El rojo de Caperucita

El rojo de Caperucita

Publicado por el Mar 12, 2015

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Escribió Dickens:

 “Caperucita fue mi primer amor. Tenía la sensación de que, si me hubiera casado con Caperucita Roja, habría conocido la felicidad completa».

Este cuento de hadas de transmisión oral fue difundido por gran parte de Europa, y luego se ha plasmado en diferentes escritos, pero fue el francés Charles Perrault quien, en sus célebres Contes du temps passé (1697), dio su primera forma literaria a la historia de esa niña rubia que llevaba una caperuza roja –el color rojo que simboliza sangre, fuego, calor, revolución, alegría, acción, pasión, fuerza, disputa, desconfianza, destrucción e impulso, crueldad y rabia– que es al fin devorada por un lobo cruel. Pocos relatos han resultado tan atractivos y enigmáticos como el de Caperucita Roja. La cantidad de ediciones y versiones que se han publicado, creo que deben de ser casi incalculables. La historia de esta niña inocente y su final dentro del vientre del lobo no coinciden con otras recopilaciones realizadas durante los siglos XIX y XX. En esas versiones, Caperucita es algo más que una heroína que escapaba del lobo haciéndole creer que debía salir de la cabaña para “aliviar” su vientre. Era una muchacha que se desnudaba despacio mientras arrojaba sus ropas al fuego al son de las palabras de su captor  y que bebía la sangre de su abuela, al creer que se trataba de vino. Pese a las divergencias, el final en el que la protagonista es devorada era el más frecuente en los relatos, y fue ese el que perduró. Hubo que esperar a la versión de los hermanos Grimm para que apareciera el buen cazador. Desde entonces las versiones de este cuento no han parado de crecer y transformarse.

Uno de los artistas que mejor ha entendido la tragedia que vive la Caperucita de Perrault ha sido, Gustave Doré. Una tragedia que se puede ver en unos de sus grabados en dónde reúne a la niña y a su presunta abuela, o sea, al lobo (con gorro de dormir), bajo las sábanas de una misma cama. Una imagen que me atrevería a calificar de impactante, no solo por lo dramático del contexto, sino también por la fuerza del blanco y negro del grabado con un lobo monumental ante una niña vulnerable e indefensa.

caperucita de Gustave Doré

El Museo ABC reúne en la exposición (hasta el 31 de mayo) Caperucitas al rojo con la intención de rendir homenaje a uno de los personajes más fascinantes y controvertidos de la historia de la literatura. La muestra se ha dividido en cuatro secciones diferenciadas que permiten viajar del presente al pasado a través de la ilustración y recorrer, al mismo tiempo, una gran variedad de significados propios del relato y de su protagonista.

En la primera parte, ¡Qué lecturas tan grandes tienes!, ilustradores de alto reconocimiento nacional e internacional se dejan seducir por la niña de rojo y le rinden su particular homenaje a través de diferentes técnicas. Aquí encontraremos originales de Ana Juan, Emilio Urberuaga, Patricia Metola, Iban Barrenetxea, Claudia Ranucci, Rafa Vivas, Jesús Gabán, Tesa González, Xan López Domínguez, Adolfo Serra, Liesbet Slegers, Agustín Comotto, Annalaura Cantone y Javier Zabala.

La segunda sección, Para imaginarte mejor, representa las posibilidades narrativas que aún tiene el cuento a partir de tres versiones muy distintas entre sí. Las ilustraciones originales aquí expuestas han sido realizadas por Mar Ferrero, Julio A. Blasco y Miguel Tanco y pertenecen a los libros Lo que no vio Caperucita Roja, La ladrona de sellos y Caperucita Roja, respectivamente (publicados por Edelvives).

La tercera parte, la visión más clásica, Para recordarte mejor, enseña una cuidada y representativa selección de reproducciones de gran calidad. Conforman esta selección las muestras de Gustave Doré, Fortuné Méaulle, Arthur Rackham, Tom Browne, Harry Clarke, August Macke y Walter Crane.

Por último, … Y este cuento no se ha acabado, ofrece visiones muy singulares sobre la protagonista y su historia llevadas a cabo por diversos e interesantes creadores. Estas obras están fechadas entre 1903 y 1959 y pertenecen a importantes artistas de la colección tales como el modernista Eulogio Varela, el colorista Máximo Ramos o los reconocidos: Joaquín Valverde, Narciso Méndez Bringa, Fernando Fresno y Ana María García Badell.

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