un ambiente claustrofóbico; en la otra encontramos un lenguaje que fluye, como sus personajes, que están en constante movimiento.

¿Ha cambiado la forma de leer por la velocidad a la que estamos expuestos por las redes sociales? ¿Este tipo de lectura conduce a que desaparezca la reflexión y la comprensión lectora?
La cultura es como la energía: se transforma, no desaparece. Las formas de leer mutan constantemente, a causa de la tecnología y por otras razones. La imprenta, el tren, el cine, la televisión, la radio, el mando a distancia o internet son algunas de las tecnologías que han provocado cambios en nuestra forma de percibir e interpretar la realidad, de leerla.

Has publicado  junto con el ilustrador Celsius Pictor Los difuntos, una precuela de Los muertos ¿Cómo ha sido este proceso de trabajo con un ilustrador?
Hemos trabajado de forma independiente. Su re-imaginación del relato es brillante. Sólo trabajamos juntos al final, para decidir la portada. Con Sagar, en el cómic periodístico Barcelona. Los vagabundos de la chatarra, en cambio, sí trabajamos codo con codo. Aprendí muchísimo en el proceso. Casualmente 2015 ha sido el año en que empezado a publicar con colaboradores que ilustran mis textos y los enriquecen.

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¿Citas en tu ensayo Librerías, que aquellos que de algún modo hacen pública su opinión sobre lo que leen se convierten en críticos literarios. ¿Qué papel juega la crítica literaria en España?
Es fundamental para la vertebración de los prestigios, pero poco relevante en términos de mercado. Es parte de un ruido de fondo que es el que decide qué leer y qué no leer, como el que producen las redes sociales o las conversaciones informales. Porque en realidad no leemos todas las reseñas ni todas las opiniones: de la suma de miles de lecturas en diagonal, absolutamente parciales, surge una opinión personal que sólo puede ser discutible.

Estableces una distinción entre las grandes librerías del mundo y las librerías de urgencia. Comentas que la librería de grandes dimensiones es una tendencia importante en nuestra época, en interacción con la instalación y otros dispositivos propios del diseño que se hacen visibles en las grandes superficies. Al llegar los libros a las grandes superficies, ¿les ha quitado valor? ¿Es una forma de llegar a más lectores?
Cuanta más visibilidad ostente un libro, mayor es la posibilidad de que sea vendido. Por eso las librerías juegan con sus escaparates, con sus estantes, con sus plataformas de exhibición. Por eso una librería es capaz de mostrar más libros que Amazon. La pantalla está muy limitada, mientras que el espacio físico multiplica la superficie donde mostrar portadas de libros.

¿Cómo definirías el oficio de escritor, el de editor y el de librero?
Son tres fases de un mismo proceso. Un librero deber recordar que el escritor pasó varios años trabajando en ese libro; que la editorial al menos le dedicó seis o siete meses; que no es justo que en algunas semanas ya no sea visible y por tanto pierda su posibilidad de encontrar lectores.

¿Crees que un librero puede tener la llave o una de las llaves del conocimiento?
Como prescriptor, sin duda. Y como traficante de visiblidad, que es un requisito de la posibilidad de influir. La literatura que me importa no desea vender, desea influir.

El año pasado se cerraron 912 librerías en nuestro país. Es una amenaza que ronda a las 3.650 librerías que todavía sobreviven, según indica el informe Observatorio de Librería 2014 (Cegal). ¿Un país que pierde sus librerías está perdiendo su futuro?
¿Cuántas abrieron? ¿Cómo son las que cerraron? ¿Eran importantes o estaban en decadencia? Las estadísticas las carga el diablo.

En una posición contraria, curiosamente está Portugal, país vecino muy afectado por la crisis. Pero en la ciudad de Oporto, la segunda ciudad del país vive una explosión de librerías. ¿A que crees que se debe esto? ¿La crisis genera nuevas oportunidades? ¿La sociedad busca nuevos modelos de inspiración?
Son tendencias. Sevilla ha vivido unos años de gran efervescencia librera, que ahora parece haberse matizado…

Siguiendo en Oporto está la maravillosa Livraria Lello, donde se rodaron varias escenas de las películas de la saga de Harry Potter. En tu ensayo de librerías mencionas a la librería como espacio arquitectónico. ¿Qué opinas que te cobren tres euros por entrar a esta librería?
Me parece perfecto, porque es un monumento, porque se ha convertido en una atracción turística, y porque los turistas que la visitaban no entendían que si no compraban una postal o un libro en algún momento se tendría que cobrar entrada. No creo que los mejores lectores de Oporto compren allí sus libros. Y, si lo hacen, seguro que los libreros no les cobran entrada.

 

“UN LIBRERO DEBER RECORDAR QUE EL ESCRITOR PASÓ
VARIOS AÑOS TRABAJANDO EN ESE LIBRO”.

¿Qué opinas sobre la medida del Gobierno y las Cámaras del Libro para apoyar a las librerías españolas con el Sello de Calidad de Librerías? ¿Crees que mejorará a estos espacios y su oferta y, a la vez, protegerá uno de los sectores más frágiles?
Espero que sí. Llega tarde. Pero dicen que nunca es tarde si la dicha es buena.

El editor André Schiffrin, dice algo así como que “la librería ideal no es la que tiene el libro que andas buscando, sino la que te vende el libro que no sabías que querías.”
Estoy de acuerdo. El librero tiene que descubrirte aquel libro que no sabías que deseabas. Por otro lado, es bueno que, si el libro no está en ese momento, te acostumbres a encargarlo. Es imposible que una librería tenga todos los libros. Y es conveniente que convirtamos en un hábito el ir y volver a nuestras librerías.

En España se editan aproximadamente unos 80.000 títulos al año ¿Crees que hay una sobre oferta para tan poca demanda para un país en dónde solamente reconoce leer con frecuencia no más del 30% de las personas?
Sin duda. Pero la mayoría de esos libros son regionales, técnicos, institucionales, olvidables, prescindibles. Es importante que las ayudas vayan a los libros con valor cultural y a las librerías que son al mismo tiempo centros culturales. En las estadísticas a menudo no podemos diferenciar el grano de la paja.

¿Qué grado de implicación tiene el editor con el autor a la hora de la composición de la obra? ¿Cómo es la relación entre un escritor y su editor?
Cada editor es distinto. Yo tengo la suerte de publicar en Anagrama, con Jorge Herralde, y en Galaxia Gutenberg, con Joan Tarrida. Son dos editores de referencia, que se leen los libros, que los defienden, que te apoyan, gracias a equipos que creen en la calidad y en la importancia de la literatura.

¿Cómo has vivido desde el punto de vista de escritor y docente toda esta crisis que estamos sufriendo España a nivel editorial y periodístico?
Por suerte he podido seguir trabajando, tanto en el Máster en Creación Literaria de la Universidad Pompeu Fabra como en varios medios en los que colaboro, sin verme afectado realmente por la crisis económica. Mis exalumnos no siempre han tenido tanta suerte como yo. He tratado de ayudarlos y lo sigo haciendo.

¿Qué libros te han emocionado a lo largo de tu vida y por lo tanto recomendarías?
Tantos, por suerte, tantísimos: libros de Cortázar, de Sebald, de David Grossman, de Knausgard… Para mí la emoción tiene que ser tanto intelectual como pasional. Por ejemplo, lloré en las páginas finales de Libertad de Franzen, pero no me emocionó realmente esa novela, no dejó poso en mí. En cambio, Los diarios de Emilio Renzi, de Ricardo Piglia, que leí el mes pasado, me emocionaron de verdad, como obra maestra que pone toda la carne en el asador, y todas la neuronas.

¿Tienes un libro de los que hayas publicado del que te sientas más orgulloso?
Intuyo que en Librerías es donde he encontrado finalmente mi tono como ensayista y cronista; pero en términos de “orgullo” sin duda es la tetralogía (o trilogía y media) donde puse más esfuerzo y más ambición: fueron cinco años de trabajo, alrededor de Mario Alvares, George Carrington y su obra maestra, “Los muertos”, acabé creando un mundo.

¿Qué opinas de la revolución digital que está sufriendo el mundo del libro?
Que no creo que la esté “sufriendo”.

¿Qué valor le das al diseño de la cubierta de un libro? Con todo lo que has visto en tus viajes ¿Qué opinión tienes del diseño de los libros? ¿Te fijas en las cubiertas? ¿Tienes alguna colección preferida?
Es fundamental, por lo que comentábamos de la importancia de la visibilidad. En un museo me enamoré de la obra de Xevi Vilaró que se convirtió en la portada de Los huérfanos, y ese enamoramiento fue fundamental para la circulación de toda la trilogía. Me encantan las portadas de muchas editoriales, sobre todo independientes, como las de Alpha Decay, Almadía, Tumbona, Jeckyll and Jill…

¿Desparecerá el libro en papel?
Algún día, sin duda. O, mejor dicho, se transformará.

¿Qué futuro tiene el libro?
Todo. Ten en cuenta que la Biblia y el Corán son libros. Y que los grandes debates intelectuales de nuestra época lo siguen provocando libros: El Capital en el siglo XXI de Piketty sería tal vez el último gran ejemplo.

¿Tienes libro digital? ¿A la hora de leer tienes preferencia: papel o digital?
He leído durante un par de años en el iPad. He dejado de hacerlo porque me di cuenta de que en mis conferencias y en mis clases nunca citaba ejemplos extraídos de esas lecturas. Mi memoria, según parece, necesita del lápiz y el papel. Porque sólo puedo leer si subrayo al mismo tiempo.

¿Cuál es tu siguiente proyecto?
“Barcelona. Libros de los pasajes”, un viaje por la ciudad y un ensayo sobre su historia. Me inspiro en Walter Benjamin y trato de pensar la metrópolis a partir de sus espacios menores, los pasajes. Será un libro de viajes por mi propia ciudad, un novela extensa de no ficción.

Para terminar, ¿Qué libro estás leyendo actualmente? ¿Qué libro de no-ficción recomendarías? ¿Y de ficción?
Estoy leyendo Trieste, de Daša Drndić, una novela documental muy sorprendente sobre los judíos italianos asesinados por los nazis. También me está interesando mucho el mundo de la premio Nobel, Svetlana Alexievich, cuyos libros son una suerte de épica del hombre común, antologías de historia oral. Me fascina esa zona fronteriza entre la ficción y la crónica, ese laboratorio.

Nota: autor de foto principal Lisbeth Salas.

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